Hacia un Marx desconocido por Enrique Dussel

El dinero se devela como un objeto o instrumento, que permite dicha relación entre sujetos sociales, generando así la circulación.”

Enrique Dussel
Dussel

El presente texto abordará una interpretación por Enrique Dussel a los manuscritos de 1861 a 1863 de Karl Marx. Es en este periodo histórico, en el que Marx fue fijando la estructura de El Capital y, en donde pasó miserables crisis económicas exiliado en Londres. Sin embargo, los manuscritos que retoma Dussel, corresponden a este lapso de tiempo; son los que termina introduciendo en el “Capítulo III, de El Capital. Éstos, originalmente, se encuentran divididos en veintitrés cuadernos, los cuales fueron consultados por “Engels y Kautsky para poder publicar los tomos II, III y IV de El Capital”[1].

Hay que especificar que, los manuscritos están divididos en tres etapas: la primera, comprende de agosto de 1861 a marzo de 1862, en donde Marx escribe los cuadernos del I al IV con la temática del plusvalor relativo; la segunda etapa va de marzo de 1862 a noviembre de este mismo año, que comprende los cuadernos del VI al XV, profundizando las “Teorías sobre el plusvalor”; y por último, la tercera etapa comprende desde noviembre de 1862 a julio de 1863, estos cuadernos van del XV al XXIII, que corresponderían a los tomos II y III de El Capital.[2]

Así pues, la crítica que Dussel que va desarrollando en su obra, pretende ser un análisis que revisa sección por sección estos escritos, especifica algunas confusiones y malas interpretaciones acerca de la propuesta económica política de Marx, desde una perspectiva ontológica y metafísica.

De igual forma, Dussel en los comentarios preliminares, especifica que, para abordar su obra hay que comprender que al hablar de una categoría de plusvalor – que se presenta como término complejo y parte fundamental del discurso dialéctico en la obra de Marx – es necesario indicar que ésta categoría necesariamente va acompañada de “plustiempo” o “plustrabajo”, es decir, de una categoría de tiempo necesario que exige una “capacidad de trabajo”, y a la vez, se especifica una de “trabajo vivo como fuente creadora de valor sin valor alguno; y ésta, por contradicción, la de trabajo objetivado o pasado, como capital variable, dinero que se expresa en el salario y que paga el valor de la capacidad de trabajo”.[3] También el trabajo se muestra de dos formas, primero como el trabajo que pone el valor de cambio, considerado trabajo abstracto y después el trabajo que pone valor de uso, el cual es el trabajo concreto y particular. [4]

En efecto, en la primera parte de la ya citada obra de Dussel que se aborda, comienza hablando de la “Entrada del discurso dialéctico de la mercancía al dinero”, en donde por un lado, se dice que hay que hablar de la mercancía, explicando que ésta, dentro de la burguesía se presenta como riqueza, y ya capital, en su esencia. A la vez, la mercancía en Marx es considerada como el ser ahí, que es abstraído de la realidad concreta del capital, y, aunque ésta, es un ente del capital, tiene que apartarse, hablando así, de una mercancía singular. En otras palabras el “camino metódico dialéctico es el ente (mercancía) hacia la totalidad (capital) a través del ser (valor)”[5]. Luego, se expresa que el valor es la esencia y la existencia del capital.

La Mercancía

Además, se enuncia que la mercancía, en esta realidad capitalista, puede tener ciertas determinaciones; por ejemplo: primero, es un objeto que de cierta forma el humano requiere para su vida, en cuanto cosa u objeto de alguna necesidad o satisfacción; ésta a su vez, se coloca en el ámbito del círculo de necesidad-consumo. En un segundo nivel, la mercancía es vista como un acto productor; ya que ésta es producida y es la cosa que posee un valor de uso. En cambio en un tercer nivel, el acto productivo se va determinando a través de un trabajo concreto. El cuarto nivel presenta a la mercancía en general como valor de cambio y como trabajo abstracto general. Ya en el quinto nivel, la mercancía se capitaliza y el trabajo se individualiza por lo cual se hace capitalista. En un sexto y séptimo nivel la mercancía es medida por el capitalismo mediante el tiempo de trabajo, que da el valor de cambio. A su vez el octavo nivel ya habla de una mercancía capitalista medida en concreto, con un valor de cambio medido en una sociedad específica en que la mercancía es dada. Por último, se presenta una no mercancía, que sería un producto útil social con un valor de uso social y proveniente del fruto del trabajo comunitario.[6]

En este sentido, se trata el proceso de intercambio de las mercancías, delineando que el valor de cambio de una mercancía radica en el valor de uso de la otra mercancía y viceversa. Sin embargo, sólo se le puede llamar mercancía en movimiento en el momento en que ésta se encuentra “en-relación-con”. Además en la sociedad capitalista, la mercancía solamente es producida como mercancía: “como ente portador de un valor de cambio. Pero el valor de cambio sólo se actualiza, se revela, cuando se opone a otra mercancía y es vendido, cambiado, por el valor de uso de la otra”.[7] Por lo cual, cuando la mercancía entra en la relación del sujeto social que intercambia con otro sujeto, ésta adquiere un segundo uso de su valor de uso. El dinero, de esta forma se devela como un objeto o instrumento, que permite dicha relación entre sujetos sociales, generando así la circulación.

El Dinero como Mercancía Absoluta

Sin embargo, hay que especificar que el dinero en Marx tiene tres determinaciones formales: “la de ser medida de valor, ser patrón de medida de los precios, y ser dinero de cuenta. En cuarto lugar, aunque ascendiendo a un nivel más concreto, el ser medio de circulación”.[8] Entonces, el paso de la mercancía al dinero se debe realizar en una equidad de valor de cambio, en el proceso del intercambio. Por tal motivo, Marx expresa que el dinero (oro) sirve como medida del valor de cambio de la mercancía, dándole a ésta un determinado precio, que al igual puede establecerse en la relación con el mercado mismo, en el intercambio, con el comprador o en el proceso de oferta y demanda.

Del mismo modo, se habla de una metamorfosis de la mercancía en dinero dentro de un proceso de circulación. Por ejemplo, un vendedor de manzanas ofrece su producto para cambiarlo por dinero, y éste puede serle útil para cambiarlo por más mercancía (más manzanas). Así pues, nos damos cuenta, que el dinero permite un proceso de circulación: mercancía igual a dinero y al igual a la inversa. El sujeto en este sentido es un ser que produce, intercambia y consume mercancía.

No obstante, se señala que el oro, ha pasado un proceso histórico en el cual, se ha transformado de “patrón de medida” a “peso metálico efectivo”, y a la vez, en dinero de cuenta y en moneda, si bien el primero indica una medida ideal o imaginaria, en cambio, la moneda se presenta como una unidad real.

Por último, Dussel aborda a Marx, especificando el significado de atesoramiento. Para esto, pone en claro que Marx, ve al dinero como dinero, es decir, un medio de compra y un medio de pago, por tanto el dinero se presenta como una mercancía absoluta, el cual permite el proceso de circulación, luego, cuando el dinero se paraliza, es decir, “cuando se retira de la circulación de mercancía-dinero (oro) y se lo recoge como valor-en-sí, se transforma en tesoro”.[9] Y es así, como dice Marx que el oro se fetichiza, el humano mismo convierte el dinero (oro) en deidad, sacrificando su vida para obtenerlo y acrecentarlo.

Bibliografía

Enrique Dussel, Hacia un Marx desconocido: Un comentario de los manuscritos del 61 – 63, México, Ed. Siglo XXI, 1988, pp. 13 – 53.

[1] Enrique Dussel, Hacia un Marx desconocido: Un comentario de los manuscritos del 61 – 63, México, Ed. Siglo XXI, 1988, p. 13.

[2] Cfr. Ibid., p. 21.

[3] Idem

[4] Cfr. Ibid., p. 27.

[5] Ibid., p. 28

[6] Cfr. Ibid., p. 31.

[7] Ibid., p. 34.

[8] Ibid., p. 41.

[9] Ibid., p. 48.