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El Capital: Crítica de la Economía Política

La riqueza en que se basa el régimen del capitalismo está en la producción, que consiste de forma concreta en la mercancía, por tal razón, es el punto de partida para su análisis.

Marx
El Capital. Obra de Karl Marx

El Capital es la obra las más importante de Marx y está divida en tres tomos. El primero corresponde a lo que Marx llamó Crítica de la Economía Política y fue publicado en alemán en 1867. Los tomos II y III fueron publicados después de la muerte de Marx (acaecida en marzo de 1883) por su amigo Federico Engels. El presente artículo hará referencia al tomo primero.

En el primer tomo, Marx aclara que El Capital es la continuación de los puntos desarrollados en la Contribución a la crítica de la Economía Política publicado en 1859. Así mismo, explica la estructura del primer volumen que consiste en análisis sobre la mercancía, la magnitud del valor, las formas del valor. De igual forma, el origen y las causas de su análisis en la sociedad económica, esto es, a partir del análisis del ámbito histórico-cultural, en el caso actual de muchos países: un régimen capitalista.

En el postfacio a la segunda edición, Marx da cuenta de ciertas modificaciones, con carácter de forma. Por otra parte, en el mismo postfacio hace un breve esbozo de la economía política de Alemania así como de Inglaterra; las causas que originaron diversas crisis económicas en dichos países. Además, expone ciertas características que han impedido un estudio más objetivo y claro de la realidad económica, ya que, según Marx, han intervenido otros intereses como los de la burguesía, es decir la acumulación; por tanto, no se han logrado resultados precisos.

En el primer tomo de El capital aparecen tres prólogos escritos por Federico Engels. En ellos, hace mención de las correcciones que ha hecho a las siguientes ediciones de El capital, las ediciones que se han elaborado en otros idiomas y los colaboradores que han participado y algunos inconvenientes o problemas que tuvo que padecer Marx por la publicación de El capital (tomo I).

Adentrándonos al primer libro titulado El proceso de Producción del Capital podemos identificar que se desarrollan los puntos de base de la obra. En la sección primera Mercancía y Dinero, capítulo I La Mercancía explica los conceptos de mercancía, valor de uso, magnitud del valor y la capacidad productiva del trabajo.

El proceso de producción

Comienza diciendo que la riqueza en que se basa el régimen del capitalismo está en la producción, que consiste de forma concreta en la mercancía, por tal razón, es el punto de partida para su análisis. La mercancía consiste, según Marx, en un objeto externo que es apto para satisfacer las necesidades humanas de cualquier clase. Por tanto, todo objeto útil para el hombre es visto por su calidad y cantidad y por ende, como mercancía. A este hecho de encontrarle utilidad a las cosas lo denomina “hecho histórico”.

Esta utilidad que el humano encuentra en los objetos es lo que convierte en un valor de uso. Aquello que constituye un valor de uso es dado por las cualidades que posee el objeto materialmente y por lo tanto, será más codiciado en la medida en que sirva mejor al humano.

En cuanto al valor de cambio, éste es considerado en forma abstracta, es decir, no toma en cuenta la materialidad sino el valor medido por la cantidad de trabajo utilizado y el uso que genera, estos se presentan correspondientes en objetos objetos distintos, es lo que hoy podemos observar como el intercambio entre un producto o servicio por una cierta cantidad de dinero, ambos son distintos pero poseen un valor igualitario. Esto trae como consecuencia la pérdida del trabajo específico, ya que sólo tendrá valor el producto, el objeto o servicio y no el trabajo en sí mismo, se generalizará por el nombre de trabajo humano que realiza tal o cual producto.

En lo que respecta a la magnitud del valor, éste se dará por el tiempo que se ocupe para producir un objeto útil, entre más tiempo se tarde en producirlo más costo tendrás, por tanto, la magnitud del valor se dará cuantitativamente, es decir, en la cantidad que se genere un producto y el tiempo invertido.

Con respecto a la capacidad productiva del trabajo, ésta consiste en el grado de desarrollo de las habilidades del obrero para producir, el desarrollo de la ciencia (y hoy la tecnología), el volumen de la eficacia de producción y la organización social de producción. Esta capacidad productiva es muy importante para determinar la magnitud del valor, ya que, pueden existir las condiciones anteriores pero si la materialidad de la que se elabora es escasa el producto obtendrá un valor elevado, igual sería si se tendría la materia prima pero una capacidad productiva deficiente.

Otro aspecto importante que surge de considerar a la mercancía como valor de uso es el doble carácter de trabajo que presenta. Este doble carácter que presenta la mercancía consiste en que, como bien mencioné líneas arribas, el producto es valioso por el tiempo que se ejerce para producirlo pero también, es valioso por su utilidad que representa para satisfacer tal o cual necesidad humana. Sin embargo, dice Marx, nadie había considerado esto y mucho menos que la mercancía como valor,considerada éste por su utilidad o por su tiempo de producción es un gasto de fuerza humana de trabajo, ya que se diluye el esfuerzo en la mercancía misma.

Como se puede observar, en las primeras páginas del libro primero de El Capital, Marx define estos conceptos claves para desarrollar su análisis y crítica de la economía política de su tiempo, sobre todo de Inglaterra y Alemania.

La Mercancía

BIBLIOGRAFÍA

MARX, Karl, El capital: Crítica de la economía política, t. I, 2a ed., FCE, México, 1959, pp. 3-12

Hacia un Marx desconocido por Enrique Dussel

El dinero se devela como un objeto o instrumento, que permite dicha relación entre sujetos sociales, generando así la circulación.”

Enrique Dussel
Dussel

El presente texto abordará una interpretación por Enrique Dussel a los manuscritos de 1861 a 1863 de Karl Marx. Es en este periodo histórico, en el que Marx fue fijando la estructura de El Capital y, en donde pasó miserables crisis económicas exiliado en Londres. Sin embargo, los manuscritos que retoma Dussel, corresponden a este lapso de tiempo; son los que termina introduciendo en el “Capítulo III, de El Capital. Éstos, originalmente, se encuentran divididos en veintitrés cuadernos, los cuales fueron consultados por “Engels y Kautsky para poder publicar los tomos II, III y IV de El Capital”[1].

Hay que especificar que, los manuscritos están divididos en tres etapas: la primera, comprende de agosto de 1861 a marzo de 1862, en donde Marx escribe los cuadernos del I al IV con la temática del plusvalor relativo; la segunda etapa va de marzo de 1862 a noviembre de este mismo año, que comprende los cuadernos del VI al XV, profundizando las “Teorías sobre el plusvalor”; y por último, la tercera etapa comprende desde noviembre de 1862 a julio de 1863, estos cuadernos van del XV al XXIII, que corresponderían a los tomos II y III de El Capital.[2]

Así pues, la crítica que Dussel que va desarrollando en su obra, pretende ser un análisis que revisa sección por sección estos escritos, especifica algunas confusiones y malas interpretaciones acerca de la propuesta económica política de Marx, desde una perspectiva ontológica y metafísica.

De igual forma, Dussel en los comentarios preliminares, especifica que, para abordar su obra hay que comprender que al hablar de una categoría de plusvalor – que se presenta como término complejo y parte fundamental del discurso dialéctico en la obra de Marx – es necesario indicar que ésta categoría necesariamente va acompañada de “plustiempo” o “plustrabajo”, es decir, de una categoría de tiempo necesario que exige una “capacidad de trabajo”, y a la vez, se especifica una de “trabajo vivo como fuente creadora de valor sin valor alguno; y ésta, por contradicción, la de trabajo objetivado o pasado, como capital variable, dinero que se expresa en el salario y que paga el valor de la capacidad de trabajo”.[3] También el trabajo se muestra de dos formas, primero como el trabajo que pone el valor de cambio, considerado trabajo abstracto y después el trabajo que pone valor de uso, el cual es el trabajo concreto y particular. [4]

En efecto, en la primera parte de la ya citada obra de Dussel que se aborda, comienza hablando de la “Entrada del discurso dialéctico de la mercancía al dinero”, en donde por un lado, se dice que hay que hablar de la mercancía, explicando que ésta, dentro de la burguesía se presenta como riqueza, y ya capital, en su esencia. A la vez, la mercancía en Marx es considerada como el ser ahí, que es abstraído de la realidad concreta del capital, y, aunque ésta, es un ente del capital, tiene que apartarse, hablando así, de una mercancía singular. En otras palabras el “camino metódico dialéctico es el ente (mercancía) hacia la totalidad (capital) a través del ser (valor)”[5]. Luego, se expresa que el valor es la esencia y la existencia del capital.

La Mercancía

Además, se enuncia que la mercancía, en esta realidad capitalista, puede tener ciertas determinaciones; por ejemplo: primero, es un objeto que de cierta forma el humano requiere para su vida, en cuanto cosa u objeto de alguna necesidad o satisfacción; ésta a su vez, se coloca en el ámbito del círculo de necesidad-consumo. En un segundo nivel, la mercancía es vista como un acto productor; ya que ésta es producida y es la cosa que posee un valor de uso. En cambio en un tercer nivel, el acto productivo se va determinando a través de un trabajo concreto. El cuarto nivel presenta a la mercancía en general como valor de cambio y como trabajo abstracto general. Ya en el quinto nivel, la mercancía se capitaliza y el trabajo se individualiza por lo cual se hace capitalista. En un sexto y séptimo nivel la mercancía es medida por el capitalismo mediante el tiempo de trabajo, que da el valor de cambio. A su vez el octavo nivel ya habla de una mercancía capitalista medida en concreto, con un valor de cambio medido en una sociedad específica en que la mercancía es dada. Por último, se presenta una no mercancía, que sería un producto útil social con un valor de uso social y proveniente del fruto del trabajo comunitario.[6]

En este sentido, se trata el proceso de intercambio de las mercancías, delineando que el valor de cambio de una mercancía radica en el valor de uso de la otra mercancía y viceversa. Sin embargo, sólo se le puede llamar mercancía en movimiento en el momento en que ésta se encuentra “en-relación-con”. Además en la sociedad capitalista, la mercancía solamente es producida como mercancía: “como ente portador de un valor de cambio. Pero el valor de cambio sólo se actualiza, se revela, cuando se opone a otra mercancía y es vendido, cambiado, por el valor de uso de la otra”.[7] Por lo cual, cuando la mercancía entra en la relación del sujeto social que intercambia con otro sujeto, ésta adquiere un segundo uso de su valor de uso. El dinero, de esta forma se devela como un objeto o instrumento, que permite dicha relación entre sujetos sociales, generando así la circulación.

El Dinero como Mercancía Absoluta

Sin embargo, hay que especificar que el dinero en Marx tiene tres determinaciones formales: “la de ser medida de valor, ser patrón de medida de los precios, y ser dinero de cuenta. En cuarto lugar, aunque ascendiendo a un nivel más concreto, el ser medio de circulación”.[8] Entonces, el paso de la mercancía al dinero se debe realizar en una equidad de valor de cambio, en el proceso del intercambio. Por tal motivo, Marx expresa que el dinero (oro) sirve como medida del valor de cambio de la mercancía, dándole a ésta un determinado precio, que al igual puede establecerse en la relación con el mercado mismo, en el intercambio, con el comprador o en el proceso de oferta y demanda.

Del mismo modo, se habla de una metamorfosis de la mercancía en dinero dentro de un proceso de circulación. Por ejemplo, un vendedor de manzanas ofrece su producto para cambiarlo por dinero, y éste puede serle útil para cambiarlo por más mercancía (más manzanas). Así pues, nos damos cuenta, que el dinero permite un proceso de circulación: mercancía igual a dinero y al igual a la inversa. El sujeto en este sentido es un ser que produce, intercambia y consume mercancía.

No obstante, se señala que el oro, ha pasado un proceso histórico en el cual, se ha transformado de “patrón de medida” a “peso metálico efectivo”, y a la vez, en dinero de cuenta y en moneda, si bien el primero indica una medida ideal o imaginaria, en cambio, la moneda se presenta como una unidad real.

Por último, Dussel aborda a Marx, especificando el significado de atesoramiento. Para esto, pone en claro que Marx, ve al dinero como dinero, es decir, un medio de compra y un medio de pago, por tanto el dinero se presenta como una mercancía absoluta, el cual permite el proceso de circulación, luego, cuando el dinero se paraliza, es decir, “cuando se retira de la circulación de mercancía-dinero (oro) y se lo recoge como valor-en-sí, se transforma en tesoro”.[9] Y es así, como dice Marx que el oro se fetichiza, el humano mismo convierte el dinero (oro) en deidad, sacrificando su vida para obtenerlo y acrecentarlo.

Bibliografía

Enrique Dussel, Hacia un Marx desconocido: Un comentario de los manuscritos del 61 – 63, México, Ed. Siglo XXI, 1988, pp. 13 – 53.

[1] Enrique Dussel, Hacia un Marx desconocido: Un comentario de los manuscritos del 61 – 63, México, Ed. Siglo XXI, 1988, p. 13.

[2] Cfr. Ibid., p. 21.

[3] Idem

[4] Cfr. Ibid., p. 27.

[5] Ibid., p. 28

[6] Cfr. Ibid., p. 31.

[7] Ibid., p. 34.

[8] Ibid., p. 41.

[9] Ibid., p. 48.

Ẑiẑek y El sublime objeto de la Ideología: El Síntoma.

La ideología no es simplemente una “falsa conciencia”, una representación ilusoria de la realidad, es más bien esta realidad la que se ha de concebir como “ideológica”. [5]

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En el presente escrito, se presentan: varios análisis sobre las ideas que Zízék plantea acerca de “Síntoma”; se realiza una comparación con el pensamiento freudiano y marxista; el de ideología; cinismo y fantasía de la realidad. Esto, con la finalidad de, dar cuenta que: la ideología es parte fundante de la realidad social.

Zízék, parte de una tesis fundamental en el pensamiento hegeliano que, “lejos de ser una historia de superación progresiva, esta “dialéctica”, es una anotación sistemática del fracaso, de todos los intentos de ese tipo.

El conocimiento absoluto denota una posición subjetiva, que finalmente, acepta la contradicción como condición interna de toda identidad”.[2] Con ello, permite analizar la realidad como una fisura suturada después por el marxismo, es decir, con Hegel se muestra la realidad material distanciada de lo formal, de la “Idea”.

Para explicar dicha tesis, Zízék comienza con exponer ciertas ideas lacanianas, como la afirmación de que Marx fue el que inventó el síntoma, así como, la homología con una interpretación de Freud. Ambos, buscan develar el secreto que esconde, en Marx, la forma de la mercancía y en Freud, la forma de los sueños.

La paradoja que surge de sus interpretaciones, consiste en que, el deseo inconsciente y el secreto de la mercancía, se manifiestan bajo la misma forma, es decir : no esconden el secreto tras su manifestación; por el ejemplo, el secreto del sueño, no radica en la manifestación de los diversos símbolos de una realidad, sino que, es en el mismo proceso y en su existencia. Así sucede con la mercancía, no tiene un misterio oculto, sino en la existente relación con la mercancía. El proceso de llegar a ser tal mercancía, es ya, un misterio, el misterio de la forma que oculta algo.

Sin embargo, se busca siempre algo, tras la forma, tras la cosa y por eso, no se puede comprender y explicar el secreto o misterio oculto. Por otra parte, no se pregunta el porqué se ha llegado a una forma-mercancía, así como, porqué la medición del trabajo, mediante el mismo, se debe expresar en la magnitud del valor del producto. De ahí, que “el análisis formal de la mercancía es el que tiene la clave, no sólo, de la crítica a la economía política, sino también, a la explicación histórica, del modo de pensar abstracto y conceptual y, de la división del trabajo en: intelectual y manual, que nació, con la mercancía”,[3] además, de tratar de resolver una interrogante epistemológica, acerca del conocimiento objetivo, con validez universal: ¿cómo es esto posible?

De ahí, se sigue que, el conocimiento abstracto real es el inconsciente del sujeto trascendental. Por ello, la abstracción real es – en el intercambio de las mercancías – un “como si fuera”, que: no tiene materialidad, como el valor de uso de aquélla, sino que, lleva implícita un postulado de intercambio.

Por lo tanto, el inconsciente, consiste en “la forma del pensamiento, cuyo estatus ontológico no es el del pensamiento”.[4] En consecuencia, se establece un conocimiento que ya está ordenado de antemano, por consiguiente, tiene que haber un orden simbólico que complete la relación o alteración dual, entre lo externo y lo interno subjetivo. Así que, surge entonces, el reconocimiento falso que permite la ruptura de la conciencia en práctica y teórica, una relación efectiva entre el intercambio social de la mercancía y la conciencia del mismo, donde lo que importa es que, los participantes, no sepan ni conozcan la lógica del proceso, porque si se sabe, tal hecho se disolvería.

La conciencia teórica y la práctica están cegadas y, no pueden ver el lugar que les corresponde en la realidad. Surge el reconocimiento falso que se da en la Ideología. La ideología proviene de tal desconocimiento del proceso del intercambio de la mercancía, de ese falso conocimiento.

“Ideológica” es una realidad social, cuya existencia, implica el no conocimiento de sus participantes, en lo que se refiere, a su esencia-, es decir, la efectividad social, cuya misma reproducción, implica que los individuos: “no sepan lo que están haciendo”. [5]

Ahora bien, ya explicado el proceso de cómo se llega a estar en un estado ideológico, se da el concepto de síntoma, el cual consiste en: una “formación cuya consistencia implica un cierto no conocimiento por parte del sujeto”.[6]

Lo anterior, nos lleva al fetichismo de la mercancía, que consiste en, tomar lo particular como algo universal, es decir, que los valores de cambio, en el intercambio mercantil, se generalizan; considerando, por ejemplo, el dinero, como algo que está dado desde sí, como algo equivalente, al valor de otro producto y, no se considera, que es la relación entre cosas y hombres las que le atribuyen dicho estatus.

El fetichismo de la mercancía, es una relación fantasmagórica entre cosas. En contrapartida, se presenta, la crítica ideológica, que intenta encontrar un punto de ruptura heterogéneo a un campo ideológico, y al mismo tiempo, necesario, para que se logre su clausura y su acabamiento, lo cual permitirá, que surja un síntoma, que subvierta la apariencia ideológica y muestre, las verdaderas relaciones, tanto entre hombres, como entre las cosas.

Siguiendo con el concepto de ideología, se tiene que, en las sociedades actuales: la ironía, el cinismo y la risa, forman parte del juego de dominio, de aquella.

Si bien, se tiene que, la manifestación de la ideología es: que no sepan lo que hacen, actualmente, y eso es el cinismo, aunque se sepa lo que hacen, lo siguen haciendo.

En consecuencia, se tiene lo que Zízék denomina: “fantasía ideológica”, la cual, consiste, en tener la ilusión de que saben lo que están haciendo y lo hacen. Un elemento importante para tal efecto es: la creencia. Ésta, es la que permite, tener algo, como válido y cierto, tomando tal actitud, lleva a que se realice; por ejemplo, Zízék expone que: en el teatro griego – donde se consideraba que el llanto y la tragedia permitían a los espectadores purificarse, dejar fluir sus angustias y penas – las creencia eran aceptadas, por tanto, los resultados era que las personas al término de la obra se sentían sanados de su mal.

La unión de la ilusión y la creencia, lleva a un estado ético. Actuar, “como si” creemos en la libertad, el gobierno, la voluntad del pueblo representado por el Presidente, etc. Esto, se manifiesta claramente en la Ley. Ésta, se cumple y es aceptada por todos, por la simple creencia, de que, es una norma. No se piden argumentos racionales, el porqué? de ellas, sino que, se impone por la creencia de que: es la Ley y punto, sin más.

“Ideológica” no es “falsa conciencia” de un ser (social) sino este ser en la medida en que está soportado por la “falsa conciencia”. [5]

Volviendo, ahora, al punto de la fantasía ideológica, que para Zízék, es el fundamento y base de la realidad social. La realidad es una ilusión, porque la ideología nos impide ver lo real de las cosas. En último término, es la ideología, la que suplanta nuestras conciencias y, nos lleva a aceptar determinada actitud ante la vida; la única manera, de salir de tal sueño o fantasía ideológica, es confrontarlo con nuestros deseos y lo Real, aquello que no pude ser atrapado en lo simbólico, ideológico.

Una objeción, que hace Zízék, desde la perspectiva lacaniana a Marx, con respecto, a la ideología, es que, éste no pudo ver que, no sólo la totalidad de las relaciones sociales se manifiestan en el fetichismo, en el proceso de intercambio de la mercancía, sino que, tales procesos, se manifiestan una y otra vez en el proceso histórico, es decir, se simbolizan en el retorno. Por ello, el capitalismo tiende a perdurar y regenerarse, lo que permite, su desarrollo permanente. Surge entonces, el plus-de-goce, que consiste, en ser un excedente, que es la causa-objeto del deseo.

Por último, Zízék explica que, el síntoma es una dialéctica en el proceso histórico social, esto, por el simple hecho de que, si no existiese, el orden social, tampoco, es decir que, el síntoma es lo que permite una estructura social, donde los seres humanos se muestran y relacionan.

Zízék, considera el retorno en la historia de los mismo acontecimientos, asimismo, aquello que el hombre reprime, las condiciones en las que se relaciona y se manifiesta, por tanto, si se quiere romper con el circulo vicioso del simple retorno, debe considerarse, a éste, como medio para tal cambio o revolución. Es decir que, no sólo una vez debe de mantener sus ideales de revolución, sino que, muchas veces y de la misma manera, porque, de lo contrario, ante el mundo, será visto como repugnante. Tal es el caso que expone Zízék, con respecto al César, cuando impuso el título de “Emperador”, para sustituir a la República en decadencia; sin embargo, al ser derrocado por sus conspiradores, éstos, se dieron cuenta que, era necesario tal símbolo, por lo tanto, tendieron a constituirlo y consolidar el título del César.

De lo anterior, se concluye que, una revolución debe de manifestarse, siempre igual para ser aceptado, porque, la conciencia social, sólo después de los acontecimientos, cae en cuenta de la necesidad de un cambio. Tal es el ejemplo, también, de la filosofía y, tomando el ejemplo del búho de Minerva de Hegel, después de caer la noche, de pasar una época, se puede hacer filosofía, antes no.

Fuente consultada

Zízék, Slavoj, El sublime objeto de la ideología, 4ta ed., Siglo XXI, México, 2008, págs. 11-122.


[1] Slavoj Zízéc, El sublime objeto de la ideología, 4ta ed., Siglo XXI, México, 2008, pp. 30.

[2] Ibídem, pp. 29.

[3] Alfred Sohn-Rethel citado por Zízék, en op, cit., pp. 41.

[4] Ibídem, pp. 44.

[5] Ibídem, pp. 46-47.

[6] Ibídem, pp. 47.