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El Dispositivo Social por Giorgio Agamben.

“El dispositivo siempre tiene una función estratégica concreta y siempre se inscribe en una relación de poder. ”

Agamben
Agamben

Este documento presenta lo que es para Giorgio Agamben el dispositivo. Agamben menciona que las cuestiones terminológicas son importantes en la filosofía; sin embargo, esto no significa que los filósofos, necesariamente, tengan que definir siempre sus términos. Según algunos autores, tenemos por ejemplo a “Platón [que] nunca definió el más importante de sus términos: “Idea”. Otros, en cambio, como Spinoza y Leibniz, prefieren definir de forma geométrica sus términos técnicos”1. A su vez, para algunos les son importantes los signos gramaticales: en el caso de Heidegger, en sus expresiones con los guiones, por ejemplo: el in-der-Welt-sein el cual tiene un carácter evidentemente terminológico, o como lo expresa Gilles Deleuze en su obra “La Inmanencia”: una vida…, estos elementos son términos técnicos, esenciales para la comprensión del texto, y con estos ejemplos, Agamben quiere dar inicio al tema de su conferencia titulada “Dispositivo”.

El dispositivo es “un término técnico decisivo en la estrategia del pensamiento de Foucault. Lo usa a menudo, sobre todo a partir de la mitad de los años setenta, cuando empieza a ocuparse de lo que llamó la gubernamentalidad o el gobierno de los hombres”2. Con este término, indica un conjunto heterogéneo de elementos que incluyen a los discursos, instituciones, decisiones reglamentarias, leyes, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales y filantrópicas, y todos estos elementos son del dispositivo. Por tanto, un dispositivo es mucho más que la episteme; a la vez Agamben lo llama una red que establece los elementos antes mencionados3, aunque el dispositivo puede ser discursivo como no discursivo.

El Dispositivo

Agamben resume este término en tres puntos:

“1) Es un conjunto heterogéneo, que incluye virtualmente cualquier cosa, lo linguístico, al mismo título: discursos, instituciones, edificios, leyes, medidas de policía, proposiciones filosóficas, etc. El dispositivo en sí mismo es la red que se establece entre estos elementos.

2) El dispositivo siempre tiene una función estratégica concreta y siempre se inscribe en una relación de poder.

3) Es algo general, una red, porque incluye en sí la episteme, que es, para Foucault, aquello que en determinada sociedad permite distinguir lo que es aceptado como un enunciado científico de lo que no es científico”4.

Sin embargo, cuando Agamben hace un análisis histórico de este término, el cual tiene su origen en Hegel, y después lo retoma Foucault, afirma que, en los diccionarios franceses, el dispositivo se distinguen en tres sentidos: sentido jurídico, tecnológico y militar. En el primero, se define como la parte de un juicio que contiene la decisión por oposición a los motivos, esto es, de la sentencia que decide y dispone; en el segundo, es la manera que se disponen las piezas de las máquinas; y por último, el conjunto de medios dispuestos de acuerdo a un plan5.

Pero, antes de seguir esta idea, Agamben aclara que este término surge a partir de la idea de los griegos, de oikonomía, que significa la administración del oikós, de la casa, posteriormente se usa en la teología cristiana por Tertuliano, Hipólito e Irineo, en el sentido de la economía de la salvación. A su vez los mismos teólogos fueron distinguiendo entre un “discurso o logos de la teología y un logos de la economía, y la oikonomía se convirtió en el dispositivo mediante el cual fue introducido el dogma trinitario en la fe cristiana”6. Después el término oikonomía es traducido por los padres latinos al término “dispositio” del cual se deriva el “dispositivo”.

Teniendo esta idea general del término, Agamben afirma que, llamará literalmente dispositivo “a cualquier cosa que tenga algún modo la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y discursos de los seres vivientes”7. Remitiéndose más en la situación actual de la sociedad, dice Agamben que, se vive en el desarrollo capitalista una gigantesca acumulación y proliferación de “dispositivos”. Es decir, en sentido que estos dispositivos controlan, modelan y contaminan la vida de los individuos.

Agamben

Bibliografía:

Reberendo, Fernando, “Giorgio Agamben ¿Qué es un dispositivo?”, en la web: http://deleuzefilosofia.blogspot.com/2008/11/qu-es-un-dispositivo-giorgio-agamben.html accesado el día 22 de febrero de 2011.

1Reberendo, Fernando, “Giorgio Agamben ¿Qué es un dispositivo?”, en la web: http://deleuzefilosofia.blogspot.com/2008/11/qu-es-un-dispositivo-giorgio-agamben.html accesado el día 22 de febrero de 2011.

2Ibidem.

3Cfr. Ibidem.

4Ibidem.

5Cfr. Ibidem.

6Ibidem.

7Ibidem.

Una teoría de la Globalización por Peter Sloterdijk

La globalización se inicia con la cosmología griega de las esferas y su geometrización del universo.

Sloterdijk
Peter Sloterdijk

Peter Sloterdijk, filósofo alemán nacido en el año de 1947 fue formado bajo las directrices de la Escuela de Frankfurt. Sin embargo, pronto viró su enfoque hacia una perspectiva post-humanista, con una importante crítica a su primera influencia, a la que denominó posteriormente como una ciencia melancólica. Se hace conocido este filósofo por su obra “La Crítica de la Razón Cínica”, publicada en 1983, la cual está inmersa en el mismo estilo que la de sus maestros, esta obra se llegará a convertir en Alemania como una de las más leídas y más polémicas.

Dentro del libro En el Mundo Interior del Capital el filósofo Peter Sloterdijk intenta, por un lado, recapitular lo que es la globalización terrestre, y por otro lado, se propone suministrar varios esbozos que sirvan para la formulación de una teoría del presente, lo cual, parece para el autor una empresa un tanto intempestiva e imposible.

Sin embargo, para realizar esta labor es importante e imprescindible hacer uso de la historia, la cual refleja el pensamiento filosófico antiguo, que nos muestra como el hombre desde sus inicios, siempre ha pretendido dar respuesta a preguntas fundantes: ¿Quiénes somos? Y ¿Qué hemos de hacer? La filosofía de la Historia, la cual estudia el desarrollo y creación de los acontecimientos, ha creado siempre sistemas ilusorios de precipitación. Estos sistemas, condujeron perennemente a montajes apresurados, que no dieron respuesta a los dilemas del mundo. Los grandes relatos conocidos hasta ahora, como el cristiano, el hegeliano, el fascista, se han revelado claramente como intentos inadecuados por hacerse cargo de la complejidad del mundo: “La miseria de los grandes relatos no reside, en absoluto, en el hecho de que fueran demasiado grandes, sino que no lo fueron lo suficiente”[1], es decir, suficientemente grande, significaría, más cerca del polo de la no moderación.

La Globalización

Para Sloterdijk, el tema de la globalización es de interés filosófico, porque los procesos que han configurado nuestra actual globalización, responden a una poderosa concepción del mundo que ha actuado siempre como un arte, puesto que, quien filosofa sin consideración de la naturaleza, ejerce siempre, en definitiva, el negocio de un mito, oculta o mantiene en inquietud, y, no pocas veces, con peligrosas consecuencias.

El concepto globalización, surge primeramente de la palabra globo, y, ésta indica  “un sustantivo que representa una idea simple, la tesis del cosmos, y un doble objeto cartográfico, el cielo de los antiguos y la tierra de los modernos; de este nombre se siguen las derivaciones adjetivas al uso sobre estados de cosas globales, que sólo últimamente, han sido elevadas a rango nominal a través del verbo anglosajón to globalize”. [2] De ahí procede la palabra globalización, la cuál manifiesta el acontecer actual del mundo.

Para Sloterdijk, la globalización se inicia con la cosmología griega de las esferas y su geometrización del universo. Tal cosmología antigua, sobre todo la platónica, ha intentado representar la totalidad de lo real, mediante la imagen puntual de la esfera omnicomprensiva. Reconstruyeron la totalidad de lo existente, en figura esférica y ofrecieron, a la consideración del intelecto, esa edificante circunspección del orden. “La ontología clásica fue una esferología”.[3]

Esta ontología bajo el nombre de globalización (el encuentro de ser y forma en un cuerpo soberano), debe ser acompañada con el adjetivo terrestre, lo cual, con la finalidad, de que tal globalización, propone una discusión más trascendental, cuyas dimensiones, intelectualmente estimulantes, no se pueden llegar a percibir con claridad.

La Globalización Terrestre se constituye gracias a un proceso en tres fases: La primera, la fase metafísico-cosmológica (va desde Aristóteles hasta Copérnico), la segunda marítimo-terrestre (desde el inicio de la expansión colonial europea hasta el final del proyecto modernizador soviético) y la tercera fase la globalización electrónica.

Globalización Electrónica

La globalización electrónica, es en la que nos encontramos actualmente: “donde los seres humanos rinden homenaje a los demonios de Occidente: al poder del dinero, al movimiento puro y a los placeres narco-estimulantes. Las características del culto a Baal, para el que los ecónomos de hoy ofrecen la palabra sociedad de consumo”.[4]

Los tres grandes estadios de la globalización, se distinguen en primer término, por sus medios simbólicos y técnicos: constituyen una diferencia generacional, que se mide con líneas y cortes   esféricos idealizados. La navegación de barcos sobre una esfera real o, que se hagan circular aviones y señales de radio en torno a la envoltura atmosférica del planeta: constituyen una diferencia ontológica que se piensan en un cosmos; que alberga en sí, el mundo de esencias en su totalidad, o en una Tierra que sirve como soporte de las diversas configuraciones en el mundo.

La globalización terrestre y  sus fases, no pueden limitarse a representar una historia única,  es decir, “el único espacio de tiempo en la vida de los pueblos, que mutuamente se descubren, alias «humanidad», que merece llamarse en un sentido, filosóficamente relevante «historia» o «historia universal»”.[5]

Hace dos milenios y medio; geómetras y filósofos griegos llegaron a la conclusión de que en último término todas las cosas se mueven en círculos. Su interés por el todo del mundo se despertó por la fácil construcción y la perfección simétrica de la figura de la esfera. Para ellos, la forma más simple era, a la vez, la más íntegra, completa y bella. Ningún otro objeto logró satisfacer tanto y humillar tanto a sus contempladores como la esfera-todo.

La Esfera

Así, se impregnaron progresivamente, de una imagen dualista de todo. Lo que sucede bajo la luna, siempre permanecerá señalado por el fracaso y la descomposición. Aquí dominan, efectivamente, los movimientos lineales, finitos, en los que la Antigüedad no consigue percibir corrección alguna. Las formas indestructibles, y las rotaciones del éter eterno, por el contrario, moran en los espacios sobre la luna. La Tierra, tendría que haber sido una esfera perfecta para ser la más bella masa, pero simplemente no lo es, es imperfecta, no es una esfera ideal.

La globalización terrestre, conlleva necesariamente, a la victoria de lo interesante sobre lo ideal: “La Tierra es la esfera que decepciona como forma pero atrae la atención como cuerpo interesante”.[6]

En conclusión, Sloterdijk argumenta que la era de la globalización, indudablemente lleva a la exterioridad a todas partes, desgarra las ciudades abiertas al comercio, incluso las aldeas introvertidas, introduciéndolas en el espacio de tráfico, que reduce todo a los comunes denominadores: dinero y geometría. Aquí “la fortuna aparece por todos lados como la diosa suprema de la globalización por excelencia, enseña a ver la vida simplemente como un juego de azar, en el que los vencedores no tienen por qué enorgullecerse, ni los perdedores por qué quejarse”. [7] La globalización: es la sumisión del globo a la forma de utilidad que representa un capital. Globalización, el proceso de la conquista del mundo.

La Escuela de Atenas

Bibliografía.

Sloterdijk, Peter, En el mundo interior del capital, España, Ediciones Siruela, 2010, pp. 15 – 80.


[1] Sloterdijk, Peter, En el mundo interior del capital, España, Ediciones Siruela, 2010, p. 21.

[2] Ibídem, p. 24.

[3] Ibídem, p. 25.

[4] Ibídem, p. 30.

[5] Ibídem, p. 31.

[6] Ibídem, p. 38.

[7] Ibídem, p. 68.