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El Capital: Crítica de la Economía Política

La riqueza en que se basa el régimen del capitalismo está en la producción, que consiste de forma concreta en la mercancía, por tal razón, es el punto de partida para su análisis.

Marx
El Capital. Obra de Karl Marx

El Capital es la obra las más importante de Marx y está divida en tres tomos. El primero corresponde a lo que Marx llamó Crítica de la Economía Política y fue publicado en alemán en 1867. Los tomos II y III fueron publicados después de la muerte de Marx (acaecida en marzo de 1883) por su amigo Federico Engels. El presente artículo hará referencia al tomo primero.

En el primer tomo, Marx aclara que El Capital es la continuación de los puntos desarrollados en la Contribución a la crítica de la Economía Política publicado en 1859. Así mismo, explica la estructura del primer volumen que consiste en análisis sobre la mercancía, la magnitud del valor, las formas del valor. De igual forma, el origen y las causas de su análisis en la sociedad económica, esto es, a partir del análisis del ámbito histórico-cultural, en el caso actual de muchos países: un régimen capitalista.

En el postfacio a la segunda edición, Marx da cuenta de ciertas modificaciones, con carácter de forma. Por otra parte, en el mismo postfacio hace un breve esbozo de la economía política de Alemania así como de Inglaterra; las causas que originaron diversas crisis económicas en dichos países. Además, expone ciertas características que han impedido un estudio más objetivo y claro de la realidad económica, ya que, según Marx, han intervenido otros intereses como los de la burguesía, es decir la acumulación; por tanto, no se han logrado resultados precisos.

En el primer tomo de El capital aparecen tres prólogos escritos por Federico Engels. En ellos, hace mención de las correcciones que ha hecho a las siguientes ediciones de El capital, las ediciones que se han elaborado en otros idiomas y los colaboradores que han participado y algunos inconvenientes o problemas que tuvo que padecer Marx por la publicación de El capital (tomo I).

Adentrándonos al primer libro titulado El proceso de Producción del Capital podemos identificar que se desarrollan los puntos de base de la obra. En la sección primera Mercancía y Dinero, capítulo I La Mercancía explica los conceptos de mercancía, valor de uso, magnitud del valor y la capacidad productiva del trabajo.

El proceso de producción

Comienza diciendo que la riqueza en que se basa el régimen del capitalismo está en la producción, que consiste de forma concreta en la mercancía, por tal razón, es el punto de partida para su análisis. La mercancía consiste, según Marx, en un objeto externo que es apto para satisfacer las necesidades humanas de cualquier clase. Por tanto, todo objeto útil para el hombre es visto por su calidad y cantidad y por ende, como mercancía. A este hecho de encontrarle utilidad a las cosas lo denomina “hecho histórico”.

Esta utilidad que el humano encuentra en los objetos es lo que convierte en un valor de uso. Aquello que constituye un valor de uso es dado por las cualidades que posee el objeto materialmente y por lo tanto, será más codiciado en la medida en que sirva mejor al humano.

En cuanto al valor de cambio, éste es considerado en forma abstracta, es decir, no toma en cuenta la materialidad sino el valor medido por la cantidad de trabajo utilizado y el uso que genera, estos se presentan correspondientes en objetos objetos distintos, es lo que hoy podemos observar como el intercambio entre un producto o servicio por una cierta cantidad de dinero, ambos son distintos pero poseen un valor igualitario. Esto trae como consecuencia la pérdida del trabajo específico, ya que sólo tendrá valor el producto, el objeto o servicio y no el trabajo en sí mismo, se generalizará por el nombre de trabajo humano que realiza tal o cual producto.

En lo que respecta a la magnitud del valor, éste se dará por el tiempo que se ocupe para producir un objeto útil, entre más tiempo se tarde en producirlo más costo tendrás, por tanto, la magnitud del valor se dará cuantitativamente, es decir, en la cantidad que se genere un producto y el tiempo invertido.

Con respecto a la capacidad productiva del trabajo, ésta consiste en el grado de desarrollo de las habilidades del obrero para producir, el desarrollo de la ciencia (y hoy la tecnología), el volumen de la eficacia de producción y la organización social de producción. Esta capacidad productiva es muy importante para determinar la magnitud del valor, ya que, pueden existir las condiciones anteriores pero si la materialidad de la que se elabora es escasa el producto obtendrá un valor elevado, igual sería si se tendría la materia prima pero una capacidad productiva deficiente.

Otro aspecto importante que surge de considerar a la mercancía como valor de uso es el doble carácter de trabajo que presenta. Este doble carácter que presenta la mercancía consiste en que, como bien mencioné líneas arribas, el producto es valioso por el tiempo que se ejerce para producirlo pero también, es valioso por su utilidad que representa para satisfacer tal o cual necesidad humana. Sin embargo, dice Marx, nadie había considerado esto y mucho menos que la mercancía como valor,considerada éste por su utilidad o por su tiempo de producción es un gasto de fuerza humana de trabajo, ya que se diluye el esfuerzo en la mercancía misma.

Como se puede observar, en las primeras páginas del libro primero de El Capital, Marx define estos conceptos claves para desarrollar su análisis y crítica de la economía política de su tiempo, sobre todo de Inglaterra y Alemania.

La Mercancía

BIBLIOGRAFÍA

MARX, Karl, El capital: Crítica de la economía política, t. I, 2a ed., FCE, México, 1959, pp. 3-12

Hacia un Marx desconocido por Enrique Dussel

El dinero se devela como un objeto o instrumento, que permite dicha relación entre sujetos sociales, generando así la circulación.”

Enrique Dussel
Dussel

El presente texto abordará una interpretación por Enrique Dussel a los manuscritos de 1861 a 1863 de Karl Marx. Es en este periodo histórico, en el que Marx fue fijando la estructura de El Capital y, en donde pasó miserables crisis económicas exiliado en Londres. Sin embargo, los manuscritos que retoma Dussel, corresponden a este lapso de tiempo; son los que termina introduciendo en el “Capítulo III, de El Capital. Éstos, originalmente, se encuentran divididos en veintitrés cuadernos, los cuales fueron consultados por “Engels y Kautsky para poder publicar los tomos II, III y IV de El Capital”[1].

Hay que especificar que, los manuscritos están divididos en tres etapas: la primera, comprende de agosto de 1861 a marzo de 1862, en donde Marx escribe los cuadernos del I al IV con la temática del plusvalor relativo; la segunda etapa va de marzo de 1862 a noviembre de este mismo año, que comprende los cuadernos del VI al XV, profundizando las “Teorías sobre el plusvalor”; y por último, la tercera etapa comprende desde noviembre de 1862 a julio de 1863, estos cuadernos van del XV al XXIII, que corresponderían a los tomos II y III de El Capital.[2]

Así pues, la crítica que Dussel que va desarrollando en su obra, pretende ser un análisis que revisa sección por sección estos escritos, especifica algunas confusiones y malas interpretaciones acerca de la propuesta económica política de Marx, desde una perspectiva ontológica y metafísica.

De igual forma, Dussel en los comentarios preliminares, especifica que, para abordar su obra hay que comprender que al hablar de una categoría de plusvalor – que se presenta como término complejo y parte fundamental del discurso dialéctico en la obra de Marx – es necesario indicar que ésta categoría necesariamente va acompañada de “plustiempo” o “plustrabajo”, es decir, de una categoría de tiempo necesario que exige una “capacidad de trabajo”, y a la vez, se especifica una de “trabajo vivo como fuente creadora de valor sin valor alguno; y ésta, por contradicción, la de trabajo objetivado o pasado, como capital variable, dinero que se expresa en el salario y que paga el valor de la capacidad de trabajo”.[3] También el trabajo se muestra de dos formas, primero como el trabajo que pone el valor de cambio, considerado trabajo abstracto y después el trabajo que pone valor de uso, el cual es el trabajo concreto y particular. [4]

En efecto, en la primera parte de la ya citada obra de Dussel que se aborda, comienza hablando de la “Entrada del discurso dialéctico de la mercancía al dinero”, en donde por un lado, se dice que hay que hablar de la mercancía, explicando que ésta, dentro de la burguesía se presenta como riqueza, y ya capital, en su esencia. A la vez, la mercancía en Marx es considerada como el ser ahí, que es abstraído de la realidad concreta del capital, y, aunque ésta, es un ente del capital, tiene que apartarse, hablando así, de una mercancía singular. En otras palabras el “camino metódico dialéctico es el ente (mercancía) hacia la totalidad (capital) a través del ser (valor)”[5]. Luego, se expresa que el valor es la esencia y la existencia del capital.

La Mercancía

Además, se enuncia que la mercancía, en esta realidad capitalista, puede tener ciertas determinaciones; por ejemplo: primero, es un objeto que de cierta forma el humano requiere para su vida, en cuanto cosa u objeto de alguna necesidad o satisfacción; ésta a su vez, se coloca en el ámbito del círculo de necesidad-consumo. En un segundo nivel, la mercancía es vista como un acto productor; ya que ésta es producida y es la cosa que posee un valor de uso. En cambio en un tercer nivel, el acto productivo se va determinando a través de un trabajo concreto. El cuarto nivel presenta a la mercancía en general como valor de cambio y como trabajo abstracto general. Ya en el quinto nivel, la mercancía se capitaliza y el trabajo se individualiza por lo cual se hace capitalista. En un sexto y séptimo nivel la mercancía es medida por el capitalismo mediante el tiempo de trabajo, que da el valor de cambio. A su vez el octavo nivel ya habla de una mercancía capitalista medida en concreto, con un valor de cambio medido en una sociedad específica en que la mercancía es dada. Por último, se presenta una no mercancía, que sería un producto útil social con un valor de uso social y proveniente del fruto del trabajo comunitario.[6]

En este sentido, se trata el proceso de intercambio de las mercancías, delineando que el valor de cambio de una mercancía radica en el valor de uso de la otra mercancía y viceversa. Sin embargo, sólo se le puede llamar mercancía en movimiento en el momento en que ésta se encuentra “en-relación-con”. Además en la sociedad capitalista, la mercancía solamente es producida como mercancía: “como ente portador de un valor de cambio. Pero el valor de cambio sólo se actualiza, se revela, cuando se opone a otra mercancía y es vendido, cambiado, por el valor de uso de la otra”.[7] Por lo cual, cuando la mercancía entra en la relación del sujeto social que intercambia con otro sujeto, ésta adquiere un segundo uso de su valor de uso. El dinero, de esta forma se devela como un objeto o instrumento, que permite dicha relación entre sujetos sociales, generando así la circulación.

El Dinero como Mercancía Absoluta

Sin embargo, hay que especificar que el dinero en Marx tiene tres determinaciones formales: “la de ser medida de valor, ser patrón de medida de los precios, y ser dinero de cuenta. En cuarto lugar, aunque ascendiendo a un nivel más concreto, el ser medio de circulación”.[8] Entonces, el paso de la mercancía al dinero se debe realizar en una equidad de valor de cambio, en el proceso del intercambio. Por tal motivo, Marx expresa que el dinero (oro) sirve como medida del valor de cambio de la mercancía, dándole a ésta un determinado precio, que al igual puede establecerse en la relación con el mercado mismo, en el intercambio, con el comprador o en el proceso de oferta y demanda.

Del mismo modo, se habla de una metamorfosis de la mercancía en dinero dentro de un proceso de circulación. Por ejemplo, un vendedor de manzanas ofrece su producto para cambiarlo por dinero, y éste puede serle útil para cambiarlo por más mercancía (más manzanas). Así pues, nos damos cuenta, que el dinero permite un proceso de circulación: mercancía igual a dinero y al igual a la inversa. El sujeto en este sentido es un ser que produce, intercambia y consume mercancía.

No obstante, se señala que el oro, ha pasado un proceso histórico en el cual, se ha transformado de “patrón de medida” a “peso metálico efectivo”, y a la vez, en dinero de cuenta y en moneda, si bien el primero indica una medida ideal o imaginaria, en cambio, la moneda se presenta como una unidad real.

Por último, Dussel aborda a Marx, especificando el significado de atesoramiento. Para esto, pone en claro que Marx, ve al dinero como dinero, es decir, un medio de compra y un medio de pago, por tanto el dinero se presenta como una mercancía absoluta, el cual permite el proceso de circulación, luego, cuando el dinero se paraliza, es decir, “cuando se retira de la circulación de mercancía-dinero (oro) y se lo recoge como valor-en-sí, se transforma en tesoro”.[9] Y es así, como dice Marx que el oro se fetichiza, el humano mismo convierte el dinero (oro) en deidad, sacrificando su vida para obtenerlo y acrecentarlo.

Bibliografía

Enrique Dussel, Hacia un Marx desconocido: Un comentario de los manuscritos del 61 – 63, México, Ed. Siglo XXI, 1988, pp. 13 – 53.

[1] Enrique Dussel, Hacia un Marx desconocido: Un comentario de los manuscritos del 61 – 63, México, Ed. Siglo XXI, 1988, p. 13.

[2] Cfr. Ibid., p. 21.

[3] Idem

[4] Cfr. Ibid., p. 27.

[5] Ibid., p. 28

[6] Cfr. Ibid., p. 31.

[7] Ibid., p. 34.

[8] Ibid., p. 41.

[9] Ibid., p. 48.

Marx y su Concepto de lo Humano por Erich Fromm

Lo que crítica Marx del capitalismo es la perversión del trabajo en un trabajo forzado, enajenado, sin sentido.

Erich Fromm
Marx

En la obra: Marx y su Concepto de Hombre; Erich Fromm presenta una concepción de lo humano desde la corriente marxista. Este análisis evidencia las concepciones erróneas que se hubieran hecho y, muestra lo que en un principio Marx pretendía con su propuesta.

La obra en la cual fundamenta su análisis son los Manuscritos Económico-Filosóficos de Karl Marx. La pretensión de Fromm es valorar, dentro de las ideas marxistas, la naturaleza del hombre y su espíritu de independencia. Aunque, generalmente, se reconoce a Marx como el teórico de la lucha de clases, suele dejarse fuera la concepción que tenía sobre la conciencia humana, cuya libertad es obstaculizada por el capitalismo .

El punto de partida de Marx para abordar la naturaleza de lo humano, está en la idea de que, el ser humano es un ser reconocible y determinable, que puede definirse no solo como materia biológica, anatómica y fisiológica, sino también, psicológicamente. La naturaleza, está relacionada con la historia y determinada por ésta. “La historia es la historia de la autorrealización del hombre, no es más que la autocreación del hombre a través de su trabajo y su producción.” [1]

Según el planteamiento de Marx, sólo cuando el humano es productivamente activo, puede encontrar un sentido a la vida y, aunque, así goza la vida, no está aferrándose a ella codiciosamente. Más bien, renuncia a la codicia por acumular y se realiza siendo: “El hombre vive sólo en tanto que es productivo, en tanto que capta el mundo que está fuera de él en el acto de expresar sus propias capacidades humanas específicas y de captar el mundo con estas capacidades.”[2] Sólo a partir de ese proceso productivo el hombre puede realizar su propia esencia, y por tanto, es parte constitutiva de su ser que se mantenga en esa actividad productiva, por medio de la cual, se autorrealiza.

Marx, Engels y familia

Fromm analiza la relación inmediata, natural y necesaria del ser humano con el ser humano. Esta, se realiza mediante los sentidos a partir de objetos exteriores. Es el amor lo que nos hace crear una realidad a partir del mundo material. Dicha relación, es lo que Marx concibe como la “vida productiva”, “vida que crea vida”. Y es en esta actividad productiva, en donde se encuentra el carácter de una especie, es decir: la esencia del hombre.

La independencia y la libertad, para Marx, se basa en el acto de autocreación. El fin del socialismo propuesto por Marx era la emancipación del ser humano, su autorealización en el proceso de la relación y la unidad productiva con el hombre y la naturaleza. Así que, sólo cuando el hombre alcanza esa emancipación, habrá logrado su independencia pues en la medida que ejercita su naturaleza productiva se va realizando.

Erich Fromm afirma que: “Toda concepción de Marx de la autorrealización del hombre puede entenderse plenamente sólo en relación con su concepto de trabajo.”[3] El trabajo para Marx es una actividad y no una mercancía, es un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso mediante el cual cada hombre realiza, regula y controla su intercambio de materias con la naturaleza. Fromm concibe el trabajo como “la autoexpresión del hombre, expresión de sus facultades físicas y mentales individuales”,[4] por tanto, no es sólo un medio para lograr un fin, sino un fin en sí, la expresión significativa de la energía humana. Lo que crítica Marx del capitalismo es la perversión del trabajo en un trabajo forzado, enajenado, sin sentido. Resulta necesario que cada hombre tenga ocupaciones diversas a lo largo de toda su vida y no permanecer en la sumersión a una sola ocupación.

Erich Fromm

A partir de lo expuesto, Fromm manifiesta la mala interpretación de Marx producida por los comunistas, los socialistas y los opositores capitalistas. Marx sólo quería el mejoramiento económico de la clase trabajadora y quería abolir la propiedad privada para que el obrero pudiera tener lo que ahora tiene el capitalista, sin embargo, por las malas interpretaciones, los sistemas sociales y políticos derivados del Marxismo han dejado al humano igual y hasta en peores condiciones que cuando pertenecía a la clase obrera capitalista, ha pasado de estar enajenado al patrón industrial capitalista al gobierno absoluto socialista o comunista.

La concepción del socialismo de Marx es la emancipación de la enajenación, la vuelta del hombre así mismo, a su autorrealización. La enajenación significa para Marx, “que el hombre no se experimenta a sí mismo como el factor activo en su captación del mundo, sino que el mundo permanece ajeno a él.”[5] Se trata de experimentar al mundo y a uno mismo, de forma pasiva, receptivamente, como sujeto separado del objeto. Significa que: adora lo que él mismo ha creado y al hacerlo se transforma en cosa. La enajenación es realizada en el trabajo, en la relación activa del humano con la naturaleza, la creación de un mundo nuevo. Enajenarse del trabajo significa que el hombre enajena sus propias facultades creadoras, y los objetos de su trabajo dejan de ser ajenos a él.

La preocupación de Marx es la liberación del hombre de un tipo de trabajo que destruye su individualidad, que lo transforma en cosa y que lo convierte en esclavo de las cosas: “En el trabajo no enajenado, el hombre no sólo se realiza como individuo sino también como especie.”[6] Y es que el trabajo enajenado nos arrebata nuestro objeto de producción y, por ende, nuestra propia vida. Cuando el trabajador no participa en la dirección del trabajo, se transforma en una cosa por su dependencia del capital. El hombre enajenado se convierte en esclavo de las cosas y las circunstancias cuando cree haberse convertido en amo de la naturaleza.

Cada hombre está enajenado en relación con los otros y cada uno de los otros está, a su vez, enajenado de la vida humana. “La enajenación conduce a la perversión de todos los valores.”[7]

De ahí que, por ejemplo, el hombre capitalista suela relacionarse con el mundo poseyéndolo y consumiéndolo, puesto que todos ansían cosas nuevas para poseer las y usarlas.

Enajenarse del trabajo significa que el hombre enajena sus propias facultades creadoras, y los objetos de su trabajo dejan de ser ajenos a él.

La concepción del socialismo en Marx se desprende de este concepto contrario a la enajenación, no es una sociedad en la que el individuo esté subordinado al Estado, a la máquina, a la burocracia. “El fin del socialismo es el hombre. Es crear una forma de producción y una organización de la sociedad en que el hombre pueda superar la enajenación de su producto, de su trabajo, de sus semejantes, de sí mismo y de la naturaleza.”[8] Significa, que el hombre produce de una forma asociada y no coompetitiva, el individuo participa activamente en la planeación y en la ejecución de los planes. Y dice Fromm: “El hombre pudiera hacerse independiente, pararse sobre sus propios pies y ser creador y dueño de su propia vida, comenzaría a hacer de la vida su principal ocupación.”[9]

El fin principal del socialismo debe ser, por tanto, el reconocimiento y la realización de las capacidades humanas de creación o transformación, que sólo será posible cuando la producción sirva al hombre, y, el capital deje de crear y explotar las necesidades falsas del humano.

El humano des-enajenado será aquél que no domina a la naturaleza sino que se identifica con ella, que está vivo, que reacciona ante los objetos, de modo que éstos, cobran vida para él. “El socialismo significaba el orden social que permite la recuperación del hombre, la identificación entre existencia y esencia, la superación de la separación y el antagonismo entre sujeto y objeto, la humanización de la naturaleza; significaba un mundo en el que el hombre no es ya un extraño entre extraños, sino está en su mundo, donde se siente como en su propia morada.”[10]

Black Friday

Bibliografía:

FROMM, Erich, Marx y su concepto de  hombre, FCE, México, 2001, pp. 7-93.


[1] FROMM, Erich, Marx y su concepto de  hombre, FCE, México, 2001, p. 37.

[2]Ibid., p. 41.

[3]Ibid., p. 50.

[4]Ibid., p. 52.

[5]Ibid., p. 55.

[6]Ibid., p. 60.

[7]Ibid., p. 65.

[8]Ibid., p. 69.

[9]Ibid., p. 71.

[10]Ibid., p. 79.


Hannah Arendt: Sobre la Labor; el Trabajo; la Acción.

Sin esta vida actuante,

el ser humano carecería

de sentido en el mundo.

Arendt
Arendt.

En el presente texto, se exponen dos temas desarrollados por Hannah Arendt, y compilados, en el volumen De la historia a la acción. También, al final de este documento, se mencionan varios puntos centrales de la conferencia celebrada en el Congreso “Arendt sobre Arendt”; del cuál, ella fue partícipe.

El tema principal, en el que fluctúa el pensamiento de Arendt, es la acción y responsabilidad. Parte de una comprensión del mundo, la cual, permite aceptar los acontecimientos para construir sobre ellos. El ser humano es un constante “comenzar”. Por otro lado, reconoce que las acciones son importantes para el progreso humano, y son, las mismas que, inmortalizan al hombre a través del tiempo.

La brecha entre el pasado y el futuro, manifiesta su objeción contra las ideas especulativas que se han venido dando, a través, de la tradición, sin que ayuden a vivir, ni pro – evocan bienestar en el presente. Lo dicho anteriormente, viene reforzado en su tema Labor, Trabajo y Acción, donde enfatiza en el humano actuante, es decir, un ser, cuya vida diaria, es un constante movimiento que construye algo, y que, se hace responsable por lo que realiza. Sin esta vida actuante, el ser humano carecería de sentido en el mundo. No estaría en un mundo estable, donde él es el amo y señor de cuanto le rodea, esto es, del mundo y la naturaleza.

El trabajo o la actividad, sólo era reconocida si aportaba estabilidad, orden y seguridad para la vida contemplativa.

Por tanto, comienza en Labor, Trabajo y Acción con puntualizar que hay dos modos de vida: la activa y la contemplativa. La primera ha sido definida, desde la tradición, por personas dedicadas a la vida contemplativa, es decir, que se subordina a ésta: “ la contemplación es de un orden superior al de la acción, o según la cual, toda acción no es más que un medio cuyo verdadero fin es la contemplación”.1 Sin embargo, Arendt objeta este argumento, diciendo que no siempre es posible abandonarse a la contemplación; además, en el ámbito cristiano, era imposible romper con el orden jerárquico establecido, ya que, la verdad revelada era dada mediante la contemplación, es decir, como resultado de una actividad mental o como el conocimiento que se adquiere por medio de la fabricación.2

Según Arendt, el trabajo o la actividad, sólo era reconocida si aportaba estabilidad, orden y seguridad para la vida contemplativa, es por tanto, que la acción política, era reconocida por dar estos elementos. Luego pasa a la distinción entre labor y trabajo. Labor significa ser productivos; una necesidad del hombre para sobrevivir, y por ende, dura el tiempo que vive un humano. Por otro lado, trabajo es el comienzo y fin de algo, es la construcción, o transformación de la materia en algo, que proporciona estabilidad en el mundo. Labor es producir algo constantemente que tiene comienzo, quizás pero no un fin determinado; el trabajo es la fabricación del mundo en el que vive el hombre y por la cual requiere de artículos para dominar el medio. Y, es este mundo fabricado por el hombre, el que le otorga estabilidad a la vida humana y permite la relación de ésta con la Naturaleza.

Homo Faber

Lo que surge del trabajo, del homo faber, es la destrucción de la naturaleza, violación y violencia, donde el hombre se hace dueño de la naturaleza, de sí mismo y de sus actos. Sin embargo, si bajo la perspectiva del utilitarismo, el hombre traspasa los límites de su habilidad para fabricar, puede llevar al mundo a la ruina. El medio, para no caer en este drástico final, es la palabra y la acción, que permite insertarnos en el mundo humano, distinguirnos de los demás, y de algo, que está en frente de nosotros.

Esta inserción “es incondicionada; su impulso surge con la primera inhalación en el mundo real, y al que respondemos por nuestra propia iniciativa, con el imaginario. Actuar, en su sentido más general, significa, tomar una iniciativa, comenzar como lo indica la palabra griega arkhein, o poner algo en movimiento”.3

Acción y Palabra están ligados, y, es por esta relación que nos reconocemos ante los demás como iguales. En un mundo común, donde están presentes otros, y, que es fabricado por el hombre. Lo convierte en su hogar. Una acción carente, de un quién no posee un significado.

Todo lo que el hombre haga o deje de hacer no podrá ser cambiado.

Acción es equivalente a la historia, porque sin aquella, no hay que contar. La historia de un particular, o de una época, no es está fabrica de artículos, son procesos, productos de la labor, tramas enlazadas por las acciones, y discursos humanos, que se entretejen para dar que narrar.

Por lo tanto, se puede decir, que los procesos de la acción son impredecibles e irreversibles, de lo que se concluye que: todo lo que el hombre haga o deje de hacer no podrá ser cambiado, no hay vuelta al pasado para cambiar los hechos y darle nueva dirección a la vida.

Sólo queda dos cosas por hacer para remediar la impredecibilidad e irreversibilidad: para el primero, no queda mas que, hacer y mantener nuestras promesas; y, para el segundo, perdonar es lo único que se pude hacer, cuando no está en nuestras manos, cambiar el pasado para darle sentido al presente. La creación de lo humano, es la creación de su acción: “sin la acción, sin la capacidad de comenzar algo nuevo, y de este modo, de articular el nuevo comienzo que entra en el mundo con el nacimiento de cada ser humano, la vida del hombre, que se extiende desde el nacimiento a la muerte, sería condena sin salvación”.4

En cuanto, a El Pensar y las Reflexiones Morales” desglosa cómo el pensamiento permite evitar actuar negativamente: “La manifestación del viento del pensar no es el conocimiento; es la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo”.5 Arendt se desliga del concepto de “pensar” como el proceso por el cual se obtienen conocimientos verdaderos sobre la realidad, y que, permite formular teorías o sistemas que expliquen el mundo; para ella, pensar es el acto de reflexionar sobre nuestros propios hechos cotidianos sin más, actualizar lo que hay en nuestra conciencia, saber qué decir y hacer en el mundo. Toma como referencia a Sócrates, como el ser que no busca el conocimiento por el conocimiento, sino que, se introduce en sí mismo para reconocer lo que su conciencia posee, es es el testigo de los actos de lo humano, lo turba y le hace reflexionar sobre quién es y qué hace.

Por tanto, entendido el pensar como algo natural del hombre, como facultad que esta presente en el mundo y para todos; la incapacidad de pensar del hombre, sería una posibilidad de evitar la relación del hombre consigo mismo y en consecuencia, de darse cuenta de sus actos en el mundo.6 Sin embargo, el pensar del hombre no es tan benéfico para la sociedad, ya que, desmorona las reglas de conducta, las estructuras sociales. El pensar, sólo toma relevancia cuando la irreflexión de los demás, no puede constituir una estabilidad social, entonces, los que piensan son considerados a la acción, porque sus opiniones permiten desechar teorías, doctrinas o valores que no conducen a dar sentido a la vida humana.

Como último apartado de la obra de Arendt, se nos muestra una conferencia que dio en un congreso con respecto a su pensamiento. En esta conferencia titulada “Arendt sobre Arendt” se puede sintetizar los temas tratados en el compendio “De la historia a la Acción”, ya que, menciona la importancia del pensar y de actuar; el pensar, no en el sentido metafísico o de la pura abstracción, sino, como una contemplación del mundo, del acontecer humano. Por otro lado, marca los límites entre pensar, teoría y acción, que si bien son distintos, mantienen una relación que permite dar orientación a la vida.

Bibliografía

Arendt, Hannah, De la Historia a la acción, Paidós, México, 2008, págs. 89-171.


1 Hannah Arendt, De la historia a la acción, Paidós, México, 2008, pp. 89.

2 Cfr. ibídem, pp. 91.

3 Ibídem, pp. 103.

4 Ibídem, pp. 107.

5 Ibídem, pp. 137.

6 Cfr. Ibídem, pp. 135.