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El Orden del Discurso por Michel Foucault

“En el discurso siempre habrá una controversia sobre lo que dice y pronuncia quien emite el discurso y lo que los otros piensan, antes y después de escuchar.

Foucault
Foucault

El presente escrito trata sobre la obra El Orden del Discurso1 de Michel Foucault, el cuál, es una lección inaugural pronunciada en el Collège de France el 2 de diciembre de 1970. Además, es un inicio de lo que irá planteando es las demás obras posteriores.

Al abordar la investigación sobre la utilización de la palabra, Foucault plantea una investigación a partir del análisis del discurso. Con ello, trata de desglosar cuál ha sido el origen de este método y, y los elementos que preceden y modifican la construcción del discurso. Surgen interrogantes como: ¿De dónde proviene? ¿Sólo los sofistas hacían uso de ello? ¿Un discurso sólo es realizado por un filósofo? Estas y muchas cuestiones aparecen al pensar sobre esta herramienta o dispositivo llamado “Discurso”. Una respuesta aproximada surge a partir de la disciplina, tomada no sólo como un hábito o repetición, sino también relativa a las singularidades de quién emite el discurso.

Si bien, la forma de comenzar un discurso es preguntándose: ¿Qué sucedería si la palabra lo abordara y le llevara hacia una realización propia de su discurso? Por ello, deduce que una de las características del discurso es “el deseo de no tener que esperar, un deseo semejante de encontrarse, ya desde el comienzo del juego, al otro lado del discurso sin haber tenido que considerar del exterior”2. Con esto, Foucault trata de plasmar que en el discurso siempre habrá una controversia sobre lo que dice y pronuncia quien emite el discurso y lo que los otros piensan, antes y después de escuchar.

Por ello, en relación con lo que llegue a pensarse, el autor busca identificar que en la sociedad existen factores que propician la exclusión: el primero es la prohibición que llega a causar ciertas barreras, e impide que, al momento de transmitir un discurso o al utilizar simplemente el habla, existan hiper-limitaciones de carácter moral o político . El autor, en este caso, se da cuenta de que no se trata de una barrera, sino que, quien haga utilización del habla deber darse cuenta del lugar en el que se encuentra, para, de esta manera, dirigir el hablar de forma correcta. Sin embargo, hay quienes hacen mal uso de la prohibición del discurso, con el cual quieren incrementar la búsqueda de otros bienes: “las prohibiciones que recaen sobre él revelan muy pronto su vinculación con el deseo y con el poder”3, ya que la utilización del discurso llega a tener una apariencia positiva.

El Discurso Académico

Otro aspecto dentro de los procedimientos de la exclusión que se señala, es la separación de la locura. En ella, se habla de una investigación a fondo de la validez que podía expresar un loco con la palabra. La historia nos dice que el loco era puesto al margen por su deficiencia; no obstante, se buscó evaluar la probabilidad de certeza en su palabra. El resultado fue que se llegó a considerarle como una persona con palabra verdadera. Aunque la razón era quien ponía en duda dicha investigación, al final de cuentas, “basta que el silencio esté alerta para que la separación persista”4. Dicha separación ofrece una mejor escucha e interés de quien quiere demostrar la verdad a partir de la palabra, no importando algún obstáculo.

El último de los procedimientos de la exclusión, es la voluntad de verdad. Muchos factores actúan en busca de una mejor valoración, es decir, la utilización de la verdad en un discurso que se convierte en un fuerte peso para quienes descubren que es verdad y pensaban lo contrario. La misma historia nos muestra con ejemplos, cuando alguna persona se equivocaba en la defensa de su palabra. En el caso de la justicia, vemos que llegó a infundir terror por el poder y los castigos que imponía defendiendo intereses. Incluso, la justicia “no deja de reforzarse y de hacerse más profunda y más soslayable”5 para desembocar en una verdad auténtica.

En resúmen, puede sospecharse que hay regularmente en las sociedades una especie de nivelación entre discursos: los discursos que se dicen en el curso de los días y de las conversaciones y que desaparecen con el acto mismo que los ha pronunciado; y los discursos que más allá de las fórmulas, son dichos, permanecen dichos y están todavía por decir, y otros, que sostienen la simbolización de los sujetos. Entre lo que llega a mencionarse y permite la elaboración de los discursos es la disciplina, considerada como un hábito y estilo en el autor, y que “es un principio de control de la producción del discurso. Ella le fija sus límites por el juego de la identidad que tiene la forma de una reactualización permanente de las reglas”6.

El Discurso Político

Bibliografía:

Michel, Foucault, El orden del discurso, Fábula Tusquets, Barcelona, 2008. 76 pp.

1Foucault, Michel, El orden del discurso, Fábula Tusquets, Barcelona, 2008. 76 pp.

2Íbidem. p.13

3Íbidem. p.15

4Íbidem. p.15

5Íbidem. p.24

6Íbidem. p.38

Walter Benjamín y el Lenguaje

La lengua de un ser es el medio por el cual se comunica su ser espiritual, a pesar de lo imperfecto que pueda resultar”

Walter Benjamin
Walter Benjamin

En este primer ensayo llamado “Sobre el Lenguaje”, sobre la capacidad espiritual en lo humano, Walter Benjamín dice: “toda comunicación de contenidos espirituales es lenguaje”[1]. De este modo, las palabras, sólo constituyen un caso particular del lenguaje humano. En realidad, este se articula a partir de la variedad de elementos. Entonces ¿Quién comunica la lengua? Pues nadie, cada lengua se comunica a sí misma, no necesita intermediarios: “porque el ser lingüístico de las cosas es su lengua”[2].

Cuando se dice: “la esencia lingüística de las cosas es su lengua”, y ésta se aplica lo humano, significa que su lengua son las palabras. Con esto, el hombre nombra a todas las cosas y, entra en comunicación con ellas; no al revés. Pero ¿Cómo comunican las personas su ser espiritual? Tal vez, al nombrar las cosas, pero, lo único que comunica es la imagen del objeto a otra persona, a través de las palabras.

De aquí surgen dos teorías: la primera dice que el medio de comunicación es la palabra, su objeto es la cosa y su destinatario la persona; la segunda no distingue ningún medio, ni objeto, ni destinatario de la comunicación y dice: “en el Nombre, el ser espiritual del humano, se comunica con Dios”[3].

En el Nombre ya no se comunica nada, y la Lengua se comunica por sí misma. Por lo tanto, “la lengua es la esencia espiritual de lo humano”[4], porque, es el único ser que se puede comunicar, porque, él es quien nombra las cosas, y por ello, “es el señor de la naturaleza”[5]. Un ejemplo claro lo tenemos en la Biblia, porque él es quien da nombre a todos los seres vivientes. Por lo tanto, la lengua sólo se expresa en el nombre, es decir, es reflejo del Creador.

La esencia espiritual tanto del humano, como de las cosas, se define desde el punto de vista de la teoría del lenguaje como Lingüística. Si esta esencia es idéntica a la lingüística, la lengua es el centro de comunicación de la cosa. Así que “la lengua es la esencia espiritual de las cosas”[6], pero no las agota, porque tiene imperfecciones y son mudas, es decir, les está negado el sonido.

“Las cosas en sí no tienen palabras, porque éstas son creadas por Dios y conocidas en su nombre según la palabra humana”[7], es decir, que el humano las nombra y las distingue, de acuerdo a su relación con ellas. Por lo tanto, hay que hacer una traducción de la lengua de las cosas a la lengua humana, “de aquello que no tiene nombre al nombre”[8], y esto sólo se puede alcanzar en Dios, porque Él es quien creó las cosas y el hombre sólo les coloca un nombre.

“Todo lo que el hombre originariamente ha oído, todo lo que ha visto con sus ojos y todo lo que sus manos han tocado, eran palabras vivientes, puesto que Dios era la palabra”[9], con todo esto se origina el lenguaje, tan necesario para que el humano se pueda relacionar con las cosas. Y de este modo termina diciendo: “la lengua de un ser es el medio por el cual se comunica su ser espiritual, a pesar de lo imperfecto que pueda resultar”[10].

Lenguaje

Bibliografía.

· Benjamín, Walter, “Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres” en Sobre el programa de la filosofía futura y otros ensayos, Ed. Artemisa, México, 1986, p. 139-153.

[1] Walter Benjamín, Sobre el programa de la filosofía futura y otros ensayos, Ed. Artemisa, México, 1986, p. 139.

[2] Ibidem, p.141.

[3] Ibidem, p.142.

[4] Idem.

[5] Ibidem, p.143.

[6] Idem.

[7] Ibidem, p. 147.

[8] Ibidem, p.148.

[9] Ibidem, p.149.

[10] Ibidem, p.153.

Umberto Eco: La búsqueda de la Lengua Perfecta [I]

Para buscar una lengua perfecta, hace falta pensar que la propia no lo es.

Eco
MILAN, ITALY – NOVEMBER 24: Author Umberto Eco attends ‘Liberta e Giustizia’ Meeting on November 24, 2012 in Milan, Italy.

En el presente escrito que aborda al autor Umberto Eco, se hará una presentación de su obra titulada “La búsqueda de la lengua perfecta”[1], cuyo contenido es conocer, un poco, el contexto en el que emerge el lenguaje, y, algunas características que se han convertido en una lengua a partir de diversos hechos históricos.

En los primeros intentos que el autor va exponiendo, encontramos en ellos la parte histórica y de tradición oral como lo es el libro de Génesis en la Biblia católica. Más allá de argumentar con algunos episodios, quiere manifestar que hay una cierta relación, cuando cita “la creación se produce por un acto de habla y sólo al nombrar las cosas a medida que las va creando les confiere Dios un estatuto ontológico: Y Dios llamó a la luz día y a las tinieblas noche… (y) llamó al firmamento cielo”[2]. De ahí que, los primeros capítulos sean de un contenido histórico.

El autor incluye dentro de su vocabulario la palabra Nomoteta cuya traducción se refiere a “el primer creador del lenguaje”[3]. Con ello, busca identificar quienes fueron dando los primeros nombres a los animales, a las cosas de la naturaleza, ya que, considera a Adán como un Nomoteta. Se pregunta por el origen divino de la inspiración de las asignaciones, tal como nos lo presenta el libro del Génesis (2, 19 y ss.)[4].

Para buscar una lengua perfecta, hace falta pensar que la propia no lo es. Es decir, una cosa es saber que existen muchas lenguas, y otra considerar que, esta herida o ruptura por la que no hay cierta lengua perfecta, deba curarse hallando una lengua perfecta.

Por ello, dentro de la historia encontramos que la cultura griega fue pionera para la identificación de una lengua propia. Es decir, con la expansión de la civilización griega; el griego se asume además como un estatus distinto e importante, lo que lleva a convertirse en la lengua oficial de toda el área mediterránea y oriental conquistada por Alejandro Magno.

Sin embargo, el declive llegó al implantarse el Imperio Romano. A pesar del dominio territorial y cultural, el griego permanece, aunque el latín pasó a ser la lengua oficial, hablándose por toda la Europa conquistada por los romanos, incluso se convertía en la lengua de la cultura cristiana en el imperio de Occidente.

Con esto, se ha dado un paso a lo que ha sido la confusio linguarum. Una etapa en donde no se sabía cuál era la lengua principal, y, dónde se originó su uso, ya que, hubo también, una atmósfera cultural donde “han existido, sin embargo, magos entre los persas, los caldeos, los babilonios y los asirios, gimnosofistas en la India, druidas entre los celtas y los gálatas”[5]. Incluso, la lengua dentro del aspectos religiosos al utilizar el latín en Occidente y se pensaba que era la lengua originaria de lo divino y de la humanidad.

La Torre de Babel

Muy a pesar de las controversias que, se encuentran a lo largo de la historia, por establecer una lengua universal; respaldada, incluso, por su propia historia y la divinidad, Guillaume Postel[2] propone una utopía al querer establecer la lengua francesa como la única por excelencia, aunado a una postura religiosa.

En un principio, Postel pensaba que el griego era la lengua universal, ya que tenía mucha antigüedad. Sin embargo, pronto cambiaría de opinión, al trabajar para el rey de Francia, quien de fondo tenía la intención de proclamarse rey del mundo, generalizando, como consecuencia, el idioma francés para todos.

Sin embargo, dicho estudio y expansión de la lengua, se vio limitado, cuando Postel cae enamorado de una joven de nombre Johanna. Él cree que ella es una “encarnación” de la Inmaculada, ya que leyó El Zohar, y, de forma cabalística, busca cortejarla para él mismo sentirse como profeta. Lamentablemente, los hechos no llegan a darse debido a la muerte de la joven. Él, tristemente, se retira y regresa a los estudios, dedicando su vida a las lenguas más antiguas, y sobre todo: al hebreo. Siguió sintiendo la presencia de Johanna, y llegó a relacionarla con la Metempsicosis[3]. Por último, en este personaje, sobresale un llamamiento firme y ejemplar a la restitución del hebreo como lengua única.

En otro apartado, en la misma línea de la utopía, destaca la figura de Conrad Gessner, quien traza un paralelo de unas 55 lenguas. Entre sus estudios, el más llamativo, se refiere a la comparación y separación del lenguaje humano y el lenguaje de los pájaros. Sin duda, se da un colapso llamado “furor etimológico” donde, sólo desde el hebreo, cuya lengua es original, se van desprendiendo varias lenguas. Algunas existen actualmente, varios ejemplos son definidos como: “mimologismos de origen cratileo, que son recuperado lentamente por los defensores del hebreo”[4].

En relación a otro autor que también formuló varias utopías, y de las cuales especulaba las cábalas cristianas es Claude Duret.

Él abría un panorama que se extendió desde el origen de las lenguas conocidas, incluidas las del nuevo mundo, y lentamente, recuperaba el hebreo, incluso, “considera que la lengua hebrea ha sido la lengua universal del género humano”[5], ya que, contiene toda su historia natural. Además, estaba de fondo, que en esta lengua se es capaz de encontrar significados místicos en las letras de su alfabeto.

Ahora bien, el hebreo, era la lengua en la que las palabras correspondían a la naturaleza misma de las cosas. Según Locke: “las palabras son utilizadas por los hombres como signos de sus ideas”[6]. Hobbes manifiesta lo anterior en el Leviatán, al afirmar que el autor del lenguaje es Dios mismo, pero también recuerda que Adán pudo continuar añadiendo libremente nuevos nombres a las creaturas, por tanto, Hobbes señala que Dios “deja a Adán solo frente a su propia experiencia y frente a sus necesidades y hace nacer de la necesidad las distintas lenguas que se originan después de la confusión babélica”[7].

BIBLIOGRAFÍA

[1]    Eco, Umberto, La búsqueda de la lengua perfecta, Grijalbo, Barcelona, 1994. 318 pp.

[2]    Eco, Umberto, Op. Cit. p. 20

[3]    Ibidem.

[4]    Ibidem.

[5]    Ibid. p. 24

[6]    (1819.1841) Consejero del rey de Francia, excelente conocedor de la filosofía griega. Eco, Umberto, Op. Cit. p. 73

[7]    Doctrina religiosa y filosófica de varias escuelas orientales, y renovada por otras de Occidente, según la cual las almas transmigran después de la muerte a otros cuerpos más o menos perfectos, conforme a los merecimientos alcanzados en la existencia anterior. En: http://www.rae.es/rae.html

[8]    Eco, Umberto, Op. Cit. p. 77

[9]    Ibidem.

[10]    Eco, Umberto, Op. Cit. p. 82

[11]    Ibidem.