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Charles Fourier y el origen del Utopismo Socialista Moderno

“La armonía de la sociedad consiste pues: en la correcta distribución de los placeres en grupos.

Charles Fourier
Fourier y el Falansterio

Francisco María Carlos Fourier fue un filósofo socialista francés, considerado utopista social, que nació en Bensacon el 7 de abril de 1772, en medio de una familia de comerciantes, y murió en París en 1837. A la corta edad de siete años, se da cuenta que el oficio de comerciante consistía en el arte de mentir, cosa por la cual empieza a sentir repugnancia hacia esta labor. Posteriormente, a la edad de nueve años su padre muere, dejándole una pequeña herencia, que podrá utilizarla hasta los veinte años, pero con la condición de que ejerza el oficio de comerciante.[1]

Desistiendo de todo aquello que tenga que ver con el comercio, huye y anda de errante de un lugar hacia otro por Francia. Al cumplir los veinte años regresa Bensacon para, pedirle a su madre, la parte de su herencia. Ella accede y le entrega su dinero. Sin embargo, una rebelión en la ciudad de Lyon le despoja de todos sus bienes, convirtiéndolo en asalariado. Luego, toma el oficio de agente viajero, el cual, le permite conocer algunas irregularidades en el comercio y en la estructura social de su época.[2]

De tal manera, su pensamiento se enfocará en la búsqueda de las condiciones sociales que puedan establecerse para el buen funcionamiento de una sociedad. Porque, en la sociedad que vislumbra Fourier: “el hombre constituía a las sociedades según sus impulsos egoístas, el afán de lucro, de mando y de competencia. De ahí el vivir aherrojado en la sociedad en vez de desarrollar en ella las personalidad propia y las propias capacidades”.[3] De ello que sea necesario una reorganización de la humanidad, según Fourier.

En efecto, este texto presenta algunos rasgos en general de la filosofía de Fourier, desarrollando temas como “Dios y la Providencia”; “la Ciencia Universal”; “Las Pasiones” y “La Evolución Social”. Conocer estos elementos se presenta favorable para comprender la estructura social utópica que propuso.

Dios y la Providencia

En cuanto a “Dios y la Providencia“, Fourier aborda el tema a partir del problema de la carencia de felicidad en la vida humana, cuyas causas parten del ámbito político y moral. Dicho estado de angustia provoca a que los humanos abracen cualquier sistema político o religioso, que se les presente como un posible sistema que garantice bienestar, sin una reflexión adecuada del entorno. Para Fourier, estas causas de infelicidad se deben a la falta de confianza en la Providencia de Dios, ya que, los políticos se han olvidado por completo, de cómo Dios concibe la armonía social desde los orígenes de la creación.

En este sentido, Fourier no pone en duda la existencia de Dios, incluso expresa que el ateo parte de su demencia para negar la existencia de una divinidad. Asimismo, específica que Dios es el creador del universo y la unidad universal de todo cuanto existe, Él comprende a la vez la materia y las almas; los principios pasivo y activo de la naturaleza, que están regidos por las leyes matemáticas. De tal forma que si se comprenden estas leyes, se podrá comprender y realizar el plan de Dios. Si bien, por un lado, Newton había descubierto la “Ley de Atracción de la Materia”, por el otro, Fourier se jactaba de haber encontrado la “Ley de Atracción de las Almas”, la cual se objetiviza por la atracción pasional.[4]

La armonía de la sociedad consiste pues en la correcta distribución de los placeres en grupos.

Siendo el universo y lo humano una creación a imagen y semejanza de Dios, este también ha creado un plan para la convivencia social de los humanos. Ya que, si en su bondad suprema a establecido una forma de sobrevivencia a las creaturas no racionales, como las plantas y los animales, mucho más lo hará por los humanos. Por lo tanto, debe haber un código regulador de la convivencia social y de las pasiones, establecido por Dios mismo, que lleve hacia un fin. Inclusive se reconoce en el humano una capacidad para armonizar lo que ya está determinado por la naturaleza, porque todo está relacionado en el sistema del universo.

Por otro lado, al hablar de la “Ciencia Universal”, Fourier “considera filósofos a los economistas, moralistas y políticos, lo mismo que a los metafísicos; […] [como] autores de las ciencias inciertas”.[5] De tal manera que, la búsqueda filosófica que se ha emprendido hasta el momento, no posee ningún sentido; ya que esta se refiere al descubrimiento de un código social que permita la felicidad común. De ello que sea indispensable una nueva ciencia: “la analogía de los cuatro movimientos: material, orgánico, animal y social, o analogía de las modificaciones de la materia con la teoría matemática de las pasiones del hombre y de los animales”.[6] Es así como el movimiento social esta coordinado con el de otros seres, es decir, la experiencia de los otros seres puede servir para un mejor orden social. A la vez esto devela que todo el universo está relacionado.

Las Pasiones son inevitables

En cuanto al tema de “Las Pasiones”, para Fourier estas poseen un sentido en la existencia de Dios, debido a que dios las ha otorgado a lo humano por alguna razón. Asimismo, estas desempeñan una labor social, y, cuando éstas no son bien utilizadas llevan a crear males sociales. Ahora bien, se reconoce a la “atracción” como la única ley del mundo, el motor que mueve lo humano, y, esta ley debe ser aplicada a las estructuras sociales y a las pasiones del individuo; no obstante, la moral le “enseña que debe resistir a sus pasiones, estar en guerra con ellas y consigo mismo, […] [al igual] con Dios, porque las pasiones y los instintos vienen de Dios, que se los ha dado como guías al hombre y a todas las criaturas”.[7]

Cada humano debe cooperar con sus pasiones, poniéndolas a disposición de la masa social y no de sí mismo.

De tal forma, se reconoce la imposibilidad de ir en contra de las pasiones, debido a que Dios dicta las leyes y los humanos simplemente las ejecutan. Es así, como la razón humana no puede ir contraria a las pasiones. Por ello, el humano apela al buen uso de las pasiones provenientes de Dios mediante la comunidad, ya que cuando se entrega a ellas por sí solo se conduce al mal. Así pues, es necesario constituir a la sociedad en grupos de dos mil personas, a la cual se le llama “falange”, según Fourier. Si bien, se distingue al “yo en desarrollo simple o egoísta, que es un yo inhumano, un germen de discordias y de vicios; y en desarrollo compuesto o egoísmo corporativo múltiple; es el yo humano germen de armonía y de virtudes”.[8]

La armonía de la sociedad consiste pues en la correcta distribución de los placeres en grupos. Aunque, es de saber que la atracción apasionada ha tendido hacia tres objetos: al lujo, a los grupos y al mecanismo de las pasiones. En la primera tendencia se hace referencia al deseo por el lujo interno o vigor corporal y el lujo externo o fortuna económica, para así satisfacer a los cinco primeros móviles de los placeres sensuales; el gusto, tacto, vista, oído y olfato. Por otro lado, en los grupos se distinguen cuatro tipos clasificados en: dos mayores y dos menores. En los primeros, se encuentra el grupo de la amistad y el de la ambición o lazo corporativo. En los segundos, entra el grupo de amor y el de la paternidad o de familia. Por último, en la mecánica de las pasiones, se hayan cinco móviles sensuales, que ya se han mencionado. Los cuales, tienden a concordar con los cuatro móviles afectuosos: la amistad, la ambición, el amor, y la paternidad. Pero, estos se establecen por la mediación de tres pasiones no muy conocidas: la “cabalista”, el “mariposeo” y la “compuesta”.[9] Las cuales tienen que establecer la armonía de todas las pasiones, tanto en el individuo como en la relación social. Así pues, cuando no hay armonía entre las pasiones hay violencia, por lo cual, cada humano debe cooperar con sus pasiones, poniéndolas a disposición de la masa social y no de sí mismo. Es de esta forma, el humano no reprime sus pasiones, sino las combina y las expresa libremente en la sociedad.

Retrato de Charles Fourier por Jean Francois Gigoux

Al igual, es indispensable precisar en qué consiste la pasión cabalista, la compuesta y el mariposeo. La Pasión Cabalista es la intriga, que esta presente en los cortesanos, ambiciosos y comerciantes, los cuales, saben maniobrar para obtener lo que desean. La Pasión Compuesta es el entusiasmo que prescinde de la razón; es un ardor que conjunta y satisface los encantos de los sentidos y el alma, como el amor, que es una pasión de la sinrazón. Por otro lado, el Mariposeo, se reconoce como la necesidad de “variedad periódica”, es decir, el cambio constante de lo que se tiene, de la estabilidad en algún lugar, incluso cambiar de pareja, con el fin de saciar a los sentidos, al alma y para no caer en el fastidio.[10]

Por último, se deja en claro que la sociedad está en un constante movimiento, el destino mismo de la sociedad es avanzar. Sin embargo, en Fourier la sociedad está marcada por la industria, y a la vez, la sociedad la divide en cuatro edades:

un periodo de crecimiento o vibración ascendente, compuesto de infancia y adolescencia, que condice al apogeo; un periodo de decadencia o vibración descendente, compuesto de la virilidad y la caducidad. Los caracteres de cada fase se designan en términos de gérmenes, pivote, contrapeso y tono. Los gérmenes son los caracteres nuevos que señalan la aparición de una nueva fase, los pivotes son los caracteres fundamentales, los contrapesos son las instituciones contrarias a los gérmenes que se desarrollan espontáneamente para mantener el equilibrio”.[11]

No obstante, la sociedad, según Fourier, vive una incoherencia entre las relaciones industriales y administrativas, ya que, tanto la industria como el comercio han velado sólo por el bien de unos cuantos: la clase explotadora. Por lo cual, esto es señal de que hay una irregularidad en el establecimiento de las leyes, además, la civilización no ha garantizado un trabajo y un alimento seguro a la masa trabajadora. Pruebas suficientes de que la civilización no da felicidad a los hombres. Por tanto, en la evolución perpetua de la sociedad: “llega un momento en que el estado económico y cultural impone imperiosamente un cambio de régimen; este cambio de régimen no se hará automáticamente, sino por un esfuerzo humano”.[12]

De esta forma, Fourier quiere impulsar un cambio social a través de la humanidad misma. El humano debe vivir bajo comunidades modélicas, los falansterios, que den pie a una reorganización social.

El Falansterio

Bibliografía

F. Armand, R. Maublanc, Fourier,[trad. Del francés al español de Enrique Jiménez Domínguez]México, FCE, 1940, p. 171 – 218.

José Ferrater Mora, “Fourier”, en Diccionario de Filosofía, versión digital, p. 710.


[1] Cfr., F. Armand, R. Maublanc, Fourier,[trad. Del francés al español de Enrique Jiménez Domínguez]México, FCE, 1940, p. 32 – 33.

[2] Cfr. Ibid, p. 34 – 36.

[3] José Ferrater Mora, “Fourier”, en Diccionario de Filosofía, versión digital, p. 710.

[4] Cfr. Op. cit., F. Armand, R. Maublanc, en pie de página, ibid, p. 174.

[5] En pie de página, ibid, p. 181.

[6] Ibid, p. 185.

[7] Ibid, p. 192.

[8] Ibid, p. 195.

[9] Cfr., Ibid., p. 198 – 199.

[10] Cfr., Ibid., p. 201 – 206.

[11] En pie de página, ibid, p. 210.

[12] En pie de página, ibid, p. 217.

Umberto Eco: La búsqueda de la Lengua Perfecta [I]

Para buscar una lengua perfecta, hace falta pensar que la propia no lo es.

Eco
MILAN, ITALY – NOVEMBER 24: Author Umberto Eco attends ‘Liberta e Giustizia’ Meeting on November 24, 2012 in Milan, Italy.

En el presente escrito que aborda al autor Umberto Eco, se hará una presentación de su obra titulada “La búsqueda de la lengua perfecta”[1], cuyo contenido es conocer, un poco, el contexto en el que emerge el lenguaje, y, algunas características que se han convertido en una lengua a partir de diversos hechos históricos.

En los primeros intentos que el autor va exponiendo, encontramos en ellos la parte histórica y de tradición oral como lo es el libro de Génesis en la Biblia católica. Más allá de argumentar con algunos episodios, quiere manifestar que hay una cierta relación, cuando cita “la creación se produce por un acto de habla y sólo al nombrar las cosas a medida que las va creando les confiere Dios un estatuto ontológico: Y Dios llamó a la luz día y a las tinieblas noche… (y) llamó al firmamento cielo”[2]. De ahí que, los primeros capítulos sean de un contenido histórico.

El autor incluye dentro de su vocabulario la palabra Nomoteta cuya traducción se refiere a “el primer creador del lenguaje”[3]. Con ello, busca identificar quienes fueron dando los primeros nombres a los animales, a las cosas de la naturaleza, ya que, considera a Adán como un Nomoteta. Se pregunta por el origen divino de la inspiración de las asignaciones, tal como nos lo presenta el libro del Génesis (2, 19 y ss.)[4].

Para buscar una lengua perfecta, hace falta pensar que la propia no lo es. Es decir, una cosa es saber que existen muchas lenguas, y otra considerar que, esta herida o ruptura por la que no hay cierta lengua perfecta, deba curarse hallando una lengua perfecta.

Por ello, dentro de la historia encontramos que la cultura griega fue pionera para la identificación de una lengua propia. Es decir, con la expansión de la civilización griega; el griego se asume además como un estatus distinto e importante, lo que lleva a convertirse en la lengua oficial de toda el área mediterránea y oriental conquistada por Alejandro Magno.

Sin embargo, el declive llegó al implantarse el Imperio Romano. A pesar del dominio territorial y cultural, el griego permanece, aunque el latín pasó a ser la lengua oficial, hablándose por toda la Europa conquistada por los romanos, incluso se convertía en la lengua de la cultura cristiana en el imperio de Occidente.

Con esto, se ha dado un paso a lo que ha sido la confusio linguarum. Una etapa en donde no se sabía cuál era la lengua principal, y, dónde se originó su uso, ya que, hubo también, una atmósfera cultural donde “han existido, sin embargo, magos entre los persas, los caldeos, los babilonios y los asirios, gimnosofistas en la India, druidas entre los celtas y los gálatas”[5]. Incluso, la lengua dentro del aspectos religiosos al utilizar el latín en Occidente y se pensaba que era la lengua originaria de lo divino y de la humanidad.

La Torre de Babel

Muy a pesar de las controversias que, se encuentran a lo largo de la historia, por establecer una lengua universal; respaldada, incluso, por su propia historia y la divinidad, Guillaume Postel[2] propone una utopía al querer establecer la lengua francesa como la única por excelencia, aunado a una postura religiosa.

En un principio, Postel pensaba que el griego era la lengua universal, ya que tenía mucha antigüedad. Sin embargo, pronto cambiaría de opinión, al trabajar para el rey de Francia, quien de fondo tenía la intención de proclamarse rey del mundo, generalizando, como consecuencia, el idioma francés para todos.

Sin embargo, dicho estudio y expansión de la lengua, se vio limitado, cuando Postel cae enamorado de una joven de nombre Johanna. Él cree que ella es una “encarnación” de la Inmaculada, ya que leyó El Zohar, y, de forma cabalística, busca cortejarla para él mismo sentirse como profeta. Lamentablemente, los hechos no llegan a darse debido a la muerte de la joven. Él, tristemente, se retira y regresa a los estudios, dedicando su vida a las lenguas más antiguas, y sobre todo: al hebreo. Siguió sintiendo la presencia de Johanna, y llegó a relacionarla con la Metempsicosis[3]. Por último, en este personaje, sobresale un llamamiento firme y ejemplar a la restitución del hebreo como lengua única.

En otro apartado, en la misma línea de la utopía, destaca la figura de Conrad Gessner, quien traza un paralelo de unas 55 lenguas. Entre sus estudios, el más llamativo, se refiere a la comparación y separación del lenguaje humano y el lenguaje de los pájaros. Sin duda, se da un colapso llamado “furor etimológico” donde, sólo desde el hebreo, cuya lengua es original, se van desprendiendo varias lenguas. Algunas existen actualmente, varios ejemplos son definidos como: “mimologismos de origen cratileo, que son recuperado lentamente por los defensores del hebreo”[4].

En relación a otro autor que también formuló varias utopías, y de las cuales especulaba las cábalas cristianas es Claude Duret.

Él abría un panorama que se extendió desde el origen de las lenguas conocidas, incluidas las del nuevo mundo, y lentamente, recuperaba el hebreo, incluso, “considera que la lengua hebrea ha sido la lengua universal del género humano”[5], ya que, contiene toda su historia natural. Además, estaba de fondo, que en esta lengua se es capaz de encontrar significados místicos en las letras de su alfabeto.

Ahora bien, el hebreo, era la lengua en la que las palabras correspondían a la naturaleza misma de las cosas. Según Locke: “las palabras son utilizadas por los hombres como signos de sus ideas”[6]. Hobbes manifiesta lo anterior en el Leviatán, al afirmar que el autor del lenguaje es Dios mismo, pero también recuerda que Adán pudo continuar añadiendo libremente nuevos nombres a las creaturas, por tanto, Hobbes señala que Dios “deja a Adán solo frente a su propia experiencia y frente a sus necesidades y hace nacer de la necesidad las distintas lenguas que se originan después de la confusión babélica”[7].

BIBLIOGRAFÍA

[1]    Eco, Umberto, La búsqueda de la lengua perfecta, Grijalbo, Barcelona, 1994. 318 pp.

[2]    Eco, Umberto, Op. Cit. p. 20

[3]    Ibidem.

[4]    Ibidem.

[5]    Ibid. p. 24

[6]    (1819.1841) Consejero del rey de Francia, excelente conocedor de la filosofía griega. Eco, Umberto, Op. Cit. p. 73

[7]    Doctrina religiosa y filosófica de varias escuelas orientales, y renovada por otras de Occidente, según la cual las almas transmigran después de la muerte a otros cuerpos más o menos perfectos, conforme a los merecimientos alcanzados en la existencia anterior. En: http://www.rae.es/rae.html

[8]    Eco, Umberto, Op. Cit. p. 77

[9]    Ibidem.

[10]    Eco, Umberto, Op. Cit. p. 82

[11]    Ibidem.