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El Origen de la Familia por Friedrich Engels

Y así nace la familia patriarcal, la mujer es entregada sin reservas al poder del hombre, los hijos son unos esclavos bajo el poder del padre.

Friedrich Engels
Engels

Entre sus numerosas obras, Friedrich Engels escribe El origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado (1884) con la intención de terminar un trabajo que Marx no alcanzó a escribir. Este trata sobre los resultados de las investigaciones de Morgan, en relación con las conclusiones de su análisis materialista de la historia, y establecer así su alcance. La teoría materialista sostiene que el factor decisivo en la historia es la producción y la reproducción de la vida inmediata. Morgan encontró en las uniones gentilicias de los indios norteamericanos la clave para descifrar importantísimos enigmas de la historia antigua, y, es a partir de esos resultados que Engels fundamenta la exposición sobre el origen de la familia.

Debido a diversas transformaciones en la familia – hasta 1860 ni siquiera se pensaba en la historia de la familia y las ciencias históricas estaban influenciadas por la concepción de familia de los cinco libros de Moisés – como la forma patriarcal más antigua y con la familia burguesa del siglo XIX, Engels piensa en una exposición de la familia que recoge autores como Bachofen o Morgan, para aclarar algunos elementos que pudieron pasar desapercibidos.

Por ejemplo, en el estudio sobre la familia de Bachofen (1861), “Derecho Materno” se afirma que: “no fue el desarrollo de las condiciones de existencia de los hombres sino el reflejo religioso de esas condiciones lo que provocó cambios históricos en la situación social recíproca del hombre y la mujer.”[1] Otro autor que hizo un aporte significativo fue MacLennan, al haber reconocido como primario el orden de descendencia con arreglo del derecho materno. Las aportaciones, tanto de Bachofen como de MacLennan fueron significativas paras las investigaciones posteriores de Morgan, por lo que, el descubrimiento de la primitiva gens de derecho materno, como etapa anterior a la gens de derecho paterno de los pueblos civilizados tiene para la historia primitiva una importancia relevante y que a Morgan le permitió bosquejar una historia de la familia, estableciendo algunos estadios clásicos de la evolución.

En todas las partes donde existe el matrimonio por grupos, la descendencia sólo puede establecerse por la línea materna, y por consiguiente, sólo se reconoce la línea femenina.

Morgan distingue tres épocas de la evolución de la familia: salvajismo, barbarie, civilización y en ellas los estadios inferior, medio y superior.

El salvajismo se caracteriza por la apropiación de productos que la naturaleza da ya hechos y las producciones humanas están destinadas, principalmente, a facilitar esa apropiación, por ejemplo con el lenguaje articulado, el fuego, el arco y la flecha; la barbarie, es un período en el cual aparece la ganadería y la agricultura y se aprende a incrementar la producción de la naturaleza por medio del trabajo humano y la invención de la alfarería, la domesticación de animales, y la fundición de hierro; la civilización es un período en que el hombre sigue aprendiendo a elaborar productos, industriales y artísticos.[2]

Para Morgan, la familia es el elemento activo porque no permanece estacionada, sino que pasa de una forma inferior a una superior; en cambio, los sistemas de parentesco son pasivos, porque sólo después de largos intervalos, registran los progresos hechos por las familias, y, sin sufrir una modificación radical. Engels comenta que el desarrollo superior de una familia, se debe, a que se han integrado a ella, familias profundamente alteradas; pasando, por ejemplo: de la promiscuidad a la formación de familias en las llamadas hordas que comprenden la forma social más elevada.

La Familia es un Elemento Activo

La salida de las familias de la promiscuidad, ha sucedido de manera procesal: primero, la familia consanguínea (relaciones entre padres e hijos), la cual fue desapareciendo hasta el punto de que en los pueblos salvajes no hay rastros de ella; en segundo, la familia panalúa, que excluye a los hermanos de la relación sexual entre hermanos y los hijos de estos, ya no son llamados hermanos sino sobrinos por los hermanos de los progenitores. Y, puesto que en ninguna forma de familia por grupos puede saberse con certeza quien es el padre de la criatura, pero sé quién es la madre, Engels concluye que: en todas las partes donde existe el matrimonio por grupos, la descendencia sólo puede establecerse por la línea materna, y por consiguiente, sólo se reconoce la línea femenina[3]. A partir de la familia punalúa y la descendencia materna, se entiende el origen de los gens, es decir, un círculo cerrado de parientes consanguíneos, por línea femenina, que no pueden casarse unos con otros y es ésta una concepción elevada de la forma de familia por Morgan.

Caminamos hacia una revolución social en que las bases económicas de la monogamia actuales desaparecerán.

Otra clasificación de la familia, según Morgan, es la sindiásmica, que es un matrimonio entre gens y que hace una raza más fuerte, tanto en el aspecto físico como en el mental. La evolución de la familia en tiempos pre-históricos consiste en una reducción del círculo en cuyo seno prevalece la comunidad conyugal entre los dos sexos, círculo que en su origen acababa la tribu entera[4]. De esta forma, se hace imposible la práctica del matrimonio por grupos y queda sólo la pareja. La familia sindiásmica, demasiado débil e inestable por sí misma, no suprime el hogar comunista y además implica el reconocimiento del predominio de la mujer en la casa. Por tanto, después del matrimonio sindiásmico, los hombres pudieron introducir la monogamia estricta con las mujeres, y cada vez más, se fue reduciendo la comunidad de los matrimonios hasta ser una relación entre una pareja y no entre grupos.

Así pues, durante la pre-historia, a medida en que iban en aumento las riquezas, y que éstas estaban en posesión del hombre, éste fue tomando una posición más importante que la mujer en la familia y sirvió para valerse de esa ventaja, y modificar el provecho de los hijos en el orden de herencia establecido. El derrocamiento del derecho materno, fue la gran derrota del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuño también las riendas de la casa; la mujer se vio degradada, convirtiéndola en servidora, en un simple instrumento de reproducción.[5]

La palabra “familia”, no significa en su origen, la mezcla de sentimentalismos y de disensiones domésticas, ese término era utilizado para referirse a los esclavos domésticos (famulus), por lo cual, familia se refiere al conjunto de esclavos pertenecientes a un mismo hombre. Y en Marx, la familia moderna contiene en germen, no sólo de la esclavitud (servitus), sino también de la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas en la agricultura.[6]

La Familia Patriarcal o Monogámica

Y así nace la familia patriarcal, la mujer es entregada sin reservas al poder del hombre, los hijos son unos esclavos bajo el poder del padre.

La familia monogámica, nace de la familia sindiásmica, en el periodo de transición del estadio medio y superior de la barbarie. Se funda en el predominio del hombre, su fin expreso es el procrear hijos, cuya paternidad sea indiscutible, porque éstos han de ser los herederos del padre. La familia monogámica, se diferencia del matrimonio sindiásmico, por una solidez mucho más grande de los lazos conyugales, que ya no pueden ser disueltos por deseo de cualquiera de las partes.[7]

Como se ha visto, hay tres formas principales de matrimonio: al salvajismo corresponde el matrimonio por grupos; al barbarie, el matrimonio sindiásmico; a la civilización, la monogamia con sus complementos, el adulterio y la prostitución.

Caminamos hacia una revolución social en que las bases económicas de la monogamia actuales desaparecerán. La monogamia nació de la concentración de grandes riquezas en las mismas manos del hombre y del deseo de transmitir esas riquezas a los hijos[…] pero la revolución social inminente, transformando por lo menos la inmensa mayoría de las riquezas duraderas hereditarias, reducirá al mínimum todas esas preocupaciones de transmisión hereditaria[8].

Según Engels, será una transformación de los medios de producción en propiedad social, que traerá como consecuencia la desaparición del trabajo asalariado, el proletariado y la prostitución de las mujeres, por una propiedad común y la economía dejará de ser de la familia individual para pasar a manos de la sociedad, es decir, el naciente comunismo.

Marx y Engels

Bibliografía:


-ENGELS, Fedrich, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, EDICIONES DE CULTURA POPULAR, México, 1979


[1]Cfr., ENGELS, Fedrich, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, EDICIONES DE CULTURA POPULAR, México, 1979, p. 9

[2]Cfr., Ibid., p. 29.

[3]Ibid., p.45.

[4]Ibid., p.52.

[5]Ibid., p.63.

[6]Ibid., p.65.

[7]Ibid., p.69

[8]Ibid., p.85.

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Marx y su Concepto de lo Humano por Erich Fromm

Lo que crítica Marx del capitalismo es la perversión del trabajo en un trabajo forzado, enajenado, sin sentido.

Erich Fromm
Marx

En la obra: Marx y su Concepto de Hombre; Erich Fromm presenta una concepción de lo humano desde la corriente marxista. Este análisis evidencia las concepciones erróneas que se hubieran hecho y, muestra lo que en un principio Marx pretendía con su propuesta.

La obra en la cual fundamenta su análisis son los Manuscritos Económico-Filosóficos de Karl Marx. La pretensión de Fromm es valorar, dentro de las ideas marxistas, la naturaleza del hombre y su espíritu de independencia. Aunque, generalmente, se reconoce a Marx como el teórico de la lucha de clases, suele dejarse fuera la concepción que tenía sobre la conciencia humana, cuya libertad es obstaculizada por el capitalismo .

El punto de partida de Marx para abordar la naturaleza de lo humano, está en la idea de que, el ser humano es un ser reconocible y determinable, que puede definirse no solo como materia biológica, anatómica y fisiológica, sino también, psicológicamente. La naturaleza, está relacionada con la historia y determinada por ésta. “La historia es la historia de la autorrealización del hombre, no es más que la autocreación del hombre a través de su trabajo y su producción.” [1]

Según el planteamiento de Marx, sólo cuando el humano es productivamente activo, puede encontrar un sentido a la vida y, aunque, así goza la vida, no está aferrándose a ella codiciosamente. Más bien, renuncia a la codicia por acumular y se realiza siendo: “El hombre vive sólo en tanto que es productivo, en tanto que capta el mundo que está fuera de él en el acto de expresar sus propias capacidades humanas específicas y de captar el mundo con estas capacidades.”[2] Sólo a partir de ese proceso productivo el hombre puede realizar su propia esencia, y por tanto, es parte constitutiva de su ser que se mantenga en esa actividad productiva, por medio de la cual, se autorrealiza.

Marx, Engels y familia

Fromm analiza la relación inmediata, natural y necesaria del ser humano con el ser humano. Esta, se realiza mediante los sentidos a partir de objetos exteriores. Es el amor lo que nos hace crear una realidad a partir del mundo material. Dicha relación, es lo que Marx concibe como la “vida productiva”, “vida que crea vida”. Y es en esta actividad productiva, en donde se encuentra el carácter de una especie, es decir: la esencia del hombre.

La independencia y la libertad, para Marx, se basa en el acto de autocreación. El fin del socialismo propuesto por Marx era la emancipación del ser humano, su autorealización en el proceso de la relación y la unidad productiva con el hombre y la naturaleza. Así que, sólo cuando el hombre alcanza esa emancipación, habrá logrado su independencia pues en la medida que ejercita su naturaleza productiva se va realizando.

Erich Fromm afirma que: “Toda concepción de Marx de la autorrealización del hombre puede entenderse plenamente sólo en relación con su concepto de trabajo.”[3] El trabajo para Marx es una actividad y no una mercancía, es un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso mediante el cual cada hombre realiza, regula y controla su intercambio de materias con la naturaleza. Fromm concibe el trabajo como “la autoexpresión del hombre, expresión de sus facultades físicas y mentales individuales”,[4] por tanto, no es sólo un medio para lograr un fin, sino un fin en sí, la expresión significativa de la energía humana. Lo que crítica Marx del capitalismo es la perversión del trabajo en un trabajo forzado, enajenado, sin sentido. Resulta necesario que cada hombre tenga ocupaciones diversas a lo largo de toda su vida y no permanecer en la sumersión a una sola ocupación.

Erich Fromm

A partir de lo expuesto, Fromm manifiesta la mala interpretación de Marx producida por los comunistas, los socialistas y los opositores capitalistas. Marx sólo quería el mejoramiento económico de la clase trabajadora y quería abolir la propiedad privada para que el obrero pudiera tener lo que ahora tiene el capitalista, sin embargo, por las malas interpretaciones, los sistemas sociales y políticos derivados del Marxismo han dejado al humano igual y hasta en peores condiciones que cuando pertenecía a la clase obrera capitalista, ha pasado de estar enajenado al patrón industrial capitalista al gobierno absoluto socialista o comunista.

La concepción del socialismo de Marx es la emancipación de la enajenación, la vuelta del hombre así mismo, a su autorrealización. La enajenación significa para Marx, “que el hombre no se experimenta a sí mismo como el factor activo en su captación del mundo, sino que el mundo permanece ajeno a él.”[5] Se trata de experimentar al mundo y a uno mismo, de forma pasiva, receptivamente, como sujeto separado del objeto. Significa que: adora lo que él mismo ha creado y al hacerlo se transforma en cosa. La enajenación es realizada en el trabajo, en la relación activa del humano con la naturaleza, la creación de un mundo nuevo. Enajenarse del trabajo significa que el hombre enajena sus propias facultades creadoras, y los objetos de su trabajo dejan de ser ajenos a él.

La preocupación de Marx es la liberación del hombre de un tipo de trabajo que destruye su individualidad, que lo transforma en cosa y que lo convierte en esclavo de las cosas: “En el trabajo no enajenado, el hombre no sólo se realiza como individuo sino también como especie.”[6] Y es que el trabajo enajenado nos arrebata nuestro objeto de producción y, por ende, nuestra propia vida. Cuando el trabajador no participa en la dirección del trabajo, se transforma en una cosa por su dependencia del capital. El hombre enajenado se convierte en esclavo de las cosas y las circunstancias cuando cree haberse convertido en amo de la naturaleza.

Cada hombre está enajenado en relación con los otros y cada uno de los otros está, a su vez, enajenado de la vida humana. “La enajenación conduce a la perversión de todos los valores.”[7]

De ahí que, por ejemplo, el hombre capitalista suela relacionarse con el mundo poseyéndolo y consumiéndolo, puesto que todos ansían cosas nuevas para poseer las y usarlas.

Enajenarse del trabajo significa que el hombre enajena sus propias facultades creadoras, y los objetos de su trabajo dejan de ser ajenos a él.

La concepción del socialismo en Marx se desprende de este concepto contrario a la enajenación, no es una sociedad en la que el individuo esté subordinado al Estado, a la máquina, a la burocracia. “El fin del socialismo es el hombre. Es crear una forma de producción y una organización de la sociedad en que el hombre pueda superar la enajenación de su producto, de su trabajo, de sus semejantes, de sí mismo y de la naturaleza.”[8] Significa, que el hombre produce de una forma asociada y no coompetitiva, el individuo participa activamente en la planeación y en la ejecución de los planes. Y dice Fromm: “El hombre pudiera hacerse independiente, pararse sobre sus propios pies y ser creador y dueño de su propia vida, comenzaría a hacer de la vida su principal ocupación.”[9]

El fin principal del socialismo debe ser, por tanto, el reconocimiento y la realización de las capacidades humanas de creación o transformación, que sólo será posible cuando la producción sirva al hombre, y, el capital deje de crear y explotar las necesidades falsas del humano.

El humano des-enajenado será aquél que no domina a la naturaleza sino que se identifica con ella, que está vivo, que reacciona ante los objetos, de modo que éstos, cobran vida para él. “El socialismo significaba el orden social que permite la recuperación del hombre, la identificación entre existencia y esencia, la superación de la separación y el antagonismo entre sujeto y objeto, la humanización de la naturaleza; significaba un mundo en el que el hombre no es ya un extraño entre extraños, sino está en su mundo, donde se siente como en su propia morada.”[10]

Black Friday

Bibliografía:

FROMM, Erich, Marx y su concepto de  hombre, FCE, México, 2001, pp. 7-93.


[1] FROMM, Erich, Marx y su concepto de  hombre, FCE, México, 2001, p. 37.

[2]Ibid., p. 41.

[3]Ibid., p. 50.

[4]Ibid., p. 52.

[5]Ibid., p. 55.

[6]Ibid., p. 60.

[7]Ibid., p. 65.

[8]Ibid., p. 69.

[9]Ibid., p. 71.

[10]Ibid., p. 79.


Horkheimer : La Odisea y el Prototipo Capitalista

La superioridad del ser humano reside en el saber.

Horkheimer
Adorno y Horkheimer

En el segundo capítulo del libro “Dialéctica del Iluminismo“, Horkheimer realiza una crítica a una de las obras de Homero, exponiendo que, en La Odisea se encuentra referido, el prototipo del el pensamiento en la etapa denominada ilustración, y que, lo contenido en tal obra, refleja a la sociedad en la que está inmerso Horkheimer, es decir, una sociedad capitalista, en donde lo que importa es la producción, la técnica, y por supuesto, la puesta de la razón como el más alto grado de lo humano

El Iluminismo, que “ha perseguido siempre el objetivo de quitar el miedo a los hombres y de convertirlos en amos”,[1] afirmaba que la superioridad del ser humano reside en el saber. Sin embargo, el ideal del iluminismo propuesto en su origen, no logra los objetivos planteados. Indudablemente, recae en lo mítico e instrumentaliza a los individuos: los esclaviza, los convierte en objetos en vez de convertirlos en amos de la naturaleza, en seres de saber, y por consiguiente en seres de poder.

El conocimiento es quien triunfa sobre los demás, y quienes posean tal conocimiento pueden tener a los demás a su servicio.

Para Horkheimer el mito es ya iluminismo, y, lo realiza a través de un análisis de La Odisea, donde el personaje principal, Odiseo, es interpretado como un prototipo del iluminismo, siendo él, el que haciendo uso de la razón, logra llegar a dominar a los demás. De este modo, los otros son para Odiseo: objetos manipulables que sirven para alcanzar un fin. La obra de Homero manifiesta las características originales de la civilización europea, es decir, de una civilización burguesa, una civilización envuelta en el capitalismo.

El iluminismo “ha sido siempre un instrumento de los grandes artistas del gobierno para dominar a los demás”.[2] En La Odisea, el personaje clave es sumamente astuto, puesto que logra dominar a la naturaleza por medio del sólo uso de la razón, y únicamente de esta manera Odiseo logra llevar a fin su empresa, “el empequeñecimiento de los hombres, que se dejan gobernar cada vez más fácilmente, es perseguido como un progreso”.[3]

En toda la travesía que realiza Odiseo para llegar a su patria, engaña astutamente a las divinidades naturales, como en un momento el viajero civilizado y con uso de la razón, engañaba a los salvajes, a los cuales ofrecía piedras de vidrio coloreadas a cambio de marfil. El conocimiento es quien triunfa sobre los demás, y quienes posean tal conocimiento pueden tener a los demás a su servicio. Incluso en La odisea, Odiseo llega a engañar a los dioses, ofreciendo a éstos múltiples sacrificios de bueyes, para que éstos renunciaran a desahogar su ira contra él. El engaño aquí, se encuentra en que los sacrificios que se realizaban tenían como finalidad un plan: subordinaban a los dioses al servicio del hombre para llegar a sus fines propuestos, de modo que los hombres disolvían con ello sus poderes.

Odiseo y las Ninfas

El humano astuto, con inteligencia y capaz de dominar a los demás, debe de ser paciente, saber siempre esperar y en ciertas ocasiones también, saber renunciar, el astuto es semejante a Odiseo, el que “cede dócilmente ante la naturaleza, da a ésta lo que le pertenece y al proceder así la engaña”.[4] Quien es astuto sabe humillarse, no se reconoce en un primer momento superior a todas las criaturas o personas; al igual que Odiseo, no se confía a su saber superior, entregándose libremente al encantamiento de las sirenas, teniendo la ilusión de que su libertad le basta como escudo para no caer en sus encantos mortíferos. Al contrario: se hace pequeño, se humilla en ese momento y se manda atar al mástil, reconociendo el gran poder del canto de las sirenas, y de esa manera vence, y se sobrepone sobre ellas, las sirenas tienen lo que desean, que los viajeros escuchen su hermoso canto. Pero las sirenas son vencidas, destruidas. Odiseo se sobrepone al mito, y así se sabe que “los mitos viven solamente de la irrealizabilidad de sus preceptos, si éstos se cumplen, entonces los mitos se desvanecen hasta la más lejana posteridad”.[5]

El hombre listo como Odiseo, es aquel capaz de negar su propia identificación que le constituye como sujeto. Abandonar su sí mismo en busca de una superación: “sólo el pensamiento que se hace violencia a sí mismo es lo suficientemente duro para traspasar los mitos”.[6]

Odiseo engaña a Polifemo

Odiseo se niega a sí mismo en su relación con el cíclope[7] Polifemo. Al momento en que éste pregunta ¿Quién es? Odiseo responde: “Nadie“. Polifermo el cíclope, falto de inteligencia, es incapaz de advertir la ambivalencia sofísticada en el nombre falso de Odiseo. De modo que cuando Odiseo lo emborracha y lo deja ciego, puede escapar. Logra engañar a la persona falta de razón, pues éste, al pedir ayuda a los otros cíclopes culpa a “Nadie”, ocultando así a Odiseo, que logra escapar. El discurso, la razón, siempre prevalece ante la fuerza física.

Odiseo en la obra de Homero, es definitivamente el que triunfa, los demás humanos, se le presentan, únicamente, en “forma alienada”, como enemigos o como apoyos, siempre como instrumentos, como cosas”.[8] El hombre con intelecto es quien logra vencer la superstición y por lo tanto es amo de la naturaleza, quien posee el saber y no conoce límites, quien triunfa, quien es capaz de sobreponerse ante un medio hostil.

La dialéctica del iluminismo, es ésta síntesis entre una tesis y una antítesis, donde ésta manifiesta que: la razón debe de ser homogénea para todos, que no debe de alienar al individuo, sino que realmente debe de romper las barreras de la ignorancia e iluminar las mentes de los hombres por medio de la razón, dejando atrás mitos, supersticiones, magia, etc.

Bibliografía.

Adorno, Theodor y Horkheimer, Max. Dialéctica del iluminismo, México, Editorial Sudamericana, 1969, cp. II “Odiseo o mito e iluminismo”.


[1] Horkheimer, Max, Dialéctica del iluminismo, México, Editorial Sudamericana, 1969, p. 15.

[2] Cfr. Ibidem, p. 61.

[3] Idem.

[4] Ibidem, p. 77.

[5] Ibidem, p. 79.

[6] Ibidem, p. 17.

[7] Los cíclopes no dialogan en juntas, ni saben de normas de justicia, son hombres sin ley. Éstos habitan en montañas y no piensan en los otros. Su relación entre ellos está basada en la opresión hacia el más débil, entre ellos no hay ninguna jerarquía, no hay vínculo alguno que los una. Homero los describe como monstruos infames, sin uso de razón y que se jactan de ser los más fuertes. Éstos representan a la sociedad más baja, quienes no tienen por fin la razón, quienes no son capaces de resolver problemas, estos son los salvajes o los hombres dominados por quienes tienen el saber.

[8] Ibidem, p. 81.

Modernidad Líquida de Sygmunt Bauman

Lo “grande”, no sólo ha dejado de ser “mejor”,
sino que, ha perdido cualquier sentido racional.
Lo pequeño, lo liviano, lo más portable
significa ahora mejora y “progreso”.

Bauman
Bauman

Este, es un bosquejo general del prólogo y el primer apartado “Emancipación” sobre Modernidad Líquida, escrita por, Zygmunt Bauman.

Dicha sección, nos introduce, en una descripción de la sociedad actual, de sus manifestaciones: sociales, políticas y económicas. Sin duda, la descripción, muy propia del autor, ofrece, una forma de dirigirnos a, un conglomerado de paradigmas. La forma, en la cual, es descrita, posee la peculiaridad de una analogía, lo suficientemente, apropiada, para traer, a nosotros, una idea inmediata, de lo que Bauman, denomina modernidad líquida.

La modernidad tardía; sociedad moderna tardía; sociedad de la segunda modernidad o posmodernidad: son las formas diversas en que podemos referirnos al periodo contemporáneo.

Habiendo así, diversas referencias de la época contemporánea. Pero ¿ A qué denomina Bauman “modernidad líquida” ? Nos referiremos, al término “líquido”, este deviene de una especie de analogía, que el mismo autor realiza entre la sociedad, en donde, las propiedades del estado líquido, resultan adecuadas, para adjetivar la modernidad. Sin embargo, para obtener resultados positivos con tal definición, primero, revisaremos la historia, que remite al periodo de la modernidad, específicamente, a los rasgos característicos del Renacimiento.

Los elementos que Bauman explora, de la sociedad contemporánea, definida indiscutiblemente, en su orden capitalista; develan qué: elementos de este capitalismo subsisten en el tiempo, y, también, se pregunta por las características que se han modificado. El análisis de la contingencia capitalista, concentra a Bauman, y, aborda a la modernidad líquida como una denominación explícita del ámbito sociológico; también, pretende explicar el cambio y la transitoriedad de la sociedad moderna, sus diversos sucesos de movimiento, apoyándose, de una imagen argumentativa, basada, en la metáfora de la liquidez. Por ejemplo, habla sobre: la superficialidad de las relaciones humanas, en medio de, una sociedad de carácter individualista; cuya causa, radica en: el carácter volátil de dichas relaciones.

Los “grilletes” de las relaciones sociales se manifiestan, en los vínculos que condicionan las relaciones humanas, cuyo nexo es el dinero

Los fluidos no se fijan al espacio ni se atan al tiempo. Lo que cuenta, es el flujo del tiempo más que el espacio. En cierto sentido, los sólidos cancelan el tiempo; para los líquidos, por el contrario, lo que importa es el tiempo.[1] Bauman lo denomina levedad, la levedad se opone a la rigidez, y, a lo pesado. Cualquier sólido es pesado, pero no, los líquidos, es por ello, que, este carácter de “liviandad”, como elemento de asociación, permite, expresar que, aquello que es liviano, posee movilidad, y, de manera práctica, bien sabemos, que, cuanto menos pesada sea una cosa se torna con mayor facilidad su traslado.

Derretir los sólidos, significa: desprenderse de las obligaciones que se interponen en el camino de, un cálculo racional de los efectos […] la disolución de los sólidos, condujo a, una progresiva emancipación de la economía, de sus tradicionales, ataduras políticas, éticas y culturales. Sedimentó un nuevo orden, definido primariamente en términos económicos. Ese nuevo orden debía de ser más sólido.[2] Los “grilletes” de las relaciones sociales se manifiestan, en los vínculos que condicionan las relaciones humanas, cuyo nexo es el dinero, es decir, aquello que vale la pena conservar, así toda acción se reduce a términos económicos, términos que dominan la totalidad de la vida humana.

Sin embargo, como producto de la pérdida de control y fruto de la rigidez que albergan estas sociedades, tan complejas, como la moderna, cuyo cambio es difícil. Por tanto, los subsistemas, que se sostienen en ella, son rígidos y sin posibilidad de elección, pero, éstos, no surgen de una sociedad que posee un gobierno dictatorial, ni de la subordinación, o de la esclavitud, sino que, la situación actual, emergió, de la disolución radical, de aquellas amarras, acusadas –justa o injustamente- de limitar la libertad individual de elegir y de actuar. La rigidez del orden es el artefacto y el sedimento de la libertad de los agentes humanos.[3]

Tiempo Líquido. Pintura de: Salvador Dalí

“Volvió sobre sí misma”, la época de la soidisant “modernización de la modernidad” habla de “categorías zombis”, que están “muertas y todavía vivas”.[4] Es bajo esta afirmación, citada por Bauman, en la que Ulrich Beck, define a las estructuras de comunicación de las vidas individuales, arguyendo que, estas estructuras, como principios de afección de las instituciones existentes, fungían como, celdas de los proyectos y estrategias de vida, pero, para poder salir de esta prisión, necesariamente, cada individuo se veía en la necesidad de utilizar su propia libertad.

Otro de los elementos que impulsan a Bauman, y algunos otros autores, a hablar del fin de la modernidad, es el hecho, de las relaciones de poder, que podemos ver, de manera “encarnada”, en las diversas instituciones y empresas que se sustentan en el sistema del capitalismo. Actualmente, quien sustenta el poder, no necesariamente, tiene que estar expectante de sus súbditos, como lo era con el sistema panóptico. En el panóptico, lo que importaba era: la estática de los vigilantes; las personas eran imprescindibles para la vigilancia desde la torre de control. En las relaciones de poder pos-panópticas, lo que importa es que, la gente que maneja el poder – del que depende el destino de los socios menos volátiles de la relación – puede ponerse, en cualquier momento, fuera de alcance […] y volverse absolutamente inaccesibles.[5] Actualmente, las barreras territoriales, han sido superadas, y, se habla entonces de un salto cualitativo del poder, en el que se otorga el carácter extraterritorial, puesto que, no necesariamente, quien sustenta el poder, tiene la necesidad, de trasladar su cuerpo; sino que, se apoya, en la velocidad electrónica, de las diversas tecnologías, para estar ahí.

La verdad que hace libres

a los hombres, es en gran parte,

la verdad que los hombres

prefieren no escuchar.[11]

Estamos asistiendo a la venganza del nomadismo, contra el principio de la territorialidad y el sedentarismo. En la etapa fluida de la modernidad, la mayoría sedentaria, es gobernada por una élite nómade y extraterritorial.[6] Las notas precedentes quieren ser una especie de recordatorio, de cierta conciencia histórica, que podemos visualizar, como en el periodo pre-moderno, es este periodo, alejado en demasía, por el tiempo, donde, la sociedad acostumbraba a vivir de manera nómada. Sin embargo, el paso del tiempo y las capacidades humanas, modificaron las costumbres, llegando así, a ser sedentarios. Entonces, en el momento en que, la modernidad se asienta, en este modo de permanecer, rechaza el condicionamiento nómada, que se encuentra, al margen de las fronteras trazadas por los cronopolíticos[7] ; quienes, consideran a los nómadas, como subdesarrollados y primitivos, pues, la sociedad moderna, se construye, sobre fronteras bien trazadas y definidas como parte de la definición de un estado. Pero, el proceso actual, se presenta como: el fin de la modernidad sólida. Llamada la era del compromiso mutuo, que, está siendo licuada, por la nueva forma de poder. Esta consiste, en poseer a distancia, y, conquistar de manera intermitente, como en el caso de las guerras. Las nuevas invasiones bélicas, consisten en atacar y huir, una vez conquistado el nuevo territorio, el poder puede ejercerse, sin la presencia física del dominador. Por lo que, la concepción del estado sedentario, con determinados límites territoriales comienza a fluir.

EMANCIPACIÓN

Liberarse, significa literalmente, deshacerse de las ataduras que impiden o constriñen el movimiento, comenzar a sentirse libre de actuar y moverse.[8] El movimiento, que implica la libertad, puede ser visto desde dos puntos, o en todo caso, podemos hablar de dos tipos de libertad: el primer supuesto de libertad, que considera Bauman, es la libertad objetiva, y, el segundo, es la libertad subjetiva. Ambos supuestos, demuestran que, en cada miembro de la sociedad, se debe hallar un equilibrio entre: los deseos, la imaginación y la capacidad de actuar, de tal modo que, la libertad de cada individuo sea auténtica. Sentirse libres de restricciones; libre de actuar según el propio deseo: implica alcanzar un equilibrio entre los deseos, la imaginación y la capacidad de actuar; nos sentimos libres, siempre y cuando, nuestra imaginación no exceda nuestros verdaderos deseos, y, ni una, ni los otros, sobrepasen nuestra capacidad de actuar.[9]

La Libertad. Bauman

Sin embargo, hay quienes, se conforman con lo que tienen, suponiendo que, en su “comodidad”, gozan de libertad, por temor a perder aquello que, ellos conocen como libertad. De igual modo, la libertad implica, que el resultado de su búsqueda no sea el esperado, por lo que, se le tiene temor a la responsabilidad, que la libertad trae consigo: lo que experimentamos como libertad no lo sea en absoluto; que las personas, puedan estar satisfechas de lo que les toca, aunque diste mucho de ser “objetivamente” satisfactorio; que, viviendo en la esclavitud, se sientan libres y por lo tanto, no experimenten ninguna necesidad de liberarse…[10] La verdad que hace libres a los hombres, es en gran parte, la verdad que los hombres prefieren no escuchar.[11]

Se tiene que rediseñar

el tipo de relación

de los individuos,

en la sociedad: tiene que fluir.

Así, la búsqueda de la libertad, deriva en una rutina, que si bien, tiende a la degradación. También, puede proteger, por tanto, las normas de la sociedad, que ejercen, una “dependencia” liberadora, que puede ser considerada, como la máxima libertad, que es posible alcanzar. Por otro lado, bajo esta perspectiva liberadora, se describe el capitalismo como un fordismo, en el cual, las personas son dominadas por otras personas, bajo un rígido sistema de producción.

Es así, como el capitalismo, ha dominado, por más de doscientos años. Es este esquema riguroso, que no permite iniciativa, ni el más mínimo ápice de creatividad e ingenio, sino de movimientos monótonos y automáticos. Sin embargo, el capitalismo, como emblema de la modernidad líquida, tiene que fluir. Así, la libertad, bajo un esquema semejante, se mueve a la concepción del “individuo”, donde se pone en evidencia la identidad de la humanidad. Identidad como tarea: así se debe cargar con la responsabilidad, de lo que, el humano será.

Por tanto, la conformación de la libertad de los miembros de la sociedad, se encamina a dejar a un lado al individuo de jade[12], el cual, posee una libertad negativa, es decir que, posee una libertad impuesta, en cambio, el individuo de facto, posee una libertad positiva, es esta libertad, a la que el individuo debe dirigirse. Para ello, es necesario, que esta libertad como capacidad de autoafirmación, tiene que “colonizar” lo privado, es decir que, se tiene que rediseñar el tipo de relación de los individuos, en la sociedad: tiene que fluir.

Bibliografía
Bauman Zygmunt, Modernidad Líquida, Fondo de Cultura Económica, México, 2003, pp. 8-58


[1] Bauman Zygmunt, Modernidad Líquida, Fondo de cultura económica, México, 2003, p. 8

[2]Íbidem, p. 10

[3]Íbidem, p. 11

[4] Íbidem, p. 12

[5] Íbidem, p. 16

[6] Íbidem, p. 18

[7]El tiempo significaba la “jerarquía”, después era sinónimo de “mejor”, y “malo” de “rebasado” o “no propiamente desarrollado”. (El pequeño problema era enviar los fenómenos no aprobados al pasado… construirlos como reliquias que habían rebasado su tiempo, y vivir en el presente con tiempo prestado; de hecho, como sus portadores ya estaban muertos, no eran sino zombis que deberían enterrarse a la brevedad por su propio bien y el de los demás). Esta visión encajaría tanto con la necesidad de legitimar la conquista y subordinación de diferentes territorios y culturas como con la de presentar la diseminación del conocimiento como el principal mecanismo no sólo de cambio, sino de cambio favorable… Johannes Fabian denominó a este extendido hábito “cronopolítica”, ya que representaba la diferenciación temporal sobre la flecha del tiempo, de manera que las opciones culturales podrían describirse como “alocrónicas”, es decir que pertenecen a otra época y sobreviven hasta nuestros días gracias a falsas pretensiones. Bauman Zygmun, Ética posmoderna, Siglo XXI, España, 2009, p. 29

[8] Íbidem, p. 21

[9] Íbidem, p. 22

[10] Ídem.

[11] Íbidem, p. 40

[12] El individuo de jade es aquel que posee una libertad negativa, aunque impuesta de manera legal, en este caso por el sistema capitalista. A su vez es distinto del individuo de facto quien posee la libertad positiva, la cual identificamos como la capacidad de autoafirmación. Para Bauman, en términos sociales, quiere decir la “colonización” de lo público a lo privado para que el individuo viva en sociedad por el bien común.