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El Retorno a Eros por Herbert Marcuse

“Pero ni el estado ni la sociedad le dan cuerpo a la forma última de la libertad

Marcuse
Herbert Marcuse y Angela Davis

Herbert Marcuse, filósofo alemán perteneciente a la primera generación de la Escuela de Frankfurt, alumno de Husserl y de Heidegger, aplicó la fenomenología a cuestiones ontológicas. Contaba con cierta influencia de Hegel, influencia que se vería reforzada al estudiar los “Manuscritos Económico-Filosóficos” de Marx en 1932. Nace en Berlín el 19 de julio de 1898 en el seno de una familia judía; como consecuencia de la II Guerra Mundial se refugia en Estados Unidos donde llegará a ser profesor de la Universidad de Harvard y donde publicará Eros y Civilización, muere el 29 de julio de 1979 en Stanberg, Republica Federal Alemana.

En su libro Eros y Civilización, que fue publicado en 1953, Marcuse reflexionará sobre la teoría de Freud. Dice el filósofo alemán que en la teoría freudiana del psicoanálisis existen dos vertientes, que el mismo Freud separa siempre cautelosamente, una es la vertiente terapéutica de base científica, destinada a la curación de la neurosis, que conlleva una metodología y una teoría psicológica; la otra es una vertiente filosófica, que comprende la hipótesis que Freud derivó de su experiencia clínica y que la erigió como tentativa de un análisis de la cultura, se le denomina “metapsicología freudiana”[1].

Esta llamada metapsicología freudiana dará pie a que Marcuse se pregunte si es posible una sociedad sin represión, es decir una verdadera libertad. En su teoría Freud argumenta que nunca ha existido una verdadera libertad, que en cambio existe una especie de pecado original, que se produce desde el inicio de la civilización. Freud argumenta que esto surge de una transgresión social, mediante la hipótesis de la horda primitiva: “en esta, un individuo, el padre, se impuso a los otros, y a fin de garantizar la cohesión de la horda, organizada en la dominación, impuso una serie de restricciones: monopolizó a las mujeres, es decir, el placer, y estableció en consecuencia tabúes y deberes hacia la comunidad. Pero los hijos asesinaron al padre, que fue sustituido por el clan fraterno, pero éste, a fin de asegurar la cohesión del grupo mantuvo las prohibiciones, los tabúes que el padre había implantado”[2]. Es decir, nos comenta Marcuse, siempre ha existido un sistema de represión de las libertades, que conlleva forzosamente a la represión de nuestra libido y que se heredará de generación en generación.

Pero explica Marcuse que, lo dicho por Freud, dará pie a una especie de dualidad, una batalla entre Eros y Tánatos (sociedad). Eros como representante de los instintos sexuales, el Eros puede ser destructor con el fin de imponer condiciones. Y Tánatos subsumirá en su seno los instintos de destrucción, aspirará a la quietud última, y donde la ausencia de placer es total pero igualmente la del dolor; la relación entre estos dos es la dialéctica[3].

Represión de Estado

La represión de los instintos no es cosa de la naturaleza sino del humano; el padre se ha transformado en una especie de arquetipo de represión, y esto da comienzo a una reacción en cadena de esclavitud, rebelión y dominación que se encuentra inmersa en la historia de la humanidad. Es esta dinámica mental la que Freud revela como una dinámica de la humanidad. Marcuse afirma que la civilización comienza con la represión de los instintos primarios, y se pueden distinguir dos formas principales de organización instintiva; “a) la inhibición de la sexualidad, sucedida por la relación de grupos durable y cada vez más amplia, y b) la inhibición de los instintos destructivos, que lleva el dominio de la naturaleza por el hombre a la moral individual y social”.[4]

Marcuse comenta que la libertad, necesariamente necesita una retrospectiva con el pasado, una reconciliación con nuestros instintos primarios, ya que si el pasado es dejado atrás, es olvidado, y la transgresión destructiva no terminará nunca. Por el contrario, Marcuse cita a Hegel diciendo que este comenta que con el triunfo de la razón, la libertad había llegado a ser una realidad, a lo que Marcuse comenta lo siguiente:

Pero ni el estado ni la sociedad le dan cuerpo a la forma última de la libertad. Sin que importe cuán racionalmente estén organizados, están oprimidos por la falta de libertad. La verdadera libertad existe sólo como idea. La liberación, así, es un suceso espiritual. La dialéctica de Hegel permanece dentro del marco impuesto por el principio de la realidad establecido.[5]

Posteriormente, comenta el filósofo que con el triunfo de la moral cristiana, los instintos de la vida fueron pervertidos y restringidos. La mala conciencia y diversos actos fueron ligados como una falta contra Dios; así la hostilidad, la rebelión contra “el padre”, el ancestro original, volvió a suscitarse. Con esto la privación y la represión fueron justificadas y fueron convertidas en las reglas todopoderosas que rigen la existencia humana. Estas ideas de Marcuse tal vez encuentren su raíz en Nietzsche que comenta que “la liberación depende de la reversión del sentido de culpa; la humanidad debe llegar a asociar la mala conciencia no con la afirmación, sino con la negación de los instintos de la vida, no con la rebelión contra sus ideales represivos, sino con su aceptación”.[6]

Las teorías freudianas investigan el desarrollo de la represión en la estructura instintiva del individuo. Nos dice Marcuse que el destino de la libertad y la felicidad humana se combate en una lucha de instintos, “una lucha entre vida y muerte” en la que naturaleza y civilización, razón e instintos son los protagonistas. Así el hombre se encuentra en una constante lucha por encontrar la libertad, el Eros como representante de nuestros instintos naturales que a su vez se encuentran con el obstáculo que representa la sociedad y las normas que regulan el comportamiento dentro de ésta.

Eros y Psique por Canova

BIBLIOGRAFIA
Marcuse, Herbert. 1983, Eros y Civilización, Madrid, Editorial Sarpe. Cp. I, II y V


[1] Cf. Marcuse, Herbert, 1983, Eros y Civilización, Madrid, Editorial Sarpe.

[2] Ibíd. P.17-18.

[3] Cf. Ibíd. P.19

[4] Cf. Ibíd. P.106

[5] Ibíd. P.114

[6] Cf. Ibíd. P. 119

Jean Paul Sartre: El Existencialismo es Humanismo

No hay otro universo que este universo humano, el universo de la subjetividad humana

Sartre.
Sartre y Foucault

El existencialismo es un humanismo” es una conferencia, que el filósofo francés Jean-Paul Sartre ofreció en París, el lunes 29 de octubre de 1945 a petición del club Maintenant, un grupo creado por Jacques Calmy y Marc Beigbeder, con el propósito de impulsar la literatura y el ejercicio intelectual.

En la conferencia que Sartre ofreció, comienza él refutando las críticas que han hecho al existencialismo. Reproches que describen al existencialismo como una filosofía burguesa, argumentando que, la contemplación es un lujo, y la filosofía es contemplación, ésta es una crítica, que realizan los comunistas, a esta corriente filosófica. Por otra parte, los católicos, le refutan al existencialismo, aludiendo que niega la realidad y que le abren las puertas al subjetivismo, suprimiendo los mandamientos de Dios.

A consecuencia de esto, dice Sartre, existen dos tipos de existencialistas; los primeros, son los existencialistas cristianos, entre los que se encuentra Jaspers y Gabriel Marcel. El segundo grupo, lo conforman los existencialistas ateos, entre los que destacan Heidegger, los existencialistas franceses y el mismo Sartre se auto-enlista en este grupo.

Estos dos grupos tienen un aspecto en común, argumentan que la existencia precede a la esencia. Sartre, se refiere a que es imposible la manufactura de cualquier objeto, sin un previo concepto de lo que se quiere crear y la utilidad de éste: “Consideremos un objeto fabricado, por ejemplo un libro o un abrecartas. Este objeto ha sido fabricado por un artesano que se ha inspirado en un concepto; se ha referido al concepto de abrecartas e igualmente a una técnica de producción previa que forman parte del concepto, y que en el fondo es una fórmula. Así, el abrecartas es a la vez un objeto que se produce de cierta manera y que, por otra parte, tiene una utilidad definida, y es impensable que un hombre produzca un abrecartas sin saber para qué va a servir ese objeto”[1]. Se puede decir, entonces, que en este caso el conjunto de fórmulas y cualidades, es decir la esencia, le precede a la existencia.

El humano, es el único que, no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como él se concibe después de la existencia,

El decir del existencialismo ateo, en palabras de Sartre, es más coherente, pues postula la inexistencia de Dios. Este postulado trae como consecuencia una referencia excepcional, en donde la existencia precede a la esencia; en donde un ser existe antes de poder ser definido, y ese ser es: el ser humano. Esto quiere decir que, lo primero que hace el humano es existir, posteriormente, se encuentra y se define. Según Sartre, el hombre tal y como lo concibe el existencialista, sino es definible, es por que empieza por no ser nada. Si no existe Dios, no hay naturaleza humana, porque no hay quien la conciba, es decir, el hombre se concibe a sí mismo.

El humano, es el único que, no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como él se concibe después de la existencia, como él se quiere, después de este impulso, hacia la existencia. El humano no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo. Es también, lo que se llama subjetividad, lo que nos echa en cara el ser humano[2].

Si Dios no existe y el hombre precede a la esencia, el hombre debe hacerse cargo totalmente de su propia existencia. Pero, al defender Sartre, que el hombre es responsable de sí mismo, no lo hace argumentando una individualidad, sino que, el hombre es responsable por todos los hombres, por la humanidad. El hombre debe elegir sobrepasar la subjetividad[3] humana, eligiéndose a sí mismo y a la vez a todos los hombres.

Eligiéndose el hombre; éste, es responsable por él y por todos, y, crea una cierta imagen del hombre que él elije. La consecuencia de ser responsable por todos los hombres es la angustia: “El existencialista suele declarar que el hombre es angustia. Esto significa que el hombre se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige ser, sino también un legislador, que al mismo tiempo que asimismo elige a toda la humanidad, y, no podría escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad”[4]

Sartre dice que el hombre es libre, el hombre es libertad. Pero si por otra parte Dios no existe, tampoco existen valores u mandatos que regulen nuestra conducta, es decir, no tenemos ni justificaciones ni excusas, estamos solos; a esto, se refiere Sartre, al decir que el hombre está condenado a ser libre. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo y, sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo, es responsable de todo lo que hace: El existencialista no cree en el poder de la pasión. No pensará nunca que una bella pasión, es un torrente devastador, que conduce fatalmente al hombre, a ciertos actos, y que por tanto, es una excusa; piensa que, el humano es responsable de su pasión[5].

La consecuencia de ser responsable por todos los hombres es la angustia.

Hablando de moral, el filósofo francés se refiere a ésta como una creación, equiparándola, con una obra de arte, porque en ambos casos existe creación e invención. Sartre dice, que no podemos decir a priori lo que tenemos que hacer; el hombre se ve obligado a inventar él mismo su ley, el hombre se hace al elegir su moral.

Por último, dice Sartre, que se le han hecho severas críticas por desacreditar el humanismo; y le preguntan si el existencialismo podría ser humanismo. Sartre responde, que en efecto, esta corriente, podría llegar a ser un humanismo en el sentido de que “el hombre está constantemente fuera de sí mismo; es proyectándose y perdiéndose fuera de sí mismo como hace existir al hombre. No hay otro universo que este universo humano, el universo de la subjetividad humana”[6]. Éste es el carácter humanista del existencialismo estar en el centro de su universo.

Antes de que el hombre exista, la vida no es nada; les corresponde a los hombres darle sentido, y el valor de la vida, no es otra cosa que el sentido que nosotros elegimos. Por esta razón, dice Sartre, existe la posibilidad de una comunidad humana, hecha por hombres.

BIBLIOGRAFíA
Sartre, Jean-Paul. El existencialismo es un humanismo, Ed. Edhasa, España, 2009.


[1] Sartre, 2009, El existencialismo es un humanismo, España, Ed. Edhasa. P.28

[2] Ibíd. P.31

[3] Sartre habla de dos sentidos de la palabra subjetivismo. El primer sentido se refiere a la elección del sujeto individual por sí mismo. El segundo, es cuando decimos que el hombre se elige, entendemos que cada uno de nosotros se elige, pero esto quiere decir que cuando el hombre se elige, elige a todos los hombres; y este es el sentido del existencialismo. 

[4] Ibíd. P. 36

[5] Cf. Ibíd. P.43

[6] Ibíd. P.85