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El Dispositivo Social por Giorgio Agamben.

“El dispositivo siempre tiene una función estratégica concreta y siempre se inscribe en una relación de poder. ”

Agamben
Agamben

Este documento presenta lo que es para Giorgio Agamben el dispositivo. Agamben menciona que las cuestiones terminológicas son importantes en la filosofía; sin embargo, esto no significa que los filósofos, necesariamente, tengan que definir siempre sus términos. Según algunos autores, tenemos por ejemplo a “Platón [que] nunca definió el más importante de sus términos: “Idea”. Otros, en cambio, como Spinoza y Leibniz, prefieren definir de forma geométrica sus términos técnicos”1. A su vez, para algunos les son importantes los signos gramaticales: en el caso de Heidegger, en sus expresiones con los guiones, por ejemplo: el in-der-Welt-sein el cual tiene un carácter evidentemente terminológico, o como lo expresa Gilles Deleuze en su obra “La Inmanencia”: una vida…, estos elementos son términos técnicos, esenciales para la comprensión del texto, y con estos ejemplos, Agamben quiere dar inicio al tema de su conferencia titulada “Dispositivo”.

El dispositivo es “un término técnico decisivo en la estrategia del pensamiento de Foucault. Lo usa a menudo, sobre todo a partir de la mitad de los años setenta, cuando empieza a ocuparse de lo que llamó la gubernamentalidad o el gobierno de los hombres”2. Con este término, indica un conjunto heterogéneo de elementos que incluyen a los discursos, instituciones, decisiones reglamentarias, leyes, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales y filantrópicas, y todos estos elementos son del dispositivo. Por tanto, un dispositivo es mucho más que la episteme; a la vez Agamben lo llama una red que establece los elementos antes mencionados3, aunque el dispositivo puede ser discursivo como no discursivo.

El Dispositivo

Agamben resume este término en tres puntos:

“1) Es un conjunto heterogéneo, que incluye virtualmente cualquier cosa, lo linguístico, al mismo título: discursos, instituciones, edificios, leyes, medidas de policía, proposiciones filosóficas, etc. El dispositivo en sí mismo es la red que se establece entre estos elementos.

2) El dispositivo siempre tiene una función estratégica concreta y siempre se inscribe en una relación de poder.

3) Es algo general, una red, porque incluye en sí la episteme, que es, para Foucault, aquello que en determinada sociedad permite distinguir lo que es aceptado como un enunciado científico de lo que no es científico”4.

Sin embargo, cuando Agamben hace un análisis histórico de este término, el cual tiene su origen en Hegel, y después lo retoma Foucault, afirma que, en los diccionarios franceses, el dispositivo se distinguen en tres sentidos: sentido jurídico, tecnológico y militar. En el primero, se define como la parte de un juicio que contiene la decisión por oposición a los motivos, esto es, de la sentencia que decide y dispone; en el segundo, es la manera que se disponen las piezas de las máquinas; y por último, el conjunto de medios dispuestos de acuerdo a un plan5.

Pero, antes de seguir esta idea, Agamben aclara que este término surge a partir de la idea de los griegos, de oikonomía, que significa la administración del oikós, de la casa, posteriormente se usa en la teología cristiana por Tertuliano, Hipólito e Irineo, en el sentido de la economía de la salvación. A su vez los mismos teólogos fueron distinguiendo entre un “discurso o logos de la teología y un logos de la economía, y la oikonomía se convirtió en el dispositivo mediante el cual fue introducido el dogma trinitario en la fe cristiana”6. Después el término oikonomía es traducido por los padres latinos al término “dispositio” del cual se deriva el “dispositivo”.

Teniendo esta idea general del término, Agamben afirma que, llamará literalmente dispositivo “a cualquier cosa que tenga algún modo la capacidad de capturar, orientar, determinar, interceptar, modelar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y discursos de los seres vivientes”7. Remitiéndose más en la situación actual de la sociedad, dice Agamben que, se vive en el desarrollo capitalista una gigantesca acumulación y proliferación de “dispositivos”. Es decir, en sentido que estos dispositivos controlan, modelan y contaminan la vida de los individuos.

Agamben

Bibliografía:

Reberendo, Fernando, “Giorgio Agamben ¿Qué es un dispositivo?”, en la web: http://deleuzefilosofia.blogspot.com/2008/11/qu-es-un-dispositivo-giorgio-agamben.html accesado el día 22 de febrero de 2011.

1Reberendo, Fernando, “Giorgio Agamben ¿Qué es un dispositivo?”, en la web: http://deleuzefilosofia.blogspot.com/2008/11/qu-es-un-dispositivo-giorgio-agamben.html accesado el día 22 de febrero de 2011.

2Ibidem.

3Cfr. Ibidem.

4Ibidem.

5Cfr. Ibidem.

6Ibidem.

7Ibidem.

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La Crítica al Empiriocriticismo por Lenin I

El conocimiento es un proceso de la verdad subjetiva a la verdad objetiva.

LENIN
LENIN

La filosofía empiriocriticista surge a fines del siglo XIX. Es denominada como la filosofía de la experiencia crítica, o también, conocida como Machist1. Aparece como una variedad del positivismo, la cual pretendía ser la única filosofía científica, superando la dualidad de materialismo y idealismo. Esta filosofía se confundió como paradigma de la ciencia; la cual estaba llamada a sustituir al materialismo dialéctico difundido por Marx. Pero esta filosofía se acercaba más al carácter subjetivo lo que contradecía el precepto material del orden social.

Ante tal pensamiento, se plantea la importancia de defender los principios marxistas, esclareciendo las cuestiones fundamentales del materialismo dialéctico, y, con estas cuestiones, explicar nuevos descubrimientos con las Ciencias Naturales, dado que, los filósofos reaccionarios se afanan por demostrar que la realidad objetiva no se podía conocer, y por ende, no la transformamos, cosa absurda, eliminando, por tanto, la relación real entre la materia y lo humano. Y reducen, entonces, el trabajo de la ciencia al análisis de las sensaciones humanas. Esta crítica la realiza Lenin con la obra Materialismo y Empiriocriticismo, y logra aclarar la inconsistencia de estos argumentos, refiriendo un resurgimiento del pensamiento idealista de Berkeley y Hume.

Ante el trabajo de refutar las ideas de los filósofos reaccionarios, Lenin define lo que es la materia. Se contrapone al Machist. Ya que sus seguidores creían que no existe la verdad en la materia. Lenin, entonces, la define como: “categoría filosófica para designar la realidad objetiva, dada al hombre en sus sensaciones, calcada, fotografiada y reflejada por nuestras sensaciones y existente independientemente de ellas”2. Esta definición de la materia, es una clara oposición contra las creencias del Machist. La materia designa la realidad objetiva.

La lucha intelectual contra el Machist obliga a Lenin a definir varios conceptos que ayudarán a fundamentar la doctrina marxista contra el Empiriocriticismo. Temas recurrentes y que toman mucha importancia es el del conocimiento y el de verdad. Siendo el Machist una doctrina que está en contra de la ciencia y que defiende el idealismo subjetivista, Lenin se afana por dejar en claro otro concepto como el de verdad, del cual dice que es un “proceso complejo y contradictorio del desarrollo del conocimiento”3. Lenin propone así la verdad bajo dos aspectos: la objetividad de nuestros conocimientos y la independencia del contenido respecto del sujeto. Sobre el conocimiento Lenin propone (desde el pensamiento marxista) que éste no es acabado, sino que está inmerso en una dialéctica, que nace de la ignorancia y llega a ser, cada ves, más completo y más exacto4. Hace referencia a que el conocimiento es un proceso de la verdad subjetiva a la verdad objetiva.

Este cambio en la forma de concebir el conocimiento, dejando de lado las leyes objetivas fundamentales, sobre todo en las ciencias naturales como lo fue en el caso de la física, las pone en crisis; pues, se repudia la realidad objetiva, y en cambio, se sobrepone el idealismo y el agnosticismo, argumentando que se busca conciliar la ciencia con la religión.

Materialismo Dialéctico y Modos de Producción

Lenin, refuta las ideas del Machist (ideas que éstos presentan como nuevas) y descubre que estos filósofos (que ellos mismos se hacen llamar “marxistas”) utilizan argumentos basados en el pensamiento de Berkeley5, a ésto, Lenin reaccioná, y escribe la apología, aclarando las intenciones del empiriocriticismo y las del marxismo.

Estos materialistas, caen en contradicción, al aceptar las “cosas en sí”, donde la materia está fuera de la experiencia, es decir, fuera de nuestro conocimiento. Afirma que hay algo que sale de los límites de la experiencia, y que, éste obra en nuestros sentidos, suscitando sensaciones. La contradicción que descubre Lenin, es que ellos se apoyan en lo desconocido como principio de conocimiento, al afirmar que la única fuente de conocimiento está en los sentidos. Por tanto, se cae en un misticismo, al afirmar ese algo que hay más allá 6.

Esta idea, por supuesto, no es nueva. Berkeley ya antes propuso este pensamiento en su obra editada en 1710 con el título de “Treatise Concerning the Principles of Human Knowledge” (Tratado de los principios del Conocimiento Humano), en donde explica, que el conocimiento adquirido por el humano es un conjunto de ideas, esto es, cualidades o sensaciones, como lo duro, lo blando, lo caliente, etc. explica después que, aparte de estas ideas, existe algo que las percibe y, que estas ideas percibidas por aquél, no pueden existir fuera de su mente.

Otro argumento que refuta Lenin, es el de la “Duplicación del Mundo”7. Los Machist (guasones, como el mismo Lenin los nombra) aseguran que han descubierto el error de la “duplicación del mundo” en la doctrina de los materialistas, aunque se sabe, que ya desde 1710 se habían descubierto estos errores. Berkeley refuta esta teoría, que admite esa posibilidad de pensar lo impensable, ya que se admite una diferencia entre “cosas” e “ideas”, y, la existencia de objetos exteriores a la conciencia, no existe.

Es así como Lenin comienza su obra, contra aquellos ‘marxistas’, que es su tiempo, 1908, refutaban el materialismo: aquellos filósofos del llamado empiriocriticismo. Lenin aclara que el pensamiento de Berkeley, es su fundamento y que su pensamiento, que ellos dicen ser nuevo, es el mismo de Berkeley y que éste es un idealismo, no un materialismo afirmado por ellos mismos.

LENIN por Andy Warhol

Bibliografía:

  • Bertrand Russell, Historia de la filosofía, Aguilar, España, 1973.
  • Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Progreso, Moscú, 1979.

1. “Ernst Mach. Físico y filósofo austriaco. Nació el 18 de febrero de 1838 en Turany (hoy República Checa). Hasta los catorce años fue educado en su hogar paterno, posteriormente asistió a un colegio de enseñanza secundaria. Cursó estudios en la Universidad de Viena y fue profesor de las universidades de Graz, Praga y Viena desde 1864 hasta 1901, año en que se retiró de la vida académica. Partidario de que la ciencia debería restringirse a la descripción de fenómenos que pudieran ser percibidos por los sentidos, sus escritos contribuyeron a liberar a la ciencia de conceptos metafísicos y ayudaron a establecer una metodología científica que preparó el camino para la teoría de la relatividad. Estudió los fenómenos psicológicos de las sensaciones y las percepciones, y realizó importantes trabajos en balística. Falleció el 19 de febrero de 1916 en München, Alemania”. “Ernst Mach”, en: http://buscabiografias.com/cgi-bin/verbio.cgi?id=6598 , consultado en septiembre de 2011.

2. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Progreso, Moscú, 1979, p. 134.

3. Ibidem, p. 10.

4. Cfr., Ibidem, p. 105.

5. Es importante que Lenin descubra que los argumentos de los machistas provienen del pensamiento de Berkeley ya que éste es de importancia en filosofía por haber negado la existencia de la materia y que los objetos materiales sólo existen en virtud del hecho de percibirlos. Así, por ejemplo, un árbol no existe si nadie lo está mirando, pero debido a la percepción de Dios, que siempre percibe las cosas, éstas tienen una existencia continua. Berkeley es idealista y aquellos que se hacen llamar ‘marxistas’ y pretenden perfeccionar el marxismo en realidad están acabándolo basándose en este pensamiento.
Cfr., Bertrand Russell, “Berkeley”, en: Historia de la filosofía, Aguilar, España, 1973, p. 563.

6. Cfr., Lenin, op. Cit., p. 22.

7. La “duplicidad del mundo” consiste en: “El supuesto de la doble (twofold) existencia de los objetos sensibles, a saber: una existencia inteligible, o en la mente, y otra existencia real, o fuera de la mente (es decir, fuera de la conciencia)”. Ibidem, p. 26.

El Poder de la Razón por H.G. Gadamer.

Es una contradicción, el que la razón, debe tener poder y ejercer dominio.”

Gadamer
HANS-GEORG GADAMER

“Sobre el Poder de la Razón”, es un discurso de Hans-Georg Gadamer pronunciado en la inauguración del XIV Congreso de Filosofía de Viena, el 2 de septiembre de 1968. Está compilado en la obra Elogio de la Teoría junto con otros discursos, artículos y conferencias.

Gadamer, parte de la convicción básica de toda la Ilustración: la fe en la razón y en su victorioso poder, siendo la filosofía la consumación de tal movimiento. Sin embargo, afirma: “si la filosofía fuese realmente pura ciencia de la razón, o la razón de la ciencia, no habría, entonces, duda alguna de que la razón en forma de filosofía ocupa, hoy, ciertamente en la vida humana, el verdadero lugar dominante del que gozó en otros tiempos como reina de las ciencias”[1].

La “Razón“, según Gadamer, se manifiesta impotente ante todas las experiencias de la humanidad: la pasión, la violencia, la guerra, el abuso de la ciencia (energía atómica), etc. A pesar de esto, el que piensa, conserva la esperanza y la confianza de que, al final, la razón vencerá, imponiendo a la vida humana grandes y razonables formas de equilibrio, aún yendo contra la sinrazón, donde los hombres confluyen.

Al pasar del análisis de conceptos al conocimiento del mundo, la razón hace de la ciencia ya no sea ciencia de la razón, sino de la experiencia, gracias al escepticismo de Hume y la Crítica de la Razón Pura de Kant. Consecuencia de ello, es la desacreditación de la fe en la razón. No obstante, Gadamer dice que “el conjunto de nuestra moderna fe en la ciencia subsiste como testimonio indirecto del poder de la razón, y es bueno ser consciente del valor de este testimonio; y sin duda, también de su limitación”[2]. La razón humana ya no es reflejo de la infinita razón divina, sino testimonio del poder de la razón, que hace del humano apto para la ciencia, confrontándolo con su propio saber, y con su propia capacidad de juicio.

Los griegos, comprendieron la maravilla de la ciencia como posibilidad para los humanos. Platón, al componer su Estado ideal, incluía a la ciencia como camino hacia el bien común, dentro del ámbito de la educación, junto con la matemática, la música, la astronomía. Aristóteles analizó la relación existente entre la capacidad humana hacia los intereses teórico y la construcción de la esencia humana a través de la educación en familia y en el orden social. “Poder dedicarse enteramente a lo «teórico» presupone el «saber práctico», la fuerza de conducción de la razón en la acción y en el comportamiento humanos”[3].

La razón, no es simplemente una capacidad que uno tiene, sino algo que sirve para formar.

La razonabilidad es mucho más que una actitud humana, algo a lo que uno se ciñe y que uno mantiene para crear y para conservar el siempre nuevo orden humano y moral edificado sobre normas comunes. “Justamente porque la razón práctica se pone en obra al mismo tiempo siempre como concretización de lo que da sentido a la vida […] podría mantenerse la unidad de la ciencia práctica”[4], aunque ésta, al estar subordinada a la naturalidad de la nueva ciencia de la naturaleza, deslegitima cada vez más el saber de una ciencia práctica.

Así, la nueva ciencia trajo al hombre el dominio de la naturaleza en una dimensión y en un sentido completamente nuevos. El nuevo saber penetró a través de la abstracción, la medida y el cálculo en las leyes que rigen la naturaleza. “La nueva ciencia, aunque como siempre estaba orientada exclusivamente al simple conocimiento de la naturaleza, al maravillado desciframiento de sus secretos, al conocimiento de las leyes de su orden que tan, infinitamente atrás, dejan a todas la formas humanas de la ley y el orden, era un saber de las posibilidades de dominio sobre acontecimientos naturales y se incorporó por sí misma al ilimitadamente amplio ámbito de la praxis humana”[5].

Gadamer expresa como signo característico de su época, el que se emprenda la fundación de la organización de la sociedad, sobre los conocimientos de las ciencias de la experiencia. Agrega además, que: “en la moderna sociedad industrial, la razón es lo que conduce el poder en las obras, ya sea en la razón comercial del productor que valora la venta, o en la del planificador, que estima la demanda y establece las prioridades de su satisfacción. Todos se servirán en sus planes del consejo de la ciencia, tal como las autoridades que gestionan el ente público y, por último, la política cultural”[6].

La forma de acepción de la Razón

Todo lo evidente, lo que ha llegado a ser común, la convicción común, predetermina, necesariamente el trabajo metódico de la investigación, la elección de su modo de preguntar como la valoración de sus resultados, y la opinión pública que le sigue. Se denomina a lo que predetermina nuestra capacidad de juicio, nuestros prejuicios. La ley de vida de la ciencia es no dejar sin probar en un solo prejuicio, someter a todos los fenómenos desconocidos y todavía no dominados a investigación teórica y conducirlos al dominio científico. “El especialista de la construcción de la opinión, el estudioso de la opinión pública, el publicista, el sociólogo, el psicólogo social, el politólogo, surten progresivamente el círculo de los expertos de la ciencia cuyo juicio cuenta”.[7]

La razón consiste siempre en no afirmar ciegamente, lo tenido por verdadero, sino en ocuparse en ello críticamente”

Hablando del lenguaje, Gadamer afirma que todas las sensaciones comunes toman expresión en palabras nuevas que entran en uso. “Hay dos palabras, en especial, que ya a través de su formación delatan qué, a falta de posibilidad de identificación, sentimos por lo general, las palabra nuevas y una antiguas, bajo esquemas de el limitado campo de aplicación como base: la tecnocracia y burocracia”[8]. En estas palabras se reclama justamente el dar cuenta de la necesidad de la razón y el identificarse con la inteligencia. El tecnócrata hace imposible toda identificación racional de su voluntad con el interés común, siendo el representante de una violencia extraña, inaccesible a la razón. La burocracia, como reconocido vicio capital de la gestión racional del mundo, ataca por completo, en nombre de una razón vulgar que se quiere común y no sólo la incomprensibilidad de la ciencia común , sino la falta de comprensión de las acciones administrativas.

Por último, Gadamer termina exhortando a que los filósofos, como expertos de la razón, alcen el poder de ésta por encima de toda duda, aunque es contradicción “el que la razón debe tener poder y ejercer dominio, y es por completo normal, que el gremio de los filósofos, sea casi imperceptible en el juego de fuerzas de las verdaderas luchas de poder entre los Pueblos; los Estado; las Religiones; las Concepciones del Mundo; los Sistemas Económicos.

No hablamos en nombre de la razón. El que habla en nombre de la razón, se contradice. Pues lo razonable es conocer la limitación de la propia inteligencia y, precisamente de ese modo, ser capaz de una mayor comprensión, venga de donde venga. […] La razón consiste siempre en no afirmar ciegamente, lo tenido por verdadero, sino en ocuparse en ello críticamente”[9].

Bibliografía

  • Hans-Georg Gadamer, Elogio de la teoría, Barcelona, Península, 2000, pp. 44-57.

[1] Hans-Georg Gadamer, Elogio de la teoría, Barcelona, Península, 2000, p. 45.

[2]Ibídem, p.47.

[3]Ibídem. P. 48

[4]Ibídem, p. 49.

[5]Ibídem, p. 50.                                                                                                        

[6]Ibídem, pp. 51-52.

[7]Ibídem, p. 54.

[8]Ibídem, p. 55.

[9]Ibídem, pp. 56-57.

“Ser, Evento, Lenguaje”, la ontología en el pensamiento de Heidegger

El lenguaje, entendido como signo, da las condiciones necesarias para permitir al humano abrirse al ser, es decir, conocerlo y hablar de él.

Martín Heidegger
Heidegger

Retomamos el pensamiento de Heidegger, a travéz, de la obra Introducción a Heidegger de Gianni Vattimo. En este texto, se pretende exponer la obra titulada “Ser, Evento, Lenguaje”, la cuál hace una aclaración sobre el problema de la concepción del ser; y, si este, quiere ser comprendido como objeto o como simple presencia. Para Heidegger, es indispensable reconocer al ser dentro de una profunda relación con el Dasein del humano. De tal manera, se habla de elaborar un proyecto sobre el sentido del ser, desarrollando lo dicho en escritos sobre la historia de la metafísica, como historia del ser, para así llegar a comprender el ser.

Si el ser no es pensado, no es objeto y por ende no existe. El fin de la metafísica gira en torno, a realizar una reflexión sobre el ser en lo humano y sobre el modo de concebirlo. En un primer momento, se indica: “la metafísica no es un error de este o aquel pensador o de todos los pensadores, sino que es primordialmente un modo de determinarse el ser mismo, lo cual ocurre ciertamente en la actividad del hombre y de algún modo por obra suya”.[1] La metafísica, es la historia del ser donde el hombre no es simple espectador o actor, sino hay un vinculo entre el ser y el humano, relación que permite el conocimiento de los entes, por tal motivo, para que haya una verdad óntica debe estar a la base una verdad ontológica.

En este sentido, cabe señalar que incluso el humano en su elegir, hacer y pensar está hasta cierto punto determinado por una correlación con los entes: “Todo acto libre del hombre presupone esta libertad más originaria que es el ‘dejar ser al ente’; no es el hombre quien posee la libertad, sino que la libertad posee al hombre”.[2] A su vez, el ser sólo se devela cuando hay un Dasein, aunque esto, no quiere indicar que el ser sea un producto del humano, sino simplemente, que el individuo hace ser a los entes en el momento que acontecen, y a este acontecer u ocurrir Heidegger lo designará como “evento” o ereignis, que es considerado como la relación de expropiación-apropiación del ser para con el humano y viceversa. “El ser se relaciona con el hombre cuando tiene necesidad de éste para acontecer; y el acontecer no es un accidente o una propiedad del ser sino que es el ser mismo”.[3] De esto, que la esencia del ser sea estable y válida, para cada uno de los modos históricos en donde se determina de cierta manera a los hombres de una época, por ejemplo, se le han designado varios términos según el contexto histórico, en algunas ocasiones es llamado phiisis, lógos, Tao o evento. El ser, pues, tiene una historia y Heidegger la considera un “eventualizarse histórico”, el cual lleva al ser a determinar el modo en el que el Dasein se relacionará con el ente y consigo mismo. El sentido del ser, de esta forma, ya no se presenta como la nada del ente, sino ahora se presenta como evento.

El Evento construye al Ser por medio del Lenguaje

Ahora bien, esto lleva a manifestar que el Dasein pertenece a un mundo histórico, en donde se encuentra lanzado, en el sentido en que el ser dispone del hombre y viceversa. No obstante, la historia, entendida como pasado presente y futuro, se historifica en el momento que hay una temporalidad de un Dasein, es éste quien da sentido a la historia recordando los hechos que acontecieron y siendo actor de ésta. Al igual hay que reconocer que “la existencia histórica es siempre respuesta a un llamado que de hecho se concreta en lo que el pasado nos transmite”.[4]

Por otro, lado Heidegger señala que el lenguaje, entendido como signo, da las condiciones necesarias para permitir al humano abrirse al ser, es decir, conocerlo y hablar de él. La apertura al mundo se da de esta forma en un lenguaje: “en un mundo de palabras y de reglas gramaticales y sintácticas. El proyecto dentro del cual las cosas cobran ser es pues un hecho lingüístico. Donde no hay lenguaje, no hay apertura del ente”.[5] El lenguaje, es por tanto, el lugar donde acontece el ser, es la “sede del evento del ser”, es el que procura el ser a la cosa y es aquel que rige al Dasein, dándole la oportunidad de disponer de él, utilizándolo de un cierto modo, aunque por otro lado, éste dispone del humano, en cuanto a sus estructuras que delimitan la experiencia del mundo, es decir, no se puede discutir más de aquello que sólo el lenguaje nos permite hablar.

Asimismo, se dice que si “ en el lenguaje [es] donde se abre la apertura del mundo, si es el lenguaje lo que da el ser a las cosas, el verdadero modo de ir ‘a las cosas mismas’ será ir a la palabra […]: las cosas no son fundamentalmente cosas por estar presentes en el mundo exterior , sino que lo son en la palabra que las nombra originariamente”[6] y a su vez las hace accesibles en una determinada presencia tiempo-espacial. Las cosas, de esta forma se encuentran en una apertura, son en sí mismas, y tienen un significado, cuando entran en relación con otras cosas. La palabra en este sentido es lo que “hace cosa” a la cosa y esta es realmente cuando entra en un contacto con la globalidad de la realidad. Esto sólo pueden ser, de un modo u otro, no en la medida en que se localiza como presencia “temporoespacial”, sino en el lenguaje originario y creador.

En cuanto al tema del lenguaje, se devela el gusto de Heidegger por la etimología: “que es, justamente, una manera de remontarse (a través de las vicisitudes y las conexiones de las palabras) a esas dimensiones auténticas, ontológicas de la cosa nombrada”.[7] 

La palabra en este sentido es lo que “hace cosa” a la cosa y esta es realmente cuando entra en un contacto con la globalidad de la realidad.”

De igual forma, Heidegger indica que el pensamiento es una escucha del lenguaje en una condición poética, en el sentido de que es una fuerza de fundación y creación, ya que para él en la poesía está la esencia de todas las artes, porque esta es creación e institución de algo nuevo mediante el uso de las palabras. Por tanto, como escucha del lenguaje, el pensamiento se devela como hermenéutica, es decir, continuamente, dentro del encuentro con el lenguaje hay una interpretación, término que “no puede decir otra cosa que remontarse del signo a la significación, de la palabra a la cosa que ella designa”,[8] de esto, que sea utilizada por Heidegger para interpretar a la palabra respetando su naturaleza.

Por último, dentro de la metafísica heideggeriana, se habla de una “hermenéutica colocante”, en donde se propone dejar que lo otro sea lo otro, y por lo cual, es el pensamiento hermenéutico el único capaz de satisfacer las implicaciones de la alteridad,[9] entendiéndola, como una continua confrontación con la historia del ser que siempre ha de acontecer y determinarse según el contexto histórico, en donde tanto el hombre depende del ser como el ser Dasein del hombre y de esta misma forma con la instrumentalidad de los entes.

Heiddeger y Lacan

Bibliografía

Gianni Vattimo, Introducción a Heidegger, España, Gedisa, 1985, pp. 93 – 126.

[1] Gianni Vattimo, Introducción a Heidegger, España, Gedisa, 1985, p. 97.
[2] Ibid., p. 98.
[3] Ibid., p. 101.
[4] Ibid., p. 116.
[5] Ibid., p. 112.
[6] Ibid., p. 117.
[7] Ibid., p. 119.
[8] Ibid., p. 121.
[9] Cfr. Ibid., p. 124.


El Inconveniente de Haber Nacido por Emile Cioran

El rechazo del nacimiento no es otra cosa que la nostalgia de aquel estado sin tiempo escatológico y de progreso.

Cioran
Cioran, Emile écrivain et philosophe francoroumain; Rasinari (Transylvanie) 8.4.1911-Paris 20.6.1995. Portrait, 1982. Année de l’évènement:1982 Année de l’oeuvre:1982

El presente documento aborda al texto titulado “Del Inconveniente de haber Nacido” escrito en 1972 por Emile Cioran. En esta obra, el autor comienza haciéndose las siguientes cuestiones ¿Para qué he nacido? ¿ A qué viene todo esto? Referido al sufrimiento que aparece desde el nacimiento del humano, es decir, se tornar en él, la existencia, como espantosa e insoportable: “no corremos hacia la muerte; huimos de la catástrofe del nacimiento[…]el miedo a la muerte no es sino la proyección hacia el futuro de otro miedo que se remonta a nuestro primer momento”[1], se expresa esto, porque, antes de la vejez y la muerte, se sitúa el nacimiento, que es fuente de todas las desgracias y de todos los desastres.

Cioran señala que nunca se está a gusto en lo inmediato, ya que no existe, sólo se espera lo que precede, lo que aleja del nacimiento, los innúmeros instantes en que el yo no fue, es decir, lo no–nato. Por tanto, la única, la verdadera mala suerte: nacer, se remonta a la condición de agresividad, el principio de la expansión de rabia, aposentado en los orígenes del impulso hacia lo peor. Por ello, no es de extrañar que, todo ser que llega al mundo este maldito.

¿Con qué derecho se ponen a rezar por mí? Es la cuestión del Individualismo. No hay necesidad del humano piadoso, ya que quiere el humano se rinde a la lástima, por ello Cioran señala, como ser de la modernidad: “no tengo necesidad de intercesores, me las arreglaré solo. De un miserable, tal vez lo aceptaría: de nadie más, aunque se tratara de un santo. No tolero que se preocupen por mi salvación. Si le temo y le huyo, qué indiscretas resultan entonces vuestras plegarias. Dirigidlas a otra parte”[2].

Nacimiento: El origen del sufrimiento.

Al agotar el interés que se tenía por la muerte, y dar por concluido el asunto, se retrocede hasta el nacimiento. Nos disponemos frente a un abismo infinito; hubo una realidad en que el tiempo no existió y por tanto, el rechazo del nacimiento no es otra cosa que la nostalgia de aquel estado sin tiempo escatológico y de progreso: “es como si, al insinuarse en este mundo, se hubiese profanado un misterio, traicionado algún compromiso de magnitud, cometido una falta de gravedad sin nombre”[3].

En efecto, es notorio el profundo malestar y pesar que para Cioran es la vida y su nacimiento, ya que afirma que si el apego pasional es un mal, hay que buscar su causa en el escándalo del nacimiento, pues nacer es apegarse. El desapego debería, pues, desaparecer las huellas de ese escándalo, el más grave y el más intolerable de todos, de aquí que se cuestione lo siguiente: ¿De qué sirve nacer si el único momento que nos espera es la muerte y un mundo lleno de sufrimientos? Ante esto, él mismo responde que sería mejor no haber nacido, omitir llegar al mundo, únicamente para el sufrimiento. “No haber nacido, de solo pensarlo, ¡qué felicidad, qué libertad, qué espacio!”[4]. Porque apenas se llega a la vida, el drama da comienzo, es como mirar sin comprender.

Así, pues, el pesimismo y el momento de angustia en Cioran se presenta a la hora del nacimiento más que en el momento de la muerte; porque cuando se comienza a vivir ya no hay camino atrás: “este instante ha desaparecido para siempre, se ha perdido en la masa anónima de lo irrevocable. No volverá nunca. Sufro por ello. Todo es único e insignificante”[5].

Es por ello que en la vida, todo lo que se emprende, le parece pernicioso y, en el mejor de los casos, inútil, dado a que cada vez que algo le parece todavía posible en la vida, tiene la impresión de haber sido embrujado; porque: ¿Qué sentido tiene sobresalir en un mundo de locos, hundido en la estupidez o el delirio? ¿Para quién prodigarse y con qué fin?

Tiempo: La causa del sufrimiento.

Bibliografía:

Cioran, Emile, Del inconveniente de haber nacido, 2da. Ed., Taurus, Madrid, 1998, págs. 3-53.

[1]Cioran, Emile, Del inconveniente de haber nacido, 2da. Ed., Taurus, Madrid, 1998, pág. 4.

[2]Ibídem, pág. 8.

[3]Ibídem, pág. 18.

[4]Ibídem, pág. 27.

[5]Ibídem, pág. 45.

Cioran en Rumania

El Orden del Discurso por Michel Foucault

“En el discurso siempre habrá una controversia sobre lo que dice y pronuncia quien emite el discurso y lo que los otros piensan, antes y después de escuchar.

Foucault
Foucault

El presente escrito trata sobre la obra El Orden del Discurso1 de Michel Foucault, el cuál, es una lección inaugural pronunciada en el Collège de France el 2 de diciembre de 1970. Además, es un inicio de lo que irá planteando es las demás obras posteriores.

Al abordar la investigación sobre la utilización de la palabra, Foucault plantea una investigación a partir del análisis del discurso. Con ello, trata de desglosar cuál ha sido el origen de este método y, y los elementos que preceden y modifican la construcción del discurso. Surgen interrogantes como: ¿De dónde proviene? ¿Sólo los sofistas hacían uso de ello? ¿Un discurso sólo es realizado por un filósofo? Estas y muchas cuestiones aparecen al pensar sobre esta herramienta o dispositivo llamado “Discurso”. Una respuesta aproximada surge a partir de la disciplina, tomada no sólo como un hábito o repetición, sino también relativa a las singularidades de quién emite el discurso.

Si bien, la forma de comenzar un discurso es preguntándose: ¿Qué sucedería si la palabra lo abordara y le llevara hacia una realización propia de su discurso? Por ello, deduce que una de las características del discurso es “el deseo de no tener que esperar, un deseo semejante de encontrarse, ya desde el comienzo del juego, al otro lado del discurso sin haber tenido que considerar del exterior”2. Con esto, Foucault trata de plasmar que en el discurso siempre habrá una controversia sobre lo que dice y pronuncia quien emite el discurso y lo que los otros piensan, antes y después de escuchar.

Por ello, en relación con lo que llegue a pensarse, el autor busca identificar que en la sociedad existen factores que propician la exclusión: el primero es la prohibición que llega a causar ciertas barreras, e impide que, al momento de transmitir un discurso o al utilizar simplemente el habla, existan hiper-limitaciones de carácter moral o político . El autor, en este caso, se da cuenta de que no se trata de una barrera, sino que, quien haga utilización del habla deber darse cuenta del lugar en el que se encuentra, para, de esta manera, dirigir el hablar de forma correcta. Sin embargo, hay quienes hacen mal uso de la prohibición del discurso, con el cual quieren incrementar la búsqueda de otros bienes: “las prohibiciones que recaen sobre él revelan muy pronto su vinculación con el deseo y con el poder”3, ya que la utilización del discurso llega a tener una apariencia positiva.

El Discurso Académico

Otro aspecto dentro de los procedimientos de la exclusión que se señala, es la separación de la locura. En ella, se habla de una investigación a fondo de la validez que podía expresar un loco con la palabra. La historia nos dice que el loco era puesto al margen por su deficiencia; no obstante, se buscó evaluar la probabilidad de certeza en su palabra. El resultado fue que se llegó a considerarle como una persona con palabra verdadera. Aunque la razón era quien ponía en duda dicha investigación, al final de cuentas, “basta que el silencio esté alerta para que la separación persista”4. Dicha separación ofrece una mejor escucha e interés de quien quiere demostrar la verdad a partir de la palabra, no importando algún obstáculo.

El último de los procedimientos de la exclusión, es la voluntad de verdad. Muchos factores actúan en busca de una mejor valoración, es decir, la utilización de la verdad en un discurso que se convierte en un fuerte peso para quienes descubren que es verdad y pensaban lo contrario. La misma historia nos muestra con ejemplos, cuando alguna persona se equivocaba en la defensa de su palabra. En el caso de la justicia, vemos que llegó a infundir terror por el poder y los castigos que imponía defendiendo intereses. Incluso, la justicia “no deja de reforzarse y de hacerse más profunda y más soslayable”5 para desembocar en una verdad auténtica.

En resúmen, puede sospecharse que hay regularmente en las sociedades una especie de nivelación entre discursos: los discursos que se dicen en el curso de los días y de las conversaciones y que desaparecen con el acto mismo que los ha pronunciado; y los discursos que más allá de las fórmulas, son dichos, permanecen dichos y están todavía por decir, y otros, que sostienen la simbolización de los sujetos. Entre lo que llega a mencionarse y permite la elaboración de los discursos es la disciplina, considerada como un hábito y estilo en el autor, y que “es un principio de control de la producción del discurso. Ella le fija sus límites por el juego de la identidad que tiene la forma de una reactualización permanente de las reglas”6.

El Discurso Político

Bibliografía:

Michel, Foucault, El orden del discurso, Fábula Tusquets, Barcelona, 2008. 76 pp.

1Foucault, Michel, El orden del discurso, Fábula Tusquets, Barcelona, 2008. 76 pp.

2Íbidem. p.13

3Íbidem. p.15

4Íbidem. p.15

5Íbidem. p.24

6Íbidem. p.38

El Origen de la Familia por Friedrich Engels

Y así nace la familia patriarcal, la mujer es entregada sin reservas al poder del hombre, los hijos son unos esclavos bajo el poder del padre.

Friedrich Engels
Engels

Entre sus numerosas obras, Friedrich Engels escribe El origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado (1884) con la intención de terminar un trabajo que Marx no alcanzó a escribir. Este trata sobre los resultados de las investigaciones de Morgan, en relación con las conclusiones de su análisis materialista de la historia, y establecer así su alcance. La teoría materialista sostiene que el factor decisivo en la historia es la producción y la reproducción de la vida inmediata. Morgan encontró en las uniones gentilicias de los indios norteamericanos la clave para descifrar importantísimos enigmas de la historia antigua, y, es a partir de esos resultados que Engels fundamenta la exposición sobre el origen de la familia.

Debido a diversas transformaciones en la familia – hasta 1860 ni siquiera se pensaba en la historia de la familia y las ciencias históricas estaban influenciadas por la concepción de familia de los cinco libros de Moisés – como la forma patriarcal más antigua y con la familia burguesa del siglo XIX, Engels piensa en una exposición de la familia que recoge autores como Bachofen o Morgan, para aclarar algunos elementos que pudieron pasar desapercibidos.

Por ejemplo, en el estudio sobre la familia de Bachofen (1861), “Derecho Materno” se afirma que: “no fue el desarrollo de las condiciones de existencia de los hombres sino el reflejo religioso de esas condiciones lo que provocó cambios históricos en la situación social recíproca del hombre y la mujer.”[1] Otro autor que hizo un aporte significativo fue MacLennan, al haber reconocido como primario el orden de descendencia con arreglo del derecho materno. Las aportaciones, tanto de Bachofen como de MacLennan fueron significativas paras las investigaciones posteriores de Morgan, por lo que, el descubrimiento de la primitiva gens de derecho materno, como etapa anterior a la gens de derecho paterno de los pueblos civilizados tiene para la historia primitiva una importancia relevante y que a Morgan le permitió bosquejar una historia de la familia, estableciendo algunos estadios clásicos de la evolución.

En todas las partes donde existe el matrimonio por grupos, la descendencia sólo puede establecerse por la línea materna, y por consiguiente, sólo se reconoce la línea femenina.

Morgan distingue tres épocas de la evolución de la familia: salvajismo, barbarie, civilización y en ellas los estadios inferior, medio y superior.

El salvajismo se caracteriza por la apropiación de productos que la naturaleza da ya hechos y las producciones humanas están destinadas, principalmente, a facilitar esa apropiación, por ejemplo con el lenguaje articulado, el fuego, el arco y la flecha; la barbarie, es un período en el cual aparece la ganadería y la agricultura y se aprende a incrementar la producción de la naturaleza por medio del trabajo humano y la invención de la alfarería, la domesticación de animales, y la fundición de hierro; la civilización es un período en que el hombre sigue aprendiendo a elaborar productos, industriales y artísticos.[2]

Para Morgan, la familia es el elemento activo porque no permanece estacionada, sino que pasa de una forma inferior a una superior; en cambio, los sistemas de parentesco son pasivos, porque sólo después de largos intervalos, registran los progresos hechos por las familias, y, sin sufrir una modificación radical. Engels comenta que el desarrollo superior de una familia, se debe, a que se han integrado a ella, familias profundamente alteradas; pasando, por ejemplo: de la promiscuidad a la formación de familias en las llamadas hordas que comprenden la forma social más elevada.

La Familia es un Elemento Activo

La salida de las familias de la promiscuidad, ha sucedido de manera procesal: primero, la familia consanguínea (relaciones entre padres e hijos), la cual fue desapareciendo hasta el punto de que en los pueblos salvajes no hay rastros de ella; en segundo, la familia panalúa, que excluye a los hermanos de la relación sexual entre hermanos y los hijos de estos, ya no son llamados hermanos sino sobrinos por los hermanos de los progenitores. Y, puesto que en ninguna forma de familia por grupos puede saberse con certeza quien es el padre de la criatura, pero sé quién es la madre, Engels concluye que: en todas las partes donde existe el matrimonio por grupos, la descendencia sólo puede establecerse por la línea materna, y por consiguiente, sólo se reconoce la línea femenina[3]. A partir de la familia punalúa y la descendencia materna, se entiende el origen de los gens, es decir, un círculo cerrado de parientes consanguíneos, por línea femenina, que no pueden casarse unos con otros y es ésta una concepción elevada de la forma de familia por Morgan.

Caminamos hacia una revolución social en que las bases económicas de la monogamia actuales desaparecerán.

Otra clasificación de la familia, según Morgan, es la sindiásmica, que es un matrimonio entre gens y que hace una raza más fuerte, tanto en el aspecto físico como en el mental. La evolución de la familia en tiempos pre-históricos consiste en una reducción del círculo en cuyo seno prevalece la comunidad conyugal entre los dos sexos, círculo que en su origen acababa la tribu entera[4]. De esta forma, se hace imposible la práctica del matrimonio por grupos y queda sólo la pareja. La familia sindiásmica, demasiado débil e inestable por sí misma, no suprime el hogar comunista y además implica el reconocimiento del predominio de la mujer en la casa. Por tanto, después del matrimonio sindiásmico, los hombres pudieron introducir la monogamia estricta con las mujeres, y cada vez más, se fue reduciendo la comunidad de los matrimonios hasta ser una relación entre una pareja y no entre grupos.

Así pues, durante la pre-historia, a medida en que iban en aumento las riquezas, y que éstas estaban en posesión del hombre, éste fue tomando una posición más importante que la mujer en la familia y sirvió para valerse de esa ventaja, y modificar el provecho de los hijos en el orden de herencia establecido. El derrocamiento del derecho materno, fue la gran derrota del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuño también las riendas de la casa; la mujer se vio degradada, convirtiéndola en servidora, en un simple instrumento de reproducción.[5]

La palabra “familia”, no significa en su origen, la mezcla de sentimentalismos y de disensiones domésticas, ese término era utilizado para referirse a los esclavos domésticos (famulus), por lo cual, familia se refiere al conjunto de esclavos pertenecientes a un mismo hombre. Y en Marx, la familia moderna contiene en germen, no sólo de la esclavitud (servitus), sino también de la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas en la agricultura.[6]

La Familia Patriarcal o Monogámica

Y así nace la familia patriarcal, la mujer es entregada sin reservas al poder del hombre, los hijos son unos esclavos bajo el poder del padre.

La familia monogámica, nace de la familia sindiásmica, en el periodo de transición del estadio medio y superior de la barbarie. Se funda en el predominio del hombre, su fin expreso es el procrear hijos, cuya paternidad sea indiscutible, porque éstos han de ser los herederos del padre. La familia monogámica, se diferencia del matrimonio sindiásmico, por una solidez mucho más grande de los lazos conyugales, que ya no pueden ser disueltos por deseo de cualquiera de las partes.[7]

Como se ha visto, hay tres formas principales de matrimonio: al salvajismo corresponde el matrimonio por grupos; al barbarie, el matrimonio sindiásmico; a la civilización, la monogamia con sus complementos, el adulterio y la prostitución.

Caminamos hacia una revolución social en que las bases económicas de la monogamia actuales desaparecerán. La monogamia nació de la concentración de grandes riquezas en las mismas manos del hombre y del deseo de transmitir esas riquezas a los hijos[…] pero la revolución social inminente, transformando por lo menos la inmensa mayoría de las riquezas duraderas hereditarias, reducirá al mínimum todas esas preocupaciones de transmisión hereditaria[8].

Según Engels, será una transformación de los medios de producción en propiedad social, que traerá como consecuencia la desaparición del trabajo asalariado, el proletariado y la prostitución de las mujeres, por una propiedad común y la economía dejará de ser de la familia individual para pasar a manos de la sociedad, es decir, el naciente comunismo.

Marx y Engels

Bibliografía:


-ENGELS, Fedrich, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, EDICIONES DE CULTURA POPULAR, México, 1979


[1]Cfr., ENGELS, Fedrich, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, EDICIONES DE CULTURA POPULAR, México, 1979, p. 9

[2]Cfr., Ibid., p. 29.

[3]Ibid., p.45.

[4]Ibid., p.52.

[5]Ibid., p.63.

[6]Ibid., p.65.

[7]Ibid., p.69

[8]Ibid., p.85.

Los Orígenes de la Filosofía por Karl Jaspers.

La fuente del examen crítico de todo conocimiento es la duda, que es también: la vía a la certeza.”

Karl Jaspers
Karl Jaspers

El filósofo alemán Karl Jaspers en su obra “La Filosofía” se pregunta sobre el significado de ésta: ¿Qué es? y ¿Cuál es su sentido?

Él afirma que las respuestas pueden variar según cada subjetividad, puesto que, para las personas que profesan la ciencia, la filosofía es lo más bajo para el conocimiento, ya que ésta “carece por completo de resultados universalmente válidos y susceptibles de ser sabidos y poseídos”.[1]

Ante esto, Jaspers infiere que aunque la certeza que de la filosofía no se basa en una episteme científica, su certeza se sostiene en la esencia misma de lo humano, es decir que, los caminos de la filosofía sólo tienen sentido si tratan lo humano sobre: la forma de su ser, su capacidad de saber y reflexionar sobre sí mismo. Además, argumenta que la misma filosofía surgió antes de toda ciencia, y ésta tiene su origen allí donde despiertan los humanos. Las personas filosofan desde pequeñas, y la magnífica señal de esto se encuentra en las preguntas que realizan los niños y que sorprenden a los adultos. Interpelaciones referentes al objeto del mundo, al ser y a la existencia en el universo.

Otro ejemplo de que la filosofía es anterior a toda ciencia, se percibe de manera concreta en los enfermos mentales, puesto que, en ellos aparecen revelaciones metafísicas de una índole impresionante.

Para el ser filósofo no hay manera alguna de escapar de la filosofía, ya que, ésta se encuentra en todo lo que hacemos; incluso, si decidiéramos rechazar la filosofía, estaríamos profesando también una filosofía, aunque no lo percibamos al instante .

Dios existe para mí, únicamente en la medida en que yo existo, si existo Dios existe.

Volviendo a las preguntas iniciales sobre ¿Qué es la filosofía y cuál es su sentido? responde Jaspers que, desde el significado de la palabra (philósophos) encontramos el amor por el conocimiento; quien busca la verdad y no quien la posee. Filosofía quiere decir ir por un camino, y en ese camino “las preguntas son más esenciales que las respuestas, y toda respuesta se convierte en una nueva pregunta”.[2] Sobre el sentido de la filosofía, Jaspers dice que, con esta se ve la realidad en su origen, al hacerla propia conversando consigo mismo, abrirse a la grandeza de lo que nos rodea y entablar comunicación entre personas manteniendo despierta la razón, incluso frente a lo más extraño y ante lo que se todos rehusan por temor. La filosofía es aquella concentración mediante la cual el humano es humano, al hacerse partícipe en lo contingente de la realidad.

Ciertamente, existen muchísimas formas de filosofar, bastas contradicciones y muchas sentencias con pretensiones de tener la verdad. Sin embargo, no se puede impedir, que en el fondo, haya una “unidad que nadie posee, en torno a la cual, giran en todo tiempo todos los esfuerzos serios de la pregunta: la filosofía una y eterna, la Philosophia Perennis”.[3]

Una vez que se ha resuelto la pregunta sobre el significado de la filosofía, Jaspers se pregunta sobre su origen. Refiere al “origen” como la fuente de la que mana, en todo tiempo, el impulso que mueve a filosofar. Sin embargo, este origen es múltiple, ya que “del asombro sale la pregunta y el conocimiento, de la duda acerca de lo conocido surge el examen crítico y la clara certeza, de la conmoción del hombre y de la consciencia de estar perdido nace la cuestión de sí propio”.[4]

La Duda

Estos tres motivos que alimentan al ser filosófico se manejan con estas perspestivas: Platón decía que el origen de la filosofía es el asombro, puesto que la admiración es lo que impulsa a los hombres a filosofar, el admirarse incita a conocer; una vez que se ha satisfecho el asombro y admiración con el conocimiento de lo que existe, seguidamente llega al hombre la duda. Las percepciones sensibles están condicionadas por nuestros sentidos, los cuales gozan en engañarnos continuamente, aquí, esta duda sobre lo conocido, se convierte en una duda metódica, la cual es precisamente: la fuente del examen crítico de todo conocimiento, la duda es la vía a la certeza. El último motivo, es el que señala el estoico Epicteto, el cual afirmaba que: “el origen de la filosofía es el percatarse de la propia debilidad e impotencia”,[5] de nuestra propia situación humana, de la cual no podemos salir ni alterar, es el origen más profundo aún, de la filosofía. Sólo reconociendo las situaciones límites se da el impulso fundamental que mueve a encontrar en el fracaso el camino que lleva al ser.

Los tres motivos enunciados, asevera Jaspers, no agotan lo que nos mueve a filosofar en la actualidad, puesto que, éstos se encuentran subordinados a una condición, la de la comunicación entre las personas. Sólo existo en compañía del otro, solo no soy nada. La comunicación que propone Jaspers, es “una comunicación que no se limite a ser de intelecto a intelecto, de espíritu a espíritu, sino que llegue ser de existencia a existencia”.[6] Únicamente en la comunicación se alcanza el fin de la filosofía.

Una vez que se conoce qué es la filosofía y cuál es su origen, Jaspers se cuestiona sobre ¿Qué es lo que existe, qué es el ser? Ciertamente, ya se ha intentado responder de muchas maneras a estas preguntas, pero no se ha llegado a aprobar ninguna respuesta. Nuestro filósofo infiere que “el ser no puede ser, en conjunto, ni objeto ni sujeto, sino que tiene que ser lo Circunvalante que se manifiesta en esta separación”.[7]

El ser puro y simple no puede ser, evidentemente, un objeto, puesto que todo lo que viene a ser un objeto se acerca a mí saliendo de lo Circunvalante, del cual también salgo yo como sujeto. Lo Circunvalante permanece oscuro para mi consciencia, únicamente se torna claro por medio de los objetos, es decir, éste se manifiesta en la separación del yo y del objeto. No se nos presenta del todo, sino que se presenta siempre en los demás.

Jaspers

Filosofar sobre lo Circunvalante significa precisamente penetrar en el ser mismo. “Baste decir que lo Circunvalante, concebido como el ser mismo, se llama trascendencia (Dios) y el mundo,”[8] y como existencias estamos en relación con Dios, el cual es objeto en tanto que se nos da, pero se encuentra en una dimensión completamente distinta en la que se hallan los objetos empíricos.

Lo Circunvalante es propiamente la idea de Dios, la cual tiene dos raíces: la bíblica y la filosofía griega. En la bíblica se afirma que Dios existe, y tal realidad se muestra cuando el hombre renuncia plena y totalmente a sí mismo y a sus propias metas. En la filosofía griega, de igual manera se concebía la existencia de Dios, de un sólo Dios en Jenófanes, y en Platón se veía a la Divinidad como el Bien supremo. A la Divinidad se le profesaba como la razón cósmica.

Los filósofos de nuestro tiempo, infiere Karl Jaspers, han dejado a un lado la cuestión de si Dios existe, ni afirman su existencia, ni la niegan bajo la premisa de que aquello que no se puede saber, y que es mejor callar, pero él afirma que Dios existe, y no es un objeto del saber, por lo que su existencia no es apodícticamente demostrable, ni tampoco es un objeto de la experiencia, ante Dios, sólo cabe creer en Él.

El ser libre de lo humano es lo que llamamos su existencia. “Dios es cierto para mí con la decisión en la cual existo. Dios es cierto no como contenido del saber, sino como presencia para la existencia”.[9] Dios existe para mí, únicamente en la medida en que yo existo, si existo Dios existe.

Ciertamente, el pensamiento existencialista de Karl Jaspers tiene como objetivo final la búsqueda del ser, y me parece muy significativo que esta búsqueda nos remita precisamente a la existencia humana, a el humano, y que la filosofía, será filosofía siempre y cuando termine su labor en el saber del ser del mismo sujeto, saber que se dirige rectamente hacia lo Circunvalante, pues es de ahí donde surgen los objetos y el sujeto. Lo Circunvalante o Dios, es lo que da al hombre su existencia, cada quien existe en relación a éste, el ser puro y simple.

El Asombro

Bibliografía.

Jaspers, Karl, La filosofía, México, Fondo de Cultura Económica, 1993.


[1] Jaspers, Karl, La filosofía, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, p.7.

[2] Ibídem, p. 11.

[3] Ibídem, p. 14.

[4] Ibídem, p. 15.

[5] Ibídem, p. 16.

[6] Ibídem, p. 22.

[7] Ibídem, p. 26.

[8] Ibídem, p. 28.

[9] Ibídem, p. 38.

La “Desesperación” por Sören Kierkegaard

La desesperación es la total ausencia de las esperanzas, sin que le quede a uno, ni siquiera la última esperanza: la de morir.

Kierkegaard
Kierkegaard

En el primer apartado del libro “La enfermedad Mortal”[1] de Sören Kierkegaard; este, aborda el tema de la desesperación, la cual, es considerada como una enfermedad mortal. Se dice que la desesperación es una enfermedad propia del espíritu, del yo, y por consiguiente, puede revestir tres formas: La del desesperado que ignora poseer un yo, la del desesperado que no quiere ser sí mismo y la del desesperado que quiere ser sí mismo.

Para hablar de la desesperación se debe tener en cuenta que el humano, también es espíritu, considerado como el Yo. Ésta es una relación que se da consigo mismo. También se remarca que lo humano es una síntesis de finitud e infinitud, de lo temporal y lo eterno. En pocas palabras, la persona es una síntesis. Entonces, si existe una relación que se relacione consigo misma en lo humano, esta es representada como el Yo.

También es importante aclarar que el concepto de enfermedad mortal tiene como fin la muerte. De esta manera, la enfermedad mortal suele tomarse como sinónimo de una enfermedad irreversible. Sin embargo, en este sentido no se puede llamar enfermedad mortal a la desesperación.

Ahora bien, la desesperación es la enfermedad mortal en un sentido más categórico que el anterior. Porque, el desesperado está infinitamente lejos de llegar a morir corporalmente: “Al revés, el tormento de la desesperación consiste exactamente en no poder morirse”[2]. Esto quiere decir, que la desesperación es la total ausencia de las esperanzas, sin que le quede a uno, ni siquiera la última esperanza: la de morir.

“Cuando la muerte es el mayor de todos los peligros, se tiene esperanzas de vida; pero cuando se llega a conocer un peligro todavía más espantoso que la muerte, entonces tiene uno esperanzas de morirse. Y cuando el peligro es tan grande que la muerte misma se convierte en esperanza, entonces tenemos la desesperación como ausencia de todas las esperanzas, incluso la de poder morir”[3].

La idea de muerte

Con ello, se puede decir que estar desesperado, no solamente es la mayor desgracia y miseria, sino. la perdición misma. Además, el morir de la desesperación, se transmuta constantemente en una vida. Por tal motivo, la desesperación es considerada como una autodestrucción, pero impotente e incapaz de conseguir lo que ella quiere. Pues lo que ella quiere, es devorarse a ella misma pero no lo consigue. Cuando ya es declarada la desesperación, uno se desespera de sí mismo, lo cual es la fórmula de toda desesperación, aunque, también existe otra forma de desesperación: el querer ser desesperadamente sí mismo.

Es importante mencionar, que si no hubiese nada eterno en “nosotros, entonces sería imposible desesperarnos; más, por otra parte, si la desesperación fuese capaz de destruir el alma, entonces tampoco existiría en modo alguno la desesperación”[4]. De esta forma, se puede argüir que la desesperación es la enfermedad del propio yo, es decir, la enfermedad mortal. Cabe decir, que el desesperado es un enfermo de muerte, sin embargo, la muerte no es aquí el último trance de la enfermedad, sino que es incesantemente lo último. En efecto, es imposible quedar curado de dicha enfermedad mediante la muerte.

Kierkegaard considera desesperado a quien diga que lo está, y como no desesperado quien no lo está. Ahora bien, la desesperación parece que “se convierte en un fenómeno muy raro, cuando en realidad se trata de un fenómeno muy universal”[5]. La desesperación por ser una enfermedad propia del espíritu, es dialéctica, es decir, mantiene un sustancia con formas. En efecto, la desesperación es un fenómeno del espíritu, o sea, algo que se relaciona con lo terreno y que, contiene algo de eterno en su dialéctica.

La desesperación no es sólo dialéctica de una manera completamente distinta a lo que lo es cualquier otra enfermedad, sino que, también todos sus síntomas son dialécticos. “Ésta es la causa de que la consideración vulgar se engañe tan fácilmente al diagnosticar si la desesperación hace presa o no en determinados individuos”[6].

Desesperación

Uno de los conceptos que tienen relevancia conforme a la desesperación es la tranquilidad y el sosiego. Estos conceptos pueden significar que se está desesperado, pero también pueden significar que se ha superado la desesperación y que se ha alcanzado la paz.

No estar desesperado es algo muy distinto de no estar enfermo; pues no estar enfermo no significa en modo alguno que se está enfermo, en cambio no estar desesperado puede muy bien significar que se está desesperado”[7].

Por último, considera Kierkegaard que, las formas de la desesperación pueden esclarecerse de una manera abstracta si se aplica a dicha reflexión, los diversos momentos que constituyen al yo en cuanto síntesis. Hay que recordar que el yo está formado de infinitud y finitud, lo cual, es una síntesis que equivale a la libertad; ésta es lo dialéctico dentro de las categorías de posibilidad y necesidad. A pesar de ello, la desesperación es pensada bajo la categoría de conciencia. Con ello se quiere dar a entender que toda desesperación es consciente. “Pero de esto no se sigue que en todo aquel, en el que haya desesperación – conforme al concepto de la misma- y se lo llamase desesperado, esté consciente de ello. De esta manera, la conciencia es lo decisivo”[8].

A partir de lo ya mencionado, se puede decir que la conciencia (autoconsciencia) siempre va a ser lo decisivo en relaciones del Yo. Es decir, cuanta más conciencia haya, más Yo.

Bibliografía:

Kierkegaard, Sören, La enfermedad mortal, Sarpe, Madrid, 1984, pp. 8-72


[1] Con La enfermedad mortal Kierkegaard continúa y profundiza el tratado de La angustia. Las dos obras pertenecen a la etapa literaria más madura del escritor y el tema dominante en ambas es el mismo: el pecado original. La angustia constituye para Kierkegaard el punto cero de la existencia, y desde él se puede por igual girar hacia la fe o hacia la desesperación, la cual, es «un estar muriendo eternamente, muriendo y no muriendo, muriendo la muerte, pero morir la muerte significa que se vive el mismo morir».

[2] Ibidem, Pág 43

[3] Ibidem, pág 44

[4] Ibidem, pág. 47

[5] Ibidem pág 50

[6] Ibidem, pág 52

[7] Ibidem pág 61

[8] Ibidem,pag 67

Walter Benjamín y el Lenguaje

La lengua de un ser es el medio por el cual se comunica su ser espiritual, a pesar de lo imperfecto que pueda resultar”

Walter Benjamin
Walter Benjamin

En este primer ensayo llamado “Sobre el Lenguaje”, sobre la capacidad espiritual en lo humano, Walter Benjamín dice: “toda comunicación de contenidos espirituales es lenguaje”[1]. De este modo, las palabras, sólo constituyen un caso particular del lenguaje humano. En realidad, este se articula a partir de la variedad de elementos. Entonces ¿Quién comunica la lengua? Pues nadie, cada lengua se comunica a sí misma, no necesita intermediarios: “porque el ser lingüístico de las cosas es su lengua”[2].

Cuando se dice: “la esencia lingüística de las cosas es su lengua”, y ésta se aplica lo humano, significa que su lengua son las palabras. Con esto, el hombre nombra a todas las cosas y, entra en comunicación con ellas; no al revés. Pero ¿Cómo comunican las personas su ser espiritual? Tal vez, al nombrar las cosas, pero, lo único que comunica es la imagen del objeto a otra persona, a través de las palabras.

De aquí surgen dos teorías: la primera dice que el medio de comunicación es la palabra, su objeto es la cosa y su destinatario la persona; la segunda no distingue ningún medio, ni objeto, ni destinatario de la comunicación y dice: “en el Nombre, el ser espiritual del humano, se comunica con Dios”[3].

En el Nombre ya no se comunica nada, y la Lengua se comunica por sí misma. Por lo tanto, “la lengua es la esencia espiritual de lo humano”[4], porque, es el único ser que se puede comunicar, porque, él es quien nombra las cosas, y por ello, “es el señor de la naturaleza”[5]. Un ejemplo claro lo tenemos en la Biblia, porque él es quien da nombre a todos los seres vivientes. Por lo tanto, la lengua sólo se expresa en el nombre, es decir, es reflejo del Creador.

La esencia espiritual tanto del humano, como de las cosas, se define desde el punto de vista de la teoría del lenguaje como Lingüística. Si esta esencia es idéntica a la lingüística, la lengua es el centro de comunicación de la cosa. Así que “la lengua es la esencia espiritual de las cosas”[6], pero no las agota, porque tiene imperfecciones y son mudas, es decir, les está negado el sonido.

“Las cosas en sí no tienen palabras, porque éstas son creadas por Dios y conocidas en su nombre según la palabra humana”[7], es decir, que el humano las nombra y las distingue, de acuerdo a su relación con ellas. Por lo tanto, hay que hacer una traducción de la lengua de las cosas a la lengua humana, “de aquello que no tiene nombre al nombre”[8], y esto sólo se puede alcanzar en Dios, porque Él es quien creó las cosas y el hombre sólo les coloca un nombre.

“Todo lo que el hombre originariamente ha oído, todo lo que ha visto con sus ojos y todo lo que sus manos han tocado, eran palabras vivientes, puesto que Dios era la palabra”[9], con todo esto se origina el lenguaje, tan necesario para que el humano se pueda relacionar con las cosas. Y de este modo termina diciendo: “la lengua de un ser es el medio por el cual se comunica su ser espiritual, a pesar de lo imperfecto que pueda resultar”[10].

Lenguaje

Bibliografía.

· Benjamín, Walter, “Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres” en Sobre el programa de la filosofía futura y otros ensayos, Ed. Artemisa, México, 1986, p. 139-153.

[1] Walter Benjamín, Sobre el programa de la filosofía futura y otros ensayos, Ed. Artemisa, México, 1986, p. 139.

[2] Ibidem, p.141.

[3] Ibidem, p.142.

[4] Idem.

[5] Ibidem, p.143.

[6] Idem.

[7] Ibidem, p. 147.

[8] Ibidem, p.148.

[9] Ibidem, p.149.

[10] Ibidem, p.153.