Umberto Eco: La búsqueda de la Lengua Perfecta [I]

Para buscar una lengua perfecta, hace falta pensar que la propia no lo es.

Eco
MILAN, ITALY – NOVEMBER 24: Author Umberto Eco attends ‘Liberta e Giustizia’ Meeting on November 24, 2012 in Milan, Italy.

En el presente escrito que aborda al autor Umberto Eco, se hará una presentación de su obra titulada “La búsqueda de la lengua perfecta”[1], cuyo contenido es conocer, un poco, el contexto en el que emerge el lenguaje, y, algunas características que se han convertido en una lengua a partir de diversos hechos históricos.

En los primeros intentos que el autor va exponiendo, encontramos en ellos la parte histórica y de tradición oral como lo es el libro de Génesis en la Biblia católica. Más allá de argumentar con algunos episodios, quiere manifestar que hay una cierta relación, cuando cita “la creación se produce por un acto de habla y sólo al nombrar las cosas a medida que las va creando les confiere Dios un estatuto ontológico: Y Dios llamó a la luz día y a las tinieblas noche… (y) llamó al firmamento cielo”[2]. De ahí que, los primeros capítulos sean de un contenido histórico.

El autor incluye dentro de su vocabulario la palabra Nomoteta cuya traducción se refiere a “el primer creador del lenguaje”[3]. Con ello, busca identificar quienes fueron dando los primeros nombres a los animales, a las cosas de la naturaleza, ya que, considera a Adán como un Nomoteta. Se pregunta por el origen divino de la inspiración de las asignaciones, tal como nos lo presenta el libro del Génesis (2, 19 y ss.)[4].

Para buscar una lengua perfecta, hace falta pensar que la propia no lo es. Es decir, una cosa es saber que existen muchas lenguas, y otra considerar que, esta herida o ruptura por la que no hay cierta lengua perfecta, deba curarse hallando una lengua perfecta.

Por ello, dentro de la historia encontramos que la cultura griega fue pionera para la identificación de una lengua propia. Es decir, con la expansión de la civilización griega; el griego se asume además como un estatus distinto e importante, lo que lleva a convertirse en la lengua oficial de toda el área mediterránea y oriental conquistada por Alejandro Magno.

Sin embargo, el declive llegó al implantarse el Imperio Romano. A pesar del dominio territorial y cultural, el griego permanece, aunque el latín pasó a ser la lengua oficial, hablándose por toda la Europa conquistada por los romanos, incluso se convertía en la lengua de la cultura cristiana en el imperio de Occidente.

Con esto, se ha dado un paso a lo que ha sido la confusio linguarum. Una etapa en donde no se sabía cuál era la lengua principal, y, dónde se originó su uso, ya que, hubo también, una atmósfera cultural donde “han existido, sin embargo, magos entre los persas, los caldeos, los babilonios y los asirios, gimnosofistas en la India, druidas entre los celtas y los gálatas”[5]. Incluso, la lengua dentro del aspectos religiosos al utilizar el latín en Occidente y se pensaba que era la lengua originaria de lo divino y de la humanidad.

La Torre de Babel

Muy a pesar de las controversias que, se encuentran a lo largo de la historia, por establecer una lengua universal; respaldada, incluso, por su propia historia y la divinidad, Guillaume Postel[2] propone una utopía al querer establecer la lengua francesa como la única por excelencia, aunado a una postura religiosa.

En un principio, Postel pensaba que el griego era la lengua universal, ya que tenía mucha antigüedad. Sin embargo, pronto cambiaría de opinión, al trabajar para el rey de Francia, quien de fondo tenía la intención de proclamarse rey del mundo, generalizando, como consecuencia, el idioma francés para todos.

Sin embargo, dicho estudio y expansión de la lengua, se vio limitado, cuando Postel cae enamorado de una joven de nombre Johanna. Él cree que ella es una “encarnación” de la Inmaculada, ya que leyó El Zohar, y, de forma cabalística, busca cortejarla para él mismo sentirse como profeta. Lamentablemente, los hechos no llegan a darse debido a la muerte de la joven. Él, tristemente, se retira y regresa a los estudios, dedicando su vida a las lenguas más antiguas, y sobre todo: al hebreo. Siguió sintiendo la presencia de Johanna, y llegó a relacionarla con la Metempsicosis[3]. Por último, en este personaje, sobresale un llamamiento firme y ejemplar a la restitución del hebreo como lengua única.

En otro apartado, en la misma línea de la utopía, destaca la figura de Conrad Gessner, quien traza un paralelo de unas 55 lenguas. Entre sus estudios, el más llamativo, se refiere a la comparación y separación del lenguaje humano y el lenguaje de los pájaros. Sin duda, se da un colapso llamado “furor etimológico” donde, sólo desde el hebreo, cuya lengua es original, se van desprendiendo varias lenguas. Algunas existen actualmente, varios ejemplos son definidos como: “mimologismos de origen cratileo, que son recuperado lentamente por los defensores del hebreo”[4].

En relación a otro autor que también formuló varias utopías, y de las cuales especulaba las cábalas cristianas es Claude Duret.

Él abría un panorama que se extendió desde el origen de las lenguas conocidas, incluidas las del nuevo mundo, y lentamente, recuperaba el hebreo, incluso, “considera que la lengua hebrea ha sido la lengua universal del género humano”[5], ya que, contiene toda su historia natural. Además, estaba de fondo, que en esta lengua se es capaz de encontrar significados místicos en las letras de su alfabeto.

Ahora bien, el hebreo, era la lengua en la que las palabras correspondían a la naturaleza misma de las cosas. Según Locke: “las palabras son utilizadas por los hombres como signos de sus ideas”[6]. Hobbes manifiesta lo anterior en el Leviatán, al afirmar que el autor del lenguaje es Dios mismo, pero también recuerda que Adán pudo continuar añadiendo libremente nuevos nombres a las creaturas, por tanto, Hobbes señala que Dios “deja a Adán solo frente a su propia experiencia y frente a sus necesidades y hace nacer de la necesidad las distintas lenguas que se originan después de la confusión babélica”[7].

BIBLIOGRAFÍA

[1]    Eco, Umberto, La búsqueda de la lengua perfecta, Grijalbo, Barcelona, 1994. 318 pp.

[2]    Eco, Umberto, Op. Cit. p. 20

[3]    Ibidem.

[4]    Ibidem.

[5]    Ibid. p. 24

[6]    (1819.1841) Consejero del rey de Francia, excelente conocedor de la filosofía griega. Eco, Umberto, Op. Cit. p. 73

[7]    Doctrina religiosa y filosófica de varias escuelas orientales, y renovada por otras de Occidente, según la cual las almas transmigran después de la muerte a otros cuerpos más o menos perfectos, conforme a los merecimientos alcanzados en la existencia anterior. En: http://www.rae.es/rae.html

[8]    Eco, Umberto, Op. Cit. p. 77

[9]    Ibidem.

[10]    Eco, Umberto, Op. Cit. p. 82

[11]    Ibidem.

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