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Marx y su Concepto de lo Humano por Erich Fromm

Lo que crítica Marx del capitalismo es la perversión del trabajo en un trabajo forzado, enajenado, sin sentido.

Erich Fromm
Marx

En la obra: Marx y su Concepto de Hombre; Erich Fromm presenta una concepción de lo humano desde la corriente marxista. Este análisis evidencia las concepciones erróneas que se hubieran hecho y, muestra lo que en un principio Marx pretendía con su propuesta.

La obra en la cual fundamenta su análisis son los Manuscritos Económico-Filosóficos de Karl Marx. La pretensión de Fromm es valorar, dentro de las ideas marxistas, la naturaleza del hombre y su espíritu de independencia. Aunque, generalmente, se reconoce a Marx como el teórico de la lucha de clases, suele dejarse fuera la concepción que tenía sobre la conciencia humana, cuya libertad es obstaculizada por el capitalismo .

El punto de partida de Marx para abordar la naturaleza de lo humano, está en la idea de que, el ser humano es un ser reconocible y determinable, que puede definirse no solo como materia biológica, anatómica y fisiológica, sino también, psicológicamente. La naturaleza, está relacionada con la historia y determinada por ésta. “La historia es la historia de la autorrealización del hombre, no es más que la autocreación del hombre a través de su trabajo y su producción.” [1]

Según el planteamiento de Marx, sólo cuando el humano es productivamente activo, puede encontrar un sentido a la vida y, aunque, así goza la vida, no está aferrándose a ella codiciosamente. Más bien, renuncia a la codicia por acumular y se realiza siendo: “El hombre vive sólo en tanto que es productivo, en tanto que capta el mundo que está fuera de él en el acto de expresar sus propias capacidades humanas específicas y de captar el mundo con estas capacidades.”[2] Sólo a partir de ese proceso productivo el hombre puede realizar su propia esencia, y por tanto, es parte constitutiva de su ser que se mantenga en esa actividad productiva, por medio de la cual, se autorrealiza.

Marx, Engels y familia

Fromm analiza la relación inmediata, natural y necesaria del ser humano con el ser humano. Esta, se realiza mediante los sentidos a partir de objetos exteriores. Es el amor lo que nos hace crear una realidad a partir del mundo material. Dicha relación, es lo que Marx concibe como la “vida productiva”, “vida que crea vida”. Y es en esta actividad productiva, en donde se encuentra el carácter de una especie, es decir: la esencia del hombre.

La independencia y la libertad, para Marx, se basa en el acto de autocreación. El fin del socialismo propuesto por Marx era la emancipación del ser humano, su autorealización en el proceso de la relación y la unidad productiva con el hombre y la naturaleza. Así que, sólo cuando el hombre alcanza esa emancipación, habrá logrado su independencia pues en la medida que ejercita su naturaleza productiva se va realizando.

Erich Fromm afirma que: “Toda concepción de Marx de la autorrealización del hombre puede entenderse plenamente sólo en relación con su concepto de trabajo.”[3] El trabajo para Marx es una actividad y no una mercancía, es un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso mediante el cual cada hombre realiza, regula y controla su intercambio de materias con la naturaleza. Fromm concibe el trabajo como “la autoexpresión del hombre, expresión de sus facultades físicas y mentales individuales”,[4] por tanto, no es sólo un medio para lograr un fin, sino un fin en sí, la expresión significativa de la energía humana. Lo que crítica Marx del capitalismo es la perversión del trabajo en un trabajo forzado, enajenado, sin sentido. Resulta necesario que cada hombre tenga ocupaciones diversas a lo largo de toda su vida y no permanecer en la sumersión a una sola ocupación.

Erich Fromm

A partir de lo expuesto, Fromm manifiesta la mala interpretación de Marx producida por los comunistas, los socialistas y los opositores capitalistas. Marx sólo quería el mejoramiento económico de la clase trabajadora y quería abolir la propiedad privada para que el obrero pudiera tener lo que ahora tiene el capitalista, sin embargo, por las malas interpretaciones, los sistemas sociales y políticos derivados del Marxismo han dejado al humano igual y hasta en peores condiciones que cuando pertenecía a la clase obrera capitalista, ha pasado de estar enajenado al patrón industrial capitalista al gobierno absoluto socialista o comunista.

La concepción del socialismo de Marx es la emancipación de la enajenación, la vuelta del hombre así mismo, a su autorrealización. La enajenación significa para Marx, “que el hombre no se experimenta a sí mismo como el factor activo en su captación del mundo, sino que el mundo permanece ajeno a él.”[5] Se trata de experimentar al mundo y a uno mismo, de forma pasiva, receptivamente, como sujeto separado del objeto. Significa que: adora lo que él mismo ha creado y al hacerlo se transforma en cosa. La enajenación es realizada en el trabajo, en la relación activa del humano con la naturaleza, la creación de un mundo nuevo. Enajenarse del trabajo significa que el hombre enajena sus propias facultades creadoras, y los objetos de su trabajo dejan de ser ajenos a él.

La preocupación de Marx es la liberación del hombre de un tipo de trabajo que destruye su individualidad, que lo transforma en cosa y que lo convierte en esclavo de las cosas: “En el trabajo no enajenado, el hombre no sólo se realiza como individuo sino también como especie.”[6] Y es que el trabajo enajenado nos arrebata nuestro objeto de producción y, por ende, nuestra propia vida. Cuando el trabajador no participa en la dirección del trabajo, se transforma en una cosa por su dependencia del capital. El hombre enajenado se convierte en esclavo de las cosas y las circunstancias cuando cree haberse convertido en amo de la naturaleza.

Cada hombre está enajenado en relación con los otros y cada uno de los otros está, a su vez, enajenado de la vida humana. “La enajenación conduce a la perversión de todos los valores.”[7]

De ahí que, por ejemplo, el hombre capitalista suela relacionarse con el mundo poseyéndolo y consumiéndolo, puesto que todos ansían cosas nuevas para poseer las y usarlas.

Enajenarse del trabajo significa que el hombre enajena sus propias facultades creadoras, y los objetos de su trabajo dejan de ser ajenos a él.

La concepción del socialismo en Marx se desprende de este concepto contrario a la enajenación, no es una sociedad en la que el individuo esté subordinado al Estado, a la máquina, a la burocracia. “El fin del socialismo es el hombre. Es crear una forma de producción y una organización de la sociedad en que el hombre pueda superar la enajenación de su producto, de su trabajo, de sus semejantes, de sí mismo y de la naturaleza.”[8] Significa, que el hombre produce de una forma asociada y no coompetitiva, el individuo participa activamente en la planeación y en la ejecución de los planes. Y dice Fromm: “El hombre pudiera hacerse independiente, pararse sobre sus propios pies y ser creador y dueño de su propia vida, comenzaría a hacer de la vida su principal ocupación.”[9]

El fin principal del socialismo debe ser, por tanto, el reconocimiento y la realización de las capacidades humanas de creación o transformación, que sólo será posible cuando la producción sirva al hombre, y, el capital deje de crear y explotar las necesidades falsas del humano.

El humano des-enajenado será aquél que no domina a la naturaleza sino que se identifica con ella, que está vivo, que reacciona ante los objetos, de modo que éstos, cobran vida para él. “El socialismo significaba el orden social que permite la recuperación del hombre, la identificación entre existencia y esencia, la superación de la separación y el antagonismo entre sujeto y objeto, la humanización de la naturaleza; significaba un mundo en el que el hombre no es ya un extraño entre extraños, sino está en su mundo, donde se siente como en su propia morada.”[10]

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Bibliografía:

FROMM, Erich, Marx y su concepto de  hombre, FCE, México, 2001, pp. 7-93.


[1] FROMM, Erich, Marx y su concepto de  hombre, FCE, México, 2001, p. 37.

[2]Ibid., p. 41.

[3]Ibid., p. 50.

[4]Ibid., p. 52.

[5]Ibid., p. 55.

[6]Ibid., p. 60.

[7]Ibid., p. 65.

[8]Ibid., p. 69.

[9]Ibid., p. 71.

[10]Ibid., p. 79.


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Althusser: La Filosofía como arma de la Revolución

La filosofía es una lucha, y una lucha fundamentalmente política, una lucha de clases.

Althusser
Althusser

Louis Althusser nació en Birmandreis el año de 1918 y murió en Paris en 1990. Es un representante destacado del estructuralismo francés y marxista apasionado. Se propuso hacer una lectura fiel de Karl Marx y, su trabajo se enfocó en hacer una distinción entre “el primer Marx y el último Marx”; en rescatar las teorías marxistas-leninistas y hacer de ellas una revolución. La filosofía marxista, afirma, fundada por Marx, en el mismo acto de fundar su teoría de la historia, aun debe ser construida. Sus escritos y los de sus colaboradores tienen el propósito de contribuir a elaborarla[1].

Este pensamiento del marxista francés es sumamente oportuno, puesto que, una nueva generación de revolucionarios, en el siglo XX, necesitaba refrescar la idea crítica, y Althusser lo hizo. Su influencia marcó a Sartre y Henri Lefebvre. También, fue leído en América Latina, y en particular, Cuba, donde sus escritos tuvieron una gran repercusión.

Es menester destacar la visión que el filósofo francés tiene de la doctrina científica de Marx. En primer lugar, Althusser afirma que las doctrinas socialistas anteriores a Marx no eran sino utópicas y la doctrina marxista es científica.

¿Qué es una doctrina socialista utópica? Estas doctrinas proponen objetivos socialistas a la acción de los hombres, pero están basadas en ideologías religiosas, morales o jurídicas. Al contener sesgos burgueses y pequeño burgueses, estas doctrinas no garantizaban una reforma estructural de lo real.

La doctrina marxista por el contrario es científica. Esto quiere decir, que no se conforma con aplicar los principios morales y jurídicos burgueses existentes (libertad, igualdad, fraternidad, justicia) a la realidad burguesa para criticarla, sino que, crítica: tanto estos principios morales y jurídicos como el sistema económico-político existente. [2]

Marx transformó, de utopía a ciencia, el socialismo. Ya que, su doctrina plasma la base de un sistema político-económico que engloba la crítica a la utopía burguesa y la crítica a un sistema económico capitalista que, no hacía más que, disfrazar la esclavitud de la clase obrera en trabajo formal.

Con el objetivo de profundizar en el pensamiento de Althusser, indagaremos en una entrevista realizada al marxista francés por el corresponsal de L, Unita, M-A. Macchiochhi en el año de 1968. Titulada “Respuesta a Ocho Preguntas“, las respuestas a estas preguntas denotan un claro pensamiento marxista-revolucionario, por este motivo, a continuación se realizará una síntesis de las respuestas dadas por Althusser.

La lucha filosófica es un sector de la lucha de clases entre las concepciones del mundo.

Althusser afirma que se introduce a la filosofía marxista porque le interesaba la política y la filosofía. De la filosofía le atraía el materialismo y su función crítica en pro del conocimiento científico y de la política, la inteligencia, el coraje, y el heroísmo revolucionario. Fue la política marxista la que lo decidió todo, pues afirma que finalmente, podía comprender la tesis fundamental de Marx y Lenin: La filosofía es fundamentalmente política.

Una revolución, dice Althusser, tiene que tener la participación forzosa de los intelectuales, ¿Cómo atraer a los intelectuales al movimiento revolucionario proletario, si todo intelectual, incluso los profesores universitarios, son pequeñoburgueses? Para ayudar en la revolución proletaria, es necesario que éstos realicen una especie de purificación en sus ideas, una reducción larga, dolorosa y difícil.

Althusser tiene un pensamiento dogmático y trata de encerrar todos los fenómenos en su marco ideológico, las siguientes palabras del francés denotan su enajenamiento:

¿Quién ha comprendido la prodigiosa revolución filosófica provocada por el descubrimiento de Marx? Sólo los militantes o dirigentes proletarios. Los filósofos de oficio, en su conjunto, no la han ni siquiera sospechado. Cuando hablan de Marx, siempre es, salvo rarísimas excepciones, para combatirlo, condenarlo, digerirlo, explotarlo o revisarlo. [3]

¿Como la filosofía puede utilizarse como arma en la revolución proletaria? Althusser, afirma que la filosofía representa la lucha de clases en la teoría, es por esta razón, que la filosofía es una lucha, y una lucha fundamentalmente política, una lucha de clases. Ningún hombre es espontáneamente filósofo, pero puede serlo. Las filosofías idealistas que explotan las ciencias, se valen de ellas, para luchar contra las filosofías materialistas que sirven a las ciencias. La lucha filosófica es un sector de la lucha de clases entre las concepciones del mundo. El materialismo, siempre estuvo en el pasado, dominado por el idealismo.[4] Y al mismo tiempo afirma que las nociones económicas burguesas de “sociedad Industrial”, de “neocapitalismo”, de “nueva clase obrera”, y tantas otras, son anti-científicas y anti-marxistas. Están hechas para combatir a los revolucionarios.

En resumen, la revolución proletaria, está conformada por ideales utópicos y científicos. Althusser ve a la filosofía como un arma contra la burguesía y la pequeñoburguesia. Crítica al que no congenia con las ideas de Marx y hace de esta revolución una guerra filosófica-cultural, que no deja cabida a un pensamiento diferente a la doctrina científica de Marx.

BIBLIOGRAFIA


Althusser Louis, La filosofía como arma de la revolución, Ediciones pasado y presente. México D.F. 1986.


[1] Cf. Althusser Louis, La filosofía como arma de la revolución, Ediciones de pasado y presente, México D.F. 1968.

[2]Cf. Ibíd. P.24

[3] Ibíd. P.16

[4] Cf. Ibíd. P.17-18

Ẑiẑek y El sublime objeto de la Ideología: El Síntoma.

La ideología no es simplemente una “falsa conciencia”, una representación ilusoria de la realidad, es más bien esta realidad la que se ha de concebir como “ideológica”. [5]

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En el presente escrito, se presentan: varios análisis sobre las ideas que Zízék plantea acerca de “Síntoma”; se realiza una comparación con el pensamiento freudiano y marxista; el de ideología; cinismo y fantasía de la realidad. Esto, con la finalidad de, dar cuenta que: la ideología es parte fundante de la realidad social.

Zízék, parte de una tesis fundamental en el pensamiento hegeliano que, “lejos de ser una historia de superación progresiva, esta “dialéctica”, es una anotación sistemática del fracaso, de todos los intentos de ese tipo.

El conocimiento absoluto denota una posición subjetiva, que finalmente, acepta la contradicción como condición interna de toda identidad”.[2] Con ello, permite analizar la realidad como una fisura suturada después por el marxismo, es decir, con Hegel se muestra la realidad material distanciada de lo formal, de la “Idea”.

Para explicar dicha tesis, Zízék comienza con exponer ciertas ideas lacanianas, como la afirmación de que Marx fue el que inventó el síntoma, así como, la homología con una interpretación de Freud. Ambos, buscan develar el secreto que esconde, en Marx, la forma de la mercancía y en Freud, la forma de los sueños.

La paradoja que surge de sus interpretaciones, consiste en que, el deseo inconsciente y el secreto de la mercancía, se manifiestan bajo la misma forma, es decir : no esconden el secreto tras su manifestación; por el ejemplo, el secreto del sueño, no radica en la manifestación de los diversos símbolos de una realidad, sino que, es en el mismo proceso y en su existencia. Así sucede con la mercancía, no tiene un misterio oculto, sino en la existente relación con la mercancía. El proceso de llegar a ser tal mercancía, es ya, un misterio, el misterio de la forma que oculta algo.

Sin embargo, se busca siempre algo, tras la forma, tras la cosa y por eso, no se puede comprender y explicar el secreto o misterio oculto. Por otra parte, no se pregunta el porqué se ha llegado a una forma-mercancía, así como, porqué la medición del trabajo, mediante el mismo, se debe expresar en la magnitud del valor del producto. De ahí, que “el análisis formal de la mercancía es el que tiene la clave, no sólo, de la crítica a la economía política, sino también, a la explicación histórica, del modo de pensar abstracto y conceptual y, de la división del trabajo en: intelectual y manual, que nació, con la mercancía”,[3] además, de tratar de resolver una interrogante epistemológica, acerca del conocimiento objetivo, con validez universal: ¿cómo es esto posible?

De ahí, se sigue que, el conocimiento abstracto real es el inconsciente del sujeto trascendental. Por ello, la abstracción real es – en el intercambio de las mercancías – un “como si fuera”, que: no tiene materialidad, como el valor de uso de aquélla, sino que, lleva implícita un postulado de intercambio.

Por lo tanto, el inconsciente, consiste en “la forma del pensamiento, cuyo estatus ontológico no es el del pensamiento”.[4] En consecuencia, se establece un conocimiento que ya está ordenado de antemano, por consiguiente, tiene que haber un orden simbólico que complete la relación o alteración dual, entre lo externo y lo interno subjetivo. Así que, surge entonces, el reconocimiento falso que permite la ruptura de la conciencia en práctica y teórica, una relación efectiva entre el intercambio social de la mercancía y la conciencia del mismo, donde lo que importa es que, los participantes, no sepan ni conozcan la lógica del proceso, porque si se sabe, tal hecho se disolvería.

La conciencia teórica y la práctica están cegadas y, no pueden ver el lugar que les corresponde en la realidad. Surge el reconocimiento falso que se da en la Ideología. La ideología proviene de tal desconocimiento del proceso del intercambio de la mercancía, de ese falso conocimiento.

“Ideológica” es una realidad social, cuya existencia, implica el no conocimiento de sus participantes, en lo que se refiere, a su esencia-, es decir, la efectividad social, cuya misma reproducción, implica que los individuos: “no sepan lo que están haciendo”. [5]

Ahora bien, ya explicado el proceso de cómo se llega a estar en un estado ideológico, se da el concepto de síntoma, el cual consiste en: una “formación cuya consistencia implica un cierto no conocimiento por parte del sujeto”.[6]

Lo anterior, nos lleva al fetichismo de la mercancía, que consiste en, tomar lo particular como algo universal, es decir, que los valores de cambio, en el intercambio mercantil, se generalizan; considerando, por ejemplo, el dinero, como algo que está dado desde sí, como algo equivalente, al valor de otro producto y, no se considera, que es la relación entre cosas y hombres las que le atribuyen dicho estatus.

El fetichismo de la mercancía, es una relación fantasmagórica entre cosas. En contrapartida, se presenta, la crítica ideológica, que intenta encontrar un punto de ruptura heterogéneo a un campo ideológico, y al mismo tiempo, necesario, para que se logre su clausura y su acabamiento, lo cual permitirá, que surja un síntoma, que subvierta la apariencia ideológica y muestre, las verdaderas relaciones, tanto entre hombres, como entre las cosas.

Siguiendo con el concepto de ideología, se tiene que, en las sociedades actuales: la ironía, el cinismo y la risa, forman parte del juego de dominio, de aquella.

Si bien, se tiene que, la manifestación de la ideología es: que no sepan lo que hacen, actualmente, y eso es el cinismo, aunque se sepa lo que hacen, lo siguen haciendo.

En consecuencia, se tiene lo que Zízék denomina: “fantasía ideológica”, la cual, consiste, en tener la ilusión de que saben lo que están haciendo y lo hacen. Un elemento importante para tal efecto es: la creencia. Ésta, es la que permite, tener algo, como válido y cierto, tomando tal actitud, lleva a que se realice; por ejemplo, Zízék expone que: en el teatro griego – donde se consideraba que el llanto y la tragedia permitían a los espectadores purificarse, dejar fluir sus angustias y penas – las creencia eran aceptadas, por tanto, los resultados era que las personas al término de la obra se sentían sanados de su mal.

La unión de la ilusión y la creencia, lleva a un estado ético. Actuar, “como si” creemos en la libertad, el gobierno, la voluntad del pueblo representado por el Presidente, etc. Esto, se manifiesta claramente en la Ley. Ésta, se cumple y es aceptada por todos, por la simple creencia, de que, es una norma. No se piden argumentos racionales, el porqué? de ellas, sino que, se impone por la creencia de que: es la Ley y punto, sin más.

“Ideológica” no es “falsa conciencia” de un ser (social) sino este ser en la medida en que está soportado por la “falsa conciencia”. [5]

Volviendo, ahora, al punto de la fantasía ideológica, que para Zízék, es el fundamento y base de la realidad social. La realidad es una ilusión, porque la ideología nos impide ver lo real de las cosas. En último término, es la ideología, la que suplanta nuestras conciencias y, nos lleva a aceptar determinada actitud ante la vida; la única manera, de salir de tal sueño o fantasía ideológica, es confrontarlo con nuestros deseos y lo Real, aquello que no pude ser atrapado en lo simbólico, ideológico.

Una objeción, que hace Zízék, desde la perspectiva lacaniana a Marx, con respecto, a la ideología, es que, éste no pudo ver que, no sólo la totalidad de las relaciones sociales se manifiestan en el fetichismo, en el proceso de intercambio de la mercancía, sino que, tales procesos, se manifiestan una y otra vez en el proceso histórico, es decir, se simbolizan en el retorno. Por ello, el capitalismo tiende a perdurar y regenerarse, lo que permite, su desarrollo permanente. Surge entonces, el plus-de-goce, que consiste, en ser un excedente, que es la causa-objeto del deseo.

Por último, Zízék explica que, el síntoma es una dialéctica en el proceso histórico social, esto, por el simple hecho de que, si no existiese, el orden social, tampoco, es decir que, el síntoma es lo que permite una estructura social, donde los seres humanos se muestran y relacionan.

Zízék, considera el retorno en la historia de los mismo acontecimientos, asimismo, aquello que el hombre reprime, las condiciones en las que se relaciona y se manifiesta, por tanto, si se quiere romper con el circulo vicioso del simple retorno, debe considerarse, a éste, como medio para tal cambio o revolución. Es decir que, no sólo una vez debe de mantener sus ideales de revolución, sino que, muchas veces y de la misma manera, porque, de lo contrario, ante el mundo, será visto como repugnante. Tal es el caso que expone Zízék, con respecto al César, cuando impuso el título de “Emperador”, para sustituir a la República en decadencia; sin embargo, al ser derrocado por sus conspiradores, éstos, se dieron cuenta que, era necesario tal símbolo, por lo tanto, tendieron a constituirlo y consolidar el título del César.

De lo anterior, se concluye que, una revolución debe de manifestarse, siempre igual para ser aceptado, porque, la conciencia social, sólo después de los acontecimientos, cae en cuenta de la necesidad de un cambio. Tal es el ejemplo, también, de la filosofía y, tomando el ejemplo del búho de Minerva de Hegel, después de caer la noche, de pasar una época, se puede hacer filosofía, antes no.

Fuente consultada

Zízék, Slavoj, El sublime objeto de la ideología, 4ta ed., Siglo XXI, México, 2008, págs. 11-122.


[1] Slavoj Zízéc, El sublime objeto de la ideología, 4ta ed., Siglo XXI, México, 2008, pp. 30.

[2] Ibídem, pp. 29.

[3] Alfred Sohn-Rethel citado por Zízék, en op, cit., pp. 41.

[4] Ibídem, pp. 44.

[5] Ibídem, pp. 46-47.

[6] Ibídem, pp. 47.